
De nuevo, “La importancia de llamarse Ernesto”. Ayer escribí como anticipó la PLANDEMIA (ver aquí),y hoy os muestro como destripa a matasanos y farmafia, y con humor, ojo, que cabreados (casi) cualquiera puede hacerlo, pese a que la inmensa mayoría no sepa ni de qué va este cuento. Transcribo:
“(…)
ARCHIBALDO. – (…). Los médicos dictaminaron que Bunbury no podía vivir… así que Bunbury se murió.
LADY BRACKNELL. – Me parece que ha pecado de exceso de confianza en la opinión de los médicos. Pero, en fin, menos mal que tuvo un rasgo de firmeza y se decidió a acabar con todas aquellas indecisiones, siguiendo una orden facultativa. (…)”
Así es, queridos niños, lo que digan los galenos y farmacéuticos va a misa. ¿O no? De vosotros depende que la yatrogenia (*) siga campando a sus anchas, que Farmafia siga amasando millones a costa de vuestro bolsillo y, sobre todo, vuestra (mala) salud. De vosotros depende que el Síndrome de Munchausen (*) impere y que el síndrome de Estocolmo (*) domine el orbe, y que el síndrome de Procusto (*) siga castigando a los que no somos covidiotas, a los que –pese a todo y a todos – amamos la vida (*).
(*) yatrogenia
Tb. iatrogenia.
Del gr. ἰατρός iatrós ‘médico1‘ y -genia.
1. f. Med. Alteración, especialmente negativa, del estado del paciente producida por el médico.
(*) Es una enfermedad mental y una forma de maltrato infantil. El cuidador del niño, con frecuencia la madre, inventa síntomas falsos o provoca síntomas reales para que parezca que el niño está enfermo.
(*)El síndrome de Estocolmo es una reacción psicológica en la que la víctima de un secuestro o retención en contra de su voluntad desarrolla una relación de complicidad y un fuerte vínculo afectivo1 con su captor.
(*) incapacidad para reconocer como válidas ideas de otros, el miedo a ser superado profesional o personalmente por otros, la envidia… todo ello nos puede llevar a eludir responsabilidades, tomar malas decisiones y frenar las iniciativas, aportaciones e ideas de aquellos que pueden dejarnos en evidencia.
(*)