RAFAEL LÓPEZ: ¿Y usted de qué televisión dice que es?

La sociedad española está viviendo una pequeña catarsis, ¡de momento!, porque al paso que vamos augura una mucho mayor, e infinitamente más preocupante. Un ejemplo de esta afirmación es un detalle que observé en la manifestación, en Madrid, del domingo 21 de marzo, que había sido convocada en defensa del campo (agricultura, ganadería, pesca caza, tauromaquia, etc.), y en contra de las globalistas y desquiciadas leyes animalistas, amén de las ruinosas condiciones económicas a las que está sometido ése sector, mucho más principal que primario.

Ése día estaba viendo El Toro TV, y habían enviado a una reportera al Paseo de la Castellana para cubrir el evento. Le debieron dar instrucciones para que pulsara el sentir de los manifestantes, y ésa intrépida joven se acercó a un tractor para preguntarles: ¿ustedes por qué están aquí? (o algo así). Realmente mi opinión sobre la pastueña castuza periodística no es muy favorable, pero incluso entre los menos malos les encargan cada estupidez, porque preguntar obviedades lo es. La cuestión es que la persona interpelada le hizo repetir la pregunta, un par de veces, porque no la oía bien con el ruido ambiental, y a la cuarta vez, consultó con el compañero que iba conduciendo el tractor, y le espetó a la reportera: ¿y usted de que televisión dice que es?

Me enterneció la actitud del labrador. Hace años una respuesta así no se hubiese producido, ni con el más resabiado de los hombres del campo, pero, en estos tiempos de tribulación y miserias, el personal se ha vuelto, a base de hostias, muy refractario a dar opiniones a cualquiera, y ha perdido, por decirlo de alguna manera, su inocencia y bondad natural. Entiendo ésta regresión en el carácter de los españoles como una prevención, cuasi una legítima defensa, y eso es algo que me parece necesario, en los tiempos que corren, aunque sea una triste manifestación de evolución-involución. Sí, evolución porque pone de manifiesto que, aunque tarde y a las malas, van aprendiendo qué no se debe ser condescendiente con quién no lo merece (en éste caso la joven no tenía culpa, pero el hartazgo lleva a tratar con dureza a todos, tirios y troyanos); e involución, por lo que supone de cierto maleamiento del personal, desterrando del individuo la natural cordialidad hacia el prójimo.

Al fin y al cabo, éstas actitudes, no dejan de ser la inevitable reacción ante los grotescos, y zafios, manejos de los medios de desinformación y adoctrinamiento, que a base de zaherir a sus, demasiado, pacientes televidentes y lectores, éstos, al final, han acabado por medir y valorar, mucho mejor, a quien brindan sus opiniones.

Los malditos que escribimos en éste blog mostramos nuestras verdades, diría que, sin apenas, pudor, sin embargo, hace cosa de un año, me llamaron por teléfono para realizarme una encuesta de contenido político, y yo le pregunté al encuestador: ¿y a usted quién le paga? Cómo la respuesta no me fue satisfactoria, muy educadamente les dije que buscará a algún papanatas despistado, y sí quería conocer lo que pienso, y mis posicionamientos en materia de política, que visitara el blog. Este comportamiento no lo hubiese tenido hace un lustro, se les aseguro.

El hombre del campo tiene en su naturaleza la naturalidad y la sencillez, aunque también algo de pícara retranca. Para terminar mi artículo les contaré una divertida anécdota que ejemplifica el carácter del ‘hommo rusticus’: resulta que iba un urbanita, de estos a los que le gusta el senderismo, por unas rutas pedestres del Teruel profundo (que lo es todo, la verdad), cuando se encuentra con un pastor, produciéndose el siguiente diálogo:

¿Falta mucho para La Hoz de la Vieja?

– (¡vaya mula que está hecho éste! ¡Ni siquiera saludar sabe!, pensó para sí mismo el pastor, pero a pesar de tan aciago encontronazo, le respondió) ¡ande!, ¡ande! (al mismo tiempo que le hacía gestos, con el brazo, para que continuase por el camino que llevaba)

– (el senderista pensó: ¡qué tío más raro!, éste paleto es más tonto que las azarollas, y volvió a insistir) ¿le preguntaba sí falta mucho para La Hoz de la Vieja?

– (el pastor, ahora, con voz más severa) ¡ANDE!, ¡ANDE! (mientras repetía, aún más enérgicamente, los gestos del brazo para que continuase su camino)

– (el senderista vio que el pastor llevaba un garrote, y ¡además porrudo!, se acordó, al instante, de la mítica frase del presidente estadounidense Teodoro Roosevelt «habla bajo y lleva un buen garrote», y cómo el pastor ya, en ésa segunda ocasión, se había dirigido a él elevando la voz y con un tono muy poco amistoso, decidió seguir el camino que llevaba, por si acaso, mientras se decía ¡Redios!, ¡qué mala suerte!, he debido coger al tonto del pueblo).

– Había andado una veintena de metros, cuando escuchó al pastor, con voz áspera ¡OIGA!

– Se dijo a sí mismo ¿qué querrá éste cabrón ahora?, pero aun así se giró, y entonces el pastor le dijo ¡A ESE PASO, EN VEINTICINCO MINUTOS LLEGARÁ A LA HOZ DE LA VIEJA!

Adiós

P.D.: evocar cosas de tu tierra es lo que tiene, empiezas y no sabes cuándo, ni de qué manera, acabar. Pero como no estoy dispuesto a regalarles más letras, me despido, de la mejor manera que un mañico puede despedirse: con una jota.

Es la gradísima Conchita Pueyo, en una interpretación de primerísimo nivel, y gran sentimiento, “Como los copos de nieve”. Sencillamente ¡SUBLIME!, auténtica gloria para los oídos, condensada en un par de minuticos.

Re-P.D.: siento enturbiar el artículo, pero ojalá, este domingo, Marine Le Pen le de una patada en el tafanario a ése globalitarista cojo de Macron, en las elecciones a Presidente del hexágono.

Requete P.D.: el 20 de abril, el escenario respecto del uso del bozal en los espacios interiores, visto lo que hemos visto y vivido, fue el previsible. Estábamos transitando, mi Esposa, Hija y un servidor, por un centro comercial, cuando nos cruzamos con dos mujeres embozaladas, una de las cuales, al vernos tan joviales y despejados de cara, nos miró, durante un instante, y con gesto desabrido se quitó el bozal, mientras exclamaba “que le den por culo”.

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