RAFAEL LÓPEZ: Crítica al cine franquista.

Seguramente quienes siguen este magno Blog de Don César Bakken Tristán se sorprenderán del título de mi artículo de hoy, conociendo las loas y estupendos monográficos que he dedicado, en los dos últimos años, al cine franquista.
Sin embargo, creo que la crítica fundamentada resulta siempre de utilidad porque, además de separar la paja del grano, nos permite afinar la valoración respecto de la calidad de los contenidos cinematográficos de aquellos venturosos años.
Es incuestionable la feracidad y potencia de buena parte de las películas franquistas de los años 40 y 50. Opacan, sobradamente, todas las producciones realizadas con posterioridad y ya ni les cuento respecto de esa tenebrosa etapa de la “democracia que nos hemos dado”. De todos modos hay que reconocer que en aquellos años (me refiero a los 40 y 50) también se realizaron obras mediocres, por no decir malas, con infumables argumentos costumbristas de bandoleros y gitanos, así como desacertadas recreaciones históricas.
La exaltación patriótica se encuentra con un mensaje más rotundo y certero en obras de sobrada solvencia como “Rojo y negro” de Carlos Arévalo, del año 1942, que sin embargo el régimen despreció por su excesiva filiación falangista. Obras más beneficiadas por el régimen devienen en producciones defectuosas e histriónicas por su maniqueísmo y simpleza.
Directores tan valorados y queridos por mi, como el gran Rafael Gil o el estupendo José Luis Sáenz de Heredia, se embarcaron en algunos pocos proyectos que no hay por donde cogerlos. Además, Ellos y otros grandes directores tuvieron, para mi, el desacierto de dejar el peso principal, en algunas de sus producciones, en actores cuya negativa presencia hundía toda posibilidad de que aquello pudiera tener un atisbo de lucimiento. Ya he comentado, en estos lares, la nefasta presencia en muchas obras de aquellos años de fernando rey y fernando fernán gómez. Este último resulta especialmente lacerante por cuanto fue un “subversivo” toca cojones que se harto de hacer cine en aquellos años, para luego “reconvertirse” y ser vanagloriado por las hordas artísticas del rojerio patrio.

Leía el otro día que se realizaba un homenaje al modisto Jean Louis, creador de los vestidos de Rita Hayworth en “Gilda”. Al respecto sólo puedo decir que es todo un acierto ese merecido homenaje. Esos vestidos, auténticos iconos cinematográficos, unidos a su portadora forman parte de la nobleza del séptimo arte. Sin embargo, en España, las producciones franquistas de los 50 también contaron con rutilantes aportaciones de grandes modistos, así el turolense Pertegaz diseñó y creó el vestuario de Amparo Rivelles para las películas “De mujer a mujer” de Luis Lucia del año 50 y en “Alba de América” de Juan de Orduña del 51. Es decir tuvieron unas colaboraciones, en el aspecto de vestuario, con lo mejor de lo mejor.
Para un maño mediosordo, me resulta pudoroso comentar el tema de las bandas sonoras y canciones insertas en las películas. Pero desde mi sordera ya endémica, y ausencia de conocimientos musicales, hay que reconocer las aportaciones de grandes maestros y autores que coadyuvaron, con su talento, en la música de grandes películas de la época. Una cinta musical como “Teatro Apolo” de Rafael Gil, del año 50, con el charro cantor Jorge Negrete es un magnifico exponente de lo que estoy argumentando.
Esas colaboraciones descritas anteriormente se mantuvieron, en algunos casos, en el tardofranquismo. Pero el problema de esos años es que los argumentos languidecieron en tramas sin nervio, cuando no profundamente decadentes. Podría resumirlo en una España que progresaba económicamente pero se hundía culturalmente.
Toda esta exposición que, por su brevedad, se acoge a cierta generalidad de conceptos, puede ser rebatida con las consabidas excepciones, que también las hay. Sin embargo, me tengo que reafirmar en que, como marco para entender los 40 años del cine franquista, las premisas son las correctas.
Por último, me resulta triste que muchas películas de aquellos años no estén accesibles. Y no solo hablo de esa siniestra televisión “pública” que pagamos todos y que nadie ve a excepción de los acólitos progres y que jamás programa esas cintas, sino de la plataforma televisiva que cuenta con el mayor fondo de armario de películas españolas, pero cuyo catalogo se centra, precisamente, en los vacuos años del desarrollismo.
Es cierto que por internet se encuentra algo, pero con unas calidades de imagen y sonido que sólo animan a los pertinaces devotos como yo.
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