ARTÍCULO: El país de la ética rota.
O tal vez seamos el país de la ética perfecta, es decir, la reflexión positiva de las normas morales bajo las que vivimos. Tal vez me haya vuelto un antropoide deprimido y deprimente sin atisbo de lo que fui durante décadas, en este mismo país. No, de eso nada. El autoengaño no va conmigo. Mi patria ha sido destruida por los sempiternos traidores autóctonos.

Han ganado. Han destruido todo lo que mis ancestros pudieron construir derrotando a los suyos. El mal siempre triunfa, entre animales de todo tipo. ¡Si hasta al bicho ese llamado Bamby le mataron a la madre! Han asesinado al intelecto, a la moral, a la espiritualidad, al raciocinio. Sobrevivimos por mera inercia gallarda y gracias a lo que nuestros ancestros construyeron. Sobrevivimos entre los escombros de nuestra civilización.
¿Cómo han podido destruir todo, en tan poquísimo tiempo?
Es más, ¿cómo podemos estar hoy mucho mejor que mañana?
¿Cuándo acabará esta pesadilla forjada en los sueños rotos?
No hay mayor dolor que la traición de tus, otrora, seres queridos. La enfermedad mental legislada y, por lo tanto, imperativa. El aborto, por poner el peor de los ejemplos, es loable porque es legal y, por lo tanto, necesario, perseguible y defendido. En cualquier caso, y que Dios me perdone, actualmente me parece la mejor opción, porque vivir en Espena, no siendo un hijo de puta, es imposible. Y no creo que ninguno de nosotros quiera parir hijos de puta.
Desde que supe como se hacían los niños decidí follar con anticonceptivos o arriesgarme por el descontrol de mi sicalipsis.
Siempre reflexioné que jamás tendría descendencia, de manera voluntaria. Por 2 motivos: uno material, ya que mi forma de vida es incompatible con el dinero y sin dinero no se debe traer prole. Otro espiritual, ya que no soy capaz de traer al mundo a una persona que sé que morirá. Porque si esa persona no hereda mi don de la ubicuidad interDimensional (o no cree en ella, que viene a ser lo mismo), ha nacido para morir. Es una suerte de asesinato. Y yo jamás mataré a un ser querido. A los otros, ponedlos en fila.
Pero lo de ahora es absolutamente insostenible. Traer vida a esta Tierra actual es un delito de lesa humanidad. No se me ocurre mayor psicopatía que 9 meses de embarazo voluntario. Es como si las vacas parieran terneros para que nosotros nos hagamos filetes empanados.
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