RAFAEL LÓPEZ: Asintomática vida cerebral en la era de la imbecilidad.

A mis cuasi doce lustros de existencia, siempre he dado por hecho el natural, e indisoluble, vínculo entre síntomas y enfermedad. Pero como mi fuerte no es el mundo de los galenos y sus asuntos, voy a realizar una analogía que sí conozco muy bien, y, salvando las distancias, creo que resulta bastante acertada. Me voy a referir a las averías telefónicas, en concreto ésas que, cuando vas a la casa del cliente, el equipo y la línea funcionan correctamente. Verificas ambos y no observas presencia alguna de ruidos, puedes recibir, y emitir, llamadas sin problemas, en fin un funcionamiento sin ningún tipo de anomalía técnica, y aunque te hartes de hacer pruebas, todas tienen el común denominador de ratificar ese diagnóstico, incluso había un acrónimo, para cuando franqueabas el aviso de la avería, H.P.B. (Hechas Pruebas Bien). En algunas ocasiones a la media hora, de irte del domicilio del cliente, te volvían a pasar el número de teléfono como averiado, y era entonces, probablemente, cuando conseguías detectar una tierra, un mal aislamiento, un cruce en una grapa, o alguna incidencia en el propio terminal, en fin el síntoma técnico que te permitía identificar el problema, y actuar en consecuencia, para resolverlo.

La introducción del concepto de asintomatismo dentro del lenguaje, a raíz de la plandemia, es una de las más siniestras contribuciones del globalismo a la machacona depauperación del intelecto en la, ya muy desmejorada, especie humana. ¡Y hay que ver el éxito obtenido con esa falaz ideica!

Reitero que yo de medicina no se casi nada (sólo de la parte como paciente), pero entiendo que un médico busca detectar los síntomas, para identificar el origen, y el tipo de enfermedad que sufre el paciente. La auscultación, las cada vez más complejas analíticas, y las supersofisticadas pruebas médicas conforman un bagaje informativo, muy completo, con el que puedan detectar, e identificar, la enfermedad, y proponer el tratamiento, cirugía, o terapia, más idóneos para paliarla, corregirla o eliminarla.

Eso era así hasta hace dos años, porque, ahora, el vulgo habla de asintomáticos (incluso en primera persona) con una naturalidad que acojona, dando por buena esa desquiciada asociación entre estar enfermo y no tener síntomas. Digo yo que, si no te pasa nada, estarás sano, o al menos el concepto de salud que habíamos conocido hasta hace poco.

Sé que, en el fondo, van a tener escaso eco éstas reflexiones telefonicomédicas, porque el éxito logrado, por éstos malnacidos globalistas, con la lobotomización de la sociedad española, en éste y otros asuntos, ha sido, grotescamente, mayoritario.

Ampro (es un baturrismo), una vez más, un equipo informático después del, para mí, necesario retiro bloguero, con ocasión de la Cuaresma y la Semana Santa (en atención al tirano le enviaré éste artículo, como felicitación restañera, para que se publique en la fecha que Él considere oportuna), para exponerles dos pequeños detalles del nivel de oligofrenia, sectarismo, e indigencia intelectual, que, con sobreabundancia insultante, se pueden observar, a diario, en las redes suciales, o en los medios de embrutecimiento social (los relatos o hechos, en cuestión, sucedieron hace un par de meses y son de contenido político y social).

Hay una canción de Cecilia, titulada «Dama, dama», que tiene, en parte de su letra, unas estrofas que vienen a decir, más o menos, «es el niño en el bautizo, la novia en la boda y el muerto en el entierro». Esa letra la asocié con la anécdota que les voy a relatar, a continuación, porque ejemplifica el nivel de incoherencia, e imbecilidad, de la castuza política que ha esquilmado España, desde que murió Franco. En este caso, se trata de ésa partida de emasculados, y traidores, del Partido Pútrido, más conocido cómo PP. Resulta que un podemita desorejado (disculpenme por la innecesaria adjetivacion), que debe estar en las Cortes de Aragón o en el Ayuntamiento de Zaragoza (ni lo sé, ni me importa), en una intervención parlamentaria, se estaba dirigiendo a los peperos maños (iba a decir aragoneses, pero cierto carnuzo pancatalanista, que ostenta un cargo público inmerecido, ha profanado, con la concurrencia semántica de su apellido, el término, y trato de evitarlo como a la peste negra), aproximadamente, de la siguiente manera: «ustedes son feroces defensores del trasvase del Ebro en Murcia, mientras que aquí defienden, justamente, lo contrario, por lo menos los de VOX son coherentes, y dicen lo mismo en todos lados».

Esa réplica parlamentaria casi me enterneció al poner de manifiesto que, con las escasísimas células grises operativas de estos malnacidos, y en las restringidísimas décimas de segundo en las que las tienen operativas, obtienen unos puntualísimos, e inauditos, instantes de lucidez. En efecto resulta hipócrita que un partido, que se autoproclama nacional y acusa de populistas a otros, sea, en realidad, el adalid del populismo más chusco, al ahormar sus discursos, al gusto de los papanatas de sus votantes. Sé que éso lo hacen, en mayor o menor medida, casi todos, pero la generalización del pecado nunca lo convertirá en virtud.

En fin, ése estar en todos sitios queriendo ser la reina de la fiesta me hizo evocar la canción de marras. No es que el resto de partidos estén para echar cohetes, pero es que, hasta, los repugnantes socialcomunistas y secesionistas demuestran unos niveles de incoherencia, ligeramente, menos burdos que los peperos del centro centrado reformista de la nada más absoluta, aunque ello no minimice sus criminales intenciones, siempre tan consustanciales a sus siniestras ideologías.

También, hace un par de meses, por los tuiteros lares, vi un vídeo estremecedor: resulta que una joven estadounidense, de unos 15 años más o menos, estaba en clase, con sus compañeros, en presencia de una desorejada política socialcomunista de dicho país, creo que se llama Alejandra Ocasio Cortez, o algo así, aunque es, mayormente, conocida por su acrónimo AOC, que nada tiene que ver con el AOC (Appellation d’origine contrôlée) utilizado en Francia para identificar a los caldos, con la denominación de origen de más alta calidad, en el hexágono. Bueno la cuestión es que ésa joven desquiciada auguraba el fin del mundo en unos pocos meses, por el dichoso dióxido de carbono, que emitimos los humanos, y otras mamarrachadas climáticas. Para evitarlo, ésta criatura antropomorfa exclamaba, con febril vehemencia, que había que comerse a los recién nacidos (tal como lo leen). No había visto nada tan repugnante en mucho tiempo, pero lo más repulsivo fue que mientras ésa desquiciada exhortaba, a sus compañeros de clase, a realizar antropofágicas merendolas con los recién nacidos, la malnacida política de turno, culpable, por su nauseabundo y globalista adoctrinamiento, miraba complacida por el excelente resultado obtenido con su criminal ingeniería social.

Pero aún hay más, porque ésta indigente intelectual, y moral, de Ocasio Cortez se identifica cómo católica. Desconozco quién le ha dado las nociones sobre lo que es el catolicismo, y las enseñanzas del Nazareno, pero alumbro que ha debido ser algún íncubo disfrazado de catequista. No sé si tuvo, o no, comercio carnal con la susodicha, pero sí es evidente que le proporciono una pustulosa, e hipócrita, base dogmática luciferina, potentísimo elemento coadyuvador de sus siniestras, y desquiciadas, estupideces globalistas.

Tanto a la adoctrinadora, como la adoctrinada, y toda la patulea de escorias bípedas que comulgan con semejantes aberraciones, se les deberían de aplicar, con carácter de urgencia, las sanguinarias terapias que promueven con tanto ahínco (en su caso, en vez de asesinar a inocentes, tendrían la benéfica ratio de eliminar alimañas antropomorfas).

Cómo siempre confío en las aportaciones de los lectores para que, a través de sus comentarios, enriquezcan, y discutan, sobre las cuestiones planteadas.

Adiós

P.D.: ¡Redios!, hagan algo positivo y feliciten por su restaños al cómitre de ésta estarranclada balsa de náufragos.

Dejen de vampirizar los contenidos del blog, sin antes haber tenido un mínimo detalle hacia su creador, mantenedor, dinamizador, coadyuvador, fornicador, e incluso CEO (no sé lo que significa el acrónimo de marras, pero me parece tremendamente cursi y gilipollas su uso, un síntoma sintomático de éstos tiempos de tribulación)

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