ARTÍCULO: Oscar Wilde desenmascara a los matasanos y a Farmafia

De nuevo, “La importancia de llamarse Ernesto”. Ayer escribí como anticipó la PLANDEMIA (ver aquí),y hoy os muestro como destripa a matasanos y farmafia, y con humor, ojo, que cabreados (casi) cualquiera puede hacerlo, pese a que la inmensa mayoría no sepa ni de qué va este cuento. Transcribo:
“(…)
ARCHIBALDO. – (…). Los médicos dictaminaron que Bunbury no podía vivir… así que Bunbury se murió.
LADY BRACKNELL. – Me parece que ha pecado de exceso de confianza en la opinión de los médicos. Pero, en fin, menos mal que tuvo un rasgo de firmeza y se decidió a acabar con todas aquellas indecisiones, siguiendo una orden facultativa. (…)”
Así es, queridos niños, lo que digan los galenos y farmacéuticos va a misa. ¿O no? De vosotros depende que la yatrogenia (*) siga campando a sus anchas, que Farmafia siga amasando millones a costa de vuestro bolsillo y, sobre todo, vuestra (mala) salud. De vosotros depende que el Síndrome de Munchausen (*) impere y que el síndrome de Estocolmo (*) domine el orbe, y que el síndrome de Procusto (*) siga castigando a los que no somos covidiotas, a los que –pese a todo y a todos – amamos la vida (*).
(*) yatrogenia
Tb. iatrogenia.
Del gr. ἰατρός iatrós ‘médico1‘ y -genia.
1. f. Med. Alteración, especialmente negativa, del estado del paciente producida por el médico.
(*) Es una enfermedad mental y una forma de maltrato infantil. El cuidador del niño, con frecuencia la madre, inventa síntomas falsos o provoca síntomas reales para que parezca que el niño está enfermo.
(*)El síndrome de Estocolmo es una reacción psicológica en la que la víctima de un secuestro o retención en contra de su voluntad desarrolla una relación de complicidad y un fuerte vínculo afectivo1 con su captor.
(*) incapacidad para reconocer como válidas ideas de otros, el miedo a ser superado profesional o personalmente por otros, la envidia… todo ello nos puede llevar a eludir responsabilidades, tomar malas decisiones y frenar las iniciativas, aportaciones e ideas de aquellos que pueden dejarnos en evidencia.
(*)
marzo 16, 2021 a 1:09 pm
El famoso «síndrome de Estocolmo»:
El atracador era joven, guapo y apuesto, entre los rehenes había alguna mujer, joven, guapa y apuesta, que se quedó prendada del atracador (repito) joven, guapo y apuesto.
Eso fué todo. 🙂
marzo 16, 2021 a 1:22 pm
¡Muy bien, César! educando, que es el mejor método para que las personas tengan autonomía del pensamiento y conciencias críticas.
marzo 16, 2021 a 1:31 pm
Rafael, me temo que en este país llevamos 45 años de malísima educación. Y eso es un periodo demasiado amplio como para volver a tener una sociedad bien educada. El daño dela memocracia es irreversible y avanza con paso muy firme calzando botas de 7 leguas.
marzo 16, 2021 a 6:38 pm
Así es César, pero un «maldito» no debe resignarse jamás, aunque esté solo.
marzo 26, 2021 a 12:23 pm
[…] hace unos días os enseñé que Oscar Wilde vaticinó la plandemia y desenmascaró a matasanos y Farmafia; ahora le toca al gabacho. Colosales transcripciones os he mostrado (obviamente, cambiad […]