RAFAEL LÓPEZ: Septiembre.

Continuando con el hilo conductor de mi anterior artículo, me referiré, en esta ocasión, al ataque contra la parte más vulnerable de la familia: los hijos.
Aunque no se sea madre o padre (y realizo esta puntualización, de carácter sexual, porque, en este asunto, existe un vínculo maternal, natural y poderoso, insoslayable), cualquier persona con un mínimo de intelecto, humanidad y sentido común, habrá observado las criminales acciones que se vienen cometiendo, desde hace lustros, contra la infancia.
La primera de ellas se produce desde la propia concepción, a través de su asesinato legal, llamado eufemísticamente “interrupción del embarazo”. Esa calificación queda muy aséptica, muy limpia y muy filantrópica pero no lo suficiente como para ocultar que la interrupción de marras es un asesinato en toda regla. Las catervas de cagadas de Satanás (no soy tan indulgente como para concederles el grado de hijos a esta purria antropomorfa “progresista”) regurgitan sus histéricos lemas como el de que la mujer es dueña de su cuerpo y otras memeces por el estilo, tratan de naturalizar dos aberraciones: la primera la deslegitimación de la responsabilidad paterna en la nueva vida y, la segunda y principal, que el asesinato de un inocente nunca debe de ser un método anticonceptivo (que no resulta ser una apreciación correcta, porque la concepción ya se ha materializado). La concepción de un ser humano es algo muy serio y no se puede interrumpir, como cuando das la luz de una estancia -ahora la doy, ahora la quito-, porque supone la destrucción de una vida humana de forma irreversible y sin reemplazo.

Vivimos tiempos oscuros donde las inmaduras y hormonadas relaciones sexuales, sin medidas anticonceptivas, se han generalizado. Esa falta de responsabilidad muestra su más sanguinaria faz cuando se produce el embarazo y se acude a la “inicua” interrupción del mismo (el 60 % de las jóvenes embarazadas, menores de 20 años, aborta y ese porcentaje alcanza el 80 % entre las adolescentes menores de 16 años). Esta actitud pone de manifiesto el respeto que sienten esos fornicadores, sin sesera ni moral, hacia ellos mismos y, muy especialmente, hacia un ser humano inocente de cuya vida son responsables y custodios. Si lo hacen con lo que debería ser su bien más preciado, ¡qué cosas no harán con todo lo demás!
Hay sujetas que llevan múltiples abortos en su falta de conciencia. ¿En qué tipo de repugnante comunidad se educaron para mostrar tan nulo instinto maternal y tal desprecio por la vida de un inocente, que además llevan en su seno? (es una pregunta que no necesita respuesta).
Por otra parte, me producen náuseas que limitadísimas propuestas encaminadas a ofrecer la posibilidad de que las madres escuchen el latido de sus hijos, o verlos en una ecografía de estas modernas, para que puedan repensar la decisión, o no, de abortar, hayan sido extirpadas, cual tumor maligno, por las chusmas roja, tibia, clerical y femihistérica (unos por cobardía mayúscula y los otros por su galopante sectarismo).
Uno de los aspectos más hirientes sobre el aborto es que se ha llegado al paroxismo de que matar, o maltratar, a un animal (seres sintientes según los denomina la estúpida nueva ley de Bienestar Animal, aprobada en marzo del presente año por la caterva de psicópatas que nos expolian y zahieren), tiene más gravamen penal que el asesinato de un ser humano, coadyuvado, para más inri, por quien, por ley natural, debería ser su mayor protectora.

Las cifras de abortos en España son sobrecogedoras. Todos los años, en España, se asesinan a más 100.000 criaturas en el vientre de sus “madrastras”. Siendo esto lo más grave, no hay que menospreciar el infernal y siniestro entramado pro-abortista (clínicas y “matarifes” con título de médico que han convertido el juramento hipocrático en un legajo inmundo de tanto prostituirlo. Centros de atención sanitaria y psicológica para la mujer, asistentes sociales siempre tan vigilantes en el cumplimiento de la criminal agenda de la muerte, etc.), que, nutrido con los impuestos confiscatorios a los que estamos sometidos no tienen reparos, ni escrúpulos, en llevar una vida de opulencia a costa de la vida de los más inocentes (usted puede estar, o no, de acuerdo con el aborto, pero tenga la seguridad de que lo sufraga, al igual que las operaciones de cambio de sexo y una retahíla de más degenerados actos médicos).
Desde que se aprobó la ley del aborto, se han realizado más de dos millones y medio de abortos (2.665.000 según cifras oficiales). En el transcurso de tiempo que usted utilice para leer este artículo se habrá practicado un aborto en España, ¿le parece un dato intrascendente?, el artículo posiblemente lo sea, pero el hecho de matar a un inocente, jamás lo es ni lo será.
Sí despiadado y contra natura es el crimen del aborto, a los niños que nacen les esperan no pocos infiernos en vida. Hace ya unas cuantas semanas (don César se hizo eco en su telegram), vi un repugnante video de una relación pederastica entre un hijo de perra, para quien el averno me parece poco castigo, y una niña. Creo que era ficción, pero en estos casos suelo pensar que la realidad supera, ampliamente, a lo que nos muestran en las vomitivas películas y series televisivas. No eran imágenes aptas para nadie, porque resultan hirientes hasta para un curtido adulto con un mínimo de humanidad, aunque imagino que existen alimañas y degenerados que se lubrifican con semejantes imágenes.
Considero a la pederastia como uno de los mayores crímenes que se pueden cometer y la normalización que se viene llevando a cabo, principalmente a través de toda la escoria mediática, es, si cabe, aún más repugnante.
Observar cómo niños inermes son sodomizados por unos carnuzos que los tratan como meros juguetes sexuales al servicio de sus obscenos deseos, es algo que me produce una repulsión mayúscula. Creo que en la Biblia se menta a Jesús diciendo: “mejor sería que quien haga daño a un niño se ate una piedra de molino al cuello y se tire al mar” (disculpen si no es literal), ¡Poco castigo me parece!

Porque en esta cuestión (y en general, con todo), se trata, en primer lugar, de proteger a nuestros hijos de estos engendros inmundos, para que no tengan ni la ocasión, y en el caso de que ocurran, o intenten, estas aberraciones, pues tratarlos como se merecen, lo mismo que si fueran bombillas (y don César ya me entiende).
Desconozco las causas por las que existen depravados de esta catadura, es algo que, relativamente, me trae sin cuidado. A mí las monsergas de los trastornos psicológicos, las infancias difíciles, etc., en cuestiones de esta naturaleza, me resultan especialmente grotescas y ponzoñosas. Observar, además, los laxos castigos que se aplican a quienes cometen estos crímenes, dice mucho de lo pervertido de la propia legislación penal. Ya anticipo que la prisión permanente revisable me parece una pena excesivamente leve. Creo que la implantación del garrote vil encuentra una de sus mejores justificaciones con alimañas de esta catadura (tanto los que cometen estas aberraciones como aquellos que las alientan y blanquean), porque corromper la inocencia de un niño es algo que no hay especie del reino animal que lo haga.
De cualquier manera, existe un caldo de cultivo que favorece toda la podredumbre moral que padecemos. La universalización de contenidos pornográficos, llevada a cabo por las furcias mediáticas, y la ausencia de toda ética/moral individual y/o social son factores determinantes. Pero el más ignominioso de todos es el adoctrinamiento que se viene realizando, de un tiempo a esta parte, en los colegios, hacia este tipo de prácticas sexuales y otras igual de viciosas.
Mal andábamos en esto de la educación escolar, en primer lugar porque lo que es educar siempre se ha hecho en casa, los chicos deben ir al colegio a instruirse. Lejos de ello, se llevan lustros de un adoctrinamiento taimado en cuestiones ecolojetas y de normalización de un sistema político corrompido, que promueve una locatización de la enseñanza, acorde a las directrices del mentecato de turno que gobierna la Taifa en cuestión. Así, los contenidos en Historia, Geografía, Lengua, etc., quedan mutilados al gusto del sátrapa regional. Sin embargo, lejos de corregir semejantes disparates se ha dado un paso de tuerca más (yo creo que habrán sido una docena, por lo menos), pasando de estos burdos adoctrinamientos a la corrupción de las mentes de los niños para que acepten como algo natural toda clase de degeneraciones sexuales.

Ya, desde aquí, abogo porque los padres puedan disponer de la posibilidad de educar a sus hijos por sus propios medios, sin la obligatoriedad de tener que acudir a esos antros de corrupción, camuflados como centros docentes, donde ni los forman y además les enseñan porquerías.
El intento de normalización del transexualismo, la hipersexualización de las criaturas desde edades tempranísimas y una amplia condescendencia mediática (cine, televisión, etc.), hacia estos comportamientos criminales, han formado un cóctel nauseabundo, cuyo único fin es destruir la inocencia de la infancia.
El resultado final de todo este proceso lo podría resumir, perfectamente, un instructivo video que Don César publicó en su telegram. Es un video de poco más de un minuto, donde inicialmente sale una joven grabándose en grotescos bailes moviendo el culo (perreo, o algo así, creo que lo llaman). La joven debió divulgar en las redes sociales videos suyos de este tipo y por una de aquellas su Padre se enteró. Lejos de mirar para otro lado o tratar, estúpidamente, de “comprender” a su hija, emitió un video sin desperdicio, en el cual la hija pedía perdón por esa falta de respeto hacia ella misma y hacia su Familia. El Padre decía lo buena estudiante que era y, además, que era una buena hija que no necesitaba hacer ésas cosas, porque tal como enfatizaba, al final del video, “las nalgas sólo las enseñan las putas”. ¿Creen que el granítico comportamiento de este Padre resultaba inadecuado o excesivo? Les diré mi opinión: creo que hay pocas maneras de mostrar mejor un cariño tan fraterno, porque en estos aciagos tiempos de miserias y degeneraciones la recia filiación y devoción por la Familia se ha convertido en el último clavo ardiendo al que asirse.

Son patentes las criminales estrategias para desestructurar a la sociedad, siendo especialmente incisivas en el aislamiento del individuo de todo vínculo afectivo y de ahí el empeño en esguazar el más poderoso de todos ellos: la familia. Los ancianos se quedan solos o son un número más de los que, tristemente, comparte soledad en esos centros para morir llamados residencias de ancianos. A los jóvenes y niños se les desorienta, de tal manera, para que no sientan el vigor de los poderosos lazos familiares y así con todo y con todos. Todo ello conforma el núcleo principal del lascivo sueño de estos psicópatas globalistas que, perfectamente programado y ejecutado, impone su sucia y desquiciada ideología: la destrucción del hombre.
De todos modos, afirmo que no sé cuántas Familias, como Dios manda, quedarán después de este envite, pero ésas nunca podrán ser domeñadas por estos hijos de Satanás.
Por no extenderme más, dejo para mejor ocasión una exposición más prolija sobre el secuestro de niños por parte del Estado, llevado a cabo por una piara de súcubos con mando administrativo, para cometer todo tipo de crímenes y felonías. Esta patulea de malnacidos son, nauseabundamente, apoyados por represivos policías de todo pelaje, que arrancan de los brazos de sus padres a los inermes infantes. Desde ese mismo instante esas criaturas se ven sometidas a un infierno burocrático y judicial mucho peor del que conocían y que, en muchas ocasiones, los introduce sin pestañear en el mundo de las drogas y la prostitución. Por supuesto toda esta degradación es aprovechada, con lucrativos resultados, por unas mafias pseudoinstitucionales que han convertido el destrozo de la infancia, de los niños que caen en sus garras, en su modus vivendi.
Y, por no volverme a extender, sólo miento el desasosiego que me produce el terrible aumento en los suicidios de niños y jóvenes, fruto de un entorno social profundamente desquiciado y desnaturalizado, carente de recios referentes vitales y de la alegría de vivir.
Espena, abonada a una decadencia sin parangón y tan puntera en todo lo malo, ha complementado el crimen del aborto con la institucionalización de la corrupción de menores en las aulas. La misma ha sido criminalmente auspiciada por el poder político, siniestramente coadyuvada por los malnacidos responsables de los centros docentes; repugnantemente materializada por agresivos colectivos transexuales e hirientemente tolerada por unos padres emasculados cuya cobarde pasividad les garantiza tener abiertas, de par en par, las puertas del reino de Lucifer.
Todo este magma criminal de corrupción y depravación supone el fúnebre atrio de la destrucción de la familia, la prima ratio de una sociedad sana.
Hasta el mes que viene, sí Dios quiere.
septiembre 1, 2023 a 12:27 pm
Gracias César, por el estupendo aporte fotográfico al artículo.
La foto de la desquiciada paseando a sus «hijos» sublime (el otro día paseando por las Canteras ví a una sujeta que iba de la misma guisa, aunque en su caso sólo contaba con un «retoño»).
septiembre 1, 2023 a 12:32 pm
Se llaman así mismos: «Mami y papi» y hablan de los chuchos como «mis hijos, mis nenes». De verdad… fíjate si hay que ser imbécil como para hacer bueno a un bárbaro sarraceno… y estos de los chuchos lo han logrado, pues los sarracenos sólo tienen perros para ganado, caza y guardianes. PUNTO. Como deberían hacer los atolondrados occidentales… y así nos va, y peor que nos irá.
septiembre 1, 2023 a 12:46 pm
Don César, creo que, en este caso, sobran las comillas de «Mami y papi» porque son más perros que sus felpudos cuadrúpedos (y que vayan mis disculpas por la equiparación para los cánidos), jajaja.
septiembre 1, 2023 a 12:50 pm
Como les pongo yo, en mis carteles callejeros, a los dueños que hacen a sus perros mear en las fachadas ajenas: «sean humanos con perros y no cerdos con humanos». Y como pille a los que me los quitan… esos van a sentir, muy nítidamente, cosas muy humanas… siempre que sus aliados, los «caballero,caballero» no estén cerca y/o grabando. Pero no tengo prisa… sé esperar la ocasión propicia para todo. Y el MAL no es ubicuo.
septiembre 1, 2023 a 1:02 pm
Don César, usted siempre tan indulgente en la confianza de la capacidad intelectiva de sus convecinos (en resumen, no le van a entender esos carteles).
septiembre 1, 2023 a 1:18 pm
Precisamente por esa idiocia de mis semejantes hay que usar el mazo, más de lo que sería necesario. Eso lo entienden todEs, créeme. Y no saben la suerte que tienen de vivir en un Estado policial. Si la gente honrada pudiéramos movernos libremente… pero insisto: el mal no es ubicuo. Siempre hay una «zona muerta» donde actuar impunemente.
septiembre 1, 2023 a 3:47 pm
César, me alegra verte de tan buen ánimo y disposición.
Para mí, no es fácil tenerlos en estos fúnebres tiempos en que nos ha tocado malvivir. Pero no es momento de lamentaciones sino de estar con la guardia alta para aprovechar cualquier resquicio de ésas zonas muertas.