RAFAEL LÓPEZ: Sin título (los tres, o cuatro, extravagantes que lo lean, pueden indicarme, en la opción de Comentarios, el que a ustedes les plazca)

Habitualmente suelo iniciar cualquier artículo definiendo su título, el cual utilizo como piedra clave del desarrollo que le acompañará, tratando de configurar un todo, con la suficiente entidad y empaque, cómo para ser digno se ser publicado en este magnífico blog. Ya lo he dicho, habitualmente, porque no va a ser éste un relato, artículo u opinión, cuya génesis provenga del título sino a la inversa. Escribiré sin pensar en esa arraigada rutina personal y ya veremos, después, sí hay, o no, título asignado para mi material.
Los estereotipos son esas cosas raras que se supone parametrizan determinadas conductas, y características, de los colectivos humanos (la crisis de los cuarenta, el tiempo en el que pasas a estar hasta los cojones de vivir en una isla no habiendo nacido en ella, que los aragoneses somos tozudos, cuando se debe tener el primer hijo después de casarse, etc., etc.). Detesto esas burdas etiquetaciones del hombre, tanto por su natura, como en su comportamiento, con las que tratan de colectivizarnos. Considero que suponen una infantiloide aproximación a las naturalezas físicas, y psicológicas, del ser humano y, por lo tanto, las clasifico como memeces absolutamente prescindibles.
Sí actúas con libertad e independencia, rompiendo los paradigmas de la conducta, o de la apariencia, supuestamente debidas de la grey, pasas a ser un espécimen raro. Por el contrario, sí estás dentro de las convencionales pautas, serás admitido como un tipo estándar, de anónima condición, y aunque tu comportamiento mayoritario sea borreguil, e incluso, a veces, irreflexivo y sin conciencia, pasaras a formar parte de los cánones aceptados socialmente.
Desde luego no contemplo en los planteamientos, de éste artículo, las psicopatologías clínicas, porque quienes las padecen presentan unos condicionamientos particulares. En éllos por tratarse de personas que padecen graves trastornos, y enfermedades, mentales la autonomía de sus acciones está sujeta a pulsiones que pueden derivar en comportamientos dañinos para ellos mismos, y para el prójimo. De todos modos, observando el nivel de oligofrenia y psicopatía de la sociedad española, en estos últimos dos años y pico, siempre me asalta la misma pregunta: ¿no es España un gigantesco psiquiátrico?, porque estoy convencido que, en esas instituciones, hay personal más cuerdo que fuera de ellas.

Tampoco incluyo en éste análisis a ésos malnacidos, calificados como antisistema, cuyos siniestros comportamientos se deben, en la mayoría de los casos, a burdos intereses políticos y lucrativos. Su casuística criminal no puede tener acogida en mi hipótesis porque no nace de una sana libertad y autonomía personal, sino de una pútrida inclinación a la violencia contra las personas, o sus propiedades.
Una de las facetas más sublimes del ser humano, y de las que, bien empleada, le puede acercar más a Dios, es la libre elección (libre albedrío), siempre tan ligada a la voluntaria renuncia. Ellas se manifiestan de múltiples maneras, pero pueden acrisolarse en la divina concesión, para que el hombre ejerza su individualidad con total plenitud (en el sentido más noble de libertad y plena autonomía para la acción y el pensamiento). Pero incluso aquellas personas, que no profesan la fe de Jesús, pero ejercen esa poderosa individualidad de forma respetuosa con el prójimo y hacia ellos mismos, no dejándose someter por el vulgo, merecen mi admiración.
Por supuesto que mantener esa actitud personal tiene un elevado coste, porque es mucho más confortable vivir al calor que da la turba. Existen muchos ámbitos en los cuales atemperamos la expresión de nuestra individualidad: el primero, y principal, la familia; pero hay otros como el entorno laboral; el de vecindad, etc. Desde mi punto de vista, estas subordinaciones, unas más naturales que otras, no suponen un menoscabo en nuestra individualidad, sino que son meras manifestaciones de la necesaria adaptabilidad a vivir en sociedad. Sin embargo, quienes se supeditan, por completo, al «qué dirán», lapidando cualquier atisbo de pensamiento propio y de acción autónoma, no pueden contar más que como meros lacayos del sistema y sus conciencias serán debidamente anestesiadas con unas ajustadas dosis del “soma” Huxleyano (porque existen, actualmente, poderosos, e intrigantes, manipuladores e infinitas maneras para distraer y abducir al vulgo)

Hoy estamos más obnoxios que nunca a la imposición del dictado de la masa y su tremenda presión para modular nuestros comportamientos a lo comúnmente aceptable, pero, aún más grave, a una agenda y élites globalistas que ansían alcanzar el último, y virginal, reducto del ser humano: su propia intimidad. Porque durante la historia de la humanidad han existido muchos totalitarismos liberticidas, pero ninguno ha intentado llegar tan lejos como el que nos quieren imponer estos carnuzos del Nuevo Orden Mundial, que a través de los más siniestros mecanismos pretenden controlar nuestro propio organismo y nuestras emociones.
Esta violación de la esfera individual, y privada, del hombre, para convertirlo en una sojuzgada res antropomorfa, lo acerca, terriblemente, a los delirantes objetivos de estos malnacidos globalistas, pero inevitablemente, a su vez, lo alejan de Dios o, cuando menos, de un ideal de dignidad moral para el ser humano. Las frenopatías transhumanistas de las élites globalistas que sólo conciben una estabulación del hombre para su propio beneficio y poder, muestran que es la sublime individualidad (entendida, y ejercida, en su faceta más pura y libérrima), el último resquicio para dignificarnos.
Sirva éste relato como reconocimiento a todas las personas libres, conscientes de sus actos, omisiones y errores, y que apechugan, con entereza, de sus consecuencias derivadas, no dejándose domeñar por las desquiciadas masas, ni por los carceleros, de toda índole, que en el mundo habitan.
Me despediré, de la misma manera que la semana pasada, con una jota, en esta ocasión es la estupenda Regina Trigo con “Madre mía de mi alma”.
La he elegido como homenaje a nuestras Madres, ejemplos imperecederos de amor y dignidad. Y en especial a la del cómitre, a las de los esforzados galeotes de esta balsa de malditos, y a las de los tres, o cuatro, excéntricos que lean este artículo.
Este año el día de la Madre coincide con el siniestro 1 de mayo, aunque me parece una perversión semejante coincidencia, no he querido perder la oportunidad de realizar un humilde recuerdo para quienes nos dieron la vida y mucho más.
abril 29, 2022 a 10:27 am
«NOMo sapiens»
abril 29, 2022 a 2:59 pm
Gracias César por la excelente sugerencia para el título y, como siempre, por el enriquecedor acompañamiento que suponen las imágenes seleccionadas.
Un abrazo,
abril 29, 2022 a 9:54 pm
Lamentable la pasividad comentaril de los lectores del blog, y más teniendo en cuenta que sus madres hubiesen quedado incluidas, y reconocidas, por mi humilde homenaje.
Como dice una famosísima canción mejicana que ya traje por estos lares, hace más de un año, «me juraste por tu madre / si a tu madre no respetas / que me puedo yo esperar».
Realmente les digo que sí no fuese por la generosidad, estimulo y afecto de don César, y la inmerecida cordialidad de mis Compañeros galeotes, ustedes no leerían mis letras juntadas, Éllos, sí (seguiría escribiendo pero sólo para los más nobles paladares)
abril 29, 2022 a 10:07 pm
Por suerte, o por desgracia, la vida (perdón, la cibervida) ofrece 1.001 ocasiones al día para comentar ,y etc. de interactuaciones, a los que manejan estos dispositivos. Aunque nadie comente, tenemos muchos lectores. Bueno, perdón, tenemos visionadores… que no sé si lo leen… pero figuran como visionados, vistas y etc. Pero no el BLOG, sino en Telegram, facefuck y otros lares que, no sé por qué, no repercuten en este BLOG, pues el enlace es el mismo pero lo «visionan» desde otros lares.
Don Rafael, hay demasiada ciberoferta para comentar de manera rapidísima, con echorricones incluso. No le pida usted a los espectadores que pierdan 1 minuto en entrar a algo del pleistoceno como es este BLOG. La calidad es lo de menos… es la facilidad de comentar e interactuar lo que importa ahora. La gente prefiere dar 439 «me gusta» a algo ajeno a ellos que participar comentando con los autores de algo cercano a ellos.
abril 30, 2022 a 7:23 am
Lo sé, César, pero no me resigno.
He abundando, en más de una ocasión, sobre esta incuria de los lectores, pero cada vez me enerva más, porque luego son los que más se quejan de todo, siguiendo un símil ganadero «son como puercos mal cenaos».
Las nuevas tecnologías ofrecen soluciones facilonas para los papanatas, intuyo que con la finalidad de que se crean alguien. Pero ésos seres, incapaces de llevar sus manifestaciones u opiniones más allá de una virtual adhesión o un estúpido chorraticono, deberían recordar aquella cita creo que de cierta autora estadounidense «de joven deseaba ser alguien, ahora me arrepiento de no hacer sido más selectiva», porque alguien somos todos, turba anónima sin más regocijo que el número de seguidores y cosas por el estilo.
Lo sé, César, pero no me resigno.
abril 30, 2022 a 9:06 am
Hay un fenómeno curioso en todo esto: los lectores / espectadores que pagan por dar su opinión. Debe de ser un tipo nuevo de psicología inversa. Suele darse en lectores «premium» y chorradas así de ser un afiliado de toda la vida, que pagan por leer prensa digital y, algunos, opinan ahí. Pero el fenómeno más curioso lo veo en las plataformas de «creación de contenido audiovisual» como Jewtube o Tuist… donde hay gente que paga una barbaridad por que su frase, sobre un debate casi siempre vacuo, indocto y de salsa rosa, aparezca 5 segundos en pantalla. Hasta 50 pavos y más… (amén de hacer donaciones y hacerse «socios» – patreon lo llaman –)
Es algo muy raro, esa cultura del dinero y creer que lo gratuito está desvirtuado, per sé. Como debe ocurrir con este blog. La cultura siempre ha padecido esto, y nada cambiará. Yo he regalado joyas literarias mías, adquiridas gratis o de segunda mano a precios ínfimos… y no son valoradas por no ser de primera mano, edición de lujo y, digamos, haber costado bastante pasta.
Todo es apariencia, postureo y creer ser parte de algo, por el mero hecho de financiarlo. O comentar artículos (tuister de fresa y chorradas así) de gente famosa y multimillonaria. Esa falsa sensación de trascendencia y pormar parte de algo que, lejos de pertenecerte, te sojuzga.
Un lugar gratuito como el BLOG no es lugar para interactuación del público, aunque muchos se nutran de él, y algunos se lucren con él.
abril 30, 2022 a 12:33 pm
Acertadisimo, César.
Un comentario de primerísimo nivel.