RAFAEL LÓPEZ: (cine)»El peñón de las ánimas».

Para esta cuarta entrega, de este sucinto periplo mejicano de mis últimos artículos, les ofrezco un peliculón, un poderoso drama romántico con un final tremendo.

Recordarán los lectores que, hace unos días, recomendé la película “Carmen la de Ronda” con ese portentoso trío amoroso compuesto por Sara Montiel, Jorge Mistral y Maurice Ronet, un elenco de primerísimo orden. En esta ocasión mi recomendación norteamericana (Méjico es un país de América del Norte y los lectores de este magno Blog sé que lo saben, pero no se pueden hacer una idea de lo averiado que está, por ahí, el ganaó en materia de geografía) no le va a la zaga, estamos hablando de la imponente María Félix (María Ángela), el charro cantor Jorge Negrete (Fernando) y de René Cardona (Manuel) ¡un auténtico lujo!

Es una cinta del año 1943 con una calidad de imagen y sonido notabilísima dada su edad. La trama gira sobre dos familias enfrentadas y una mujer amada por los vástagos de las mismas. Lamento que el enlace esté sojuzgado por esa nefasta y moderna gangrena que supone incluir innecesarios y grotescos subtítulos a los diálogos (en uno escriben Bécquer con k, ¡manda cojones!). Como es habitual en las películas de aquellas latitudes, y contando con la presencia del señor Negrete ¡qué les voy a contar!, aparecen, en esta ocasión, sólo tres canciones, entre las que se encuentran las emblemáticas “Yo soy mejicano” y “Los altos de Jalisco”. La banda sonora tampoco le va a la zaga.

Si el final de “Carmen la de Ronda” es épico y consigue poner los pelos de punta al más insensible de los seres, la película de hoy supone otro hito en cuanto a un final emocionante, pleno de intensidad. Siempre me califico de gruñón pero el abuelo de la protagonista es un profesional en la materia: intolerante, egoísta, miserable, soberbio y malcarado hasta el aborrecimiento. Prefiere asesinar a su nieta antes de permitir que se case con el descendiente de la familia rival, que, además, nunca tuvo sangre en sus manos.

Los dos enamorados, en ese final sublime, se arrodillan junto a María Ángela herida de muerte, quien, en su último suspiro, los nombra a los dos. Cuando muere, Manuel le espeta a Fernando “¡No la toque!, en vida lo prefirió a usted pero muerta es mía”. Entonces hay un duelo a pistola en el que Fernando se deja matar, al carecer de anhelo vital alguno tras la muerte de su amada, agradeciendo a Manuel que así lo hiciera. Manuel coge a María Ángela entre sus brazos para encaminarse al Peñón de las ánimas donde, juntos, se tiran al vacío.

Un final sobrecogedor y de una intensidad dramática al alcance sólo de los elegidos.

En fin, podría contarles más cosas de esta estupendísima película, pero como casi nadie me lee, prefiero que dediquen su tiempo a este bálsamo espiritual y visual.

3 respuestas to “RAFAEL LÓPEZ: (cine)»El peñón de las ánimas».”

  1. ¡Olé ese final! Sobre todo por se la primera película, y en dicha secuencia final, donde aparece una gran composición orquestal de Rachmaninoff: Variación XVIII (Andante cantabile) de su pieza Rapsodia sobre un tema de Paganini, Op. 43.
    Conocí este tema, para piano, en la gran comedia «Atrapado en el tiempo» (1993), pero es esta cinta mexicana (sí, con equis, maño gruñón) la primera donde se utilizó, aunque con orquesta.

    • Avatar de Rafael López
      Rafael López Says:

      Querido Don César:

      Esa entrañable disputa entre la «j» y la «x» perdudará mientras vivamos, jajaja.

      A los lectores del Blog les notifico que gracias a las constantes y feraces preocupaciones de Don César por mis lagunas cibernéticas, consiguió, hace un par de días, la clave para evitar esos incomodos subtitutlos en español de los que me he ido quejando ultimamente.

      La clave está en que cuando se accede al video (sea del tipo que sea), aparece en algún lado de la pantalla o tableta un icono en forma de rueda dentada. Pulsándolo se abren unas pestañas, una de las cuales pone Subtitulos, sencillamente seleccionen la opción de «Sin subtitulos».

      Un abrazo,

  2. Salvo para los que sean sordos enteros, no medio sordos como usted, don Rafael…

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