ARTÍCULO: la maldad del Dios mundano.

Desde una ventana del cochambroso piso de mi gaseosa (vulgo casera) veo parte de la perfección de la Creación (vulgo naturaleza): inmensidad de montaña, arbolada y cielo. Y a sus pies, como postrada en enorme humillación, la insignificancia del ser humano, en este caso sarracenas.

En el circo de 6 pistas que siempre ha sido mi vida, pues nunca me la he tomado en serio, contemplé hace décadas, e insitu, esta atrocidad sobre la Tierra que es la cultura islámica. Las teocracias son aberrantes por sí mismas, pero parecen una especie de show grotesco cuando las presencias, sabiendo que «en tu casa» la vida circula por otros raíles. A mí me daba una repugnancia total estar en Marruecos, Argelia (campamentos Saharauis, sobre todo) y Senegal. Pero lo estuve por «trabajo» y por gilipollas en el caso de Marruecos, acompañando a una ex novia etarra a pasar la nochevieja, con sus días aledaños, en casa de unos drogadictos esnob y multimillonarios paniaguados del erario español.
Lo bueno de estar entre seres antropomorfos brutalmente esclavizados por Dios es la comparativa, es decir: la antigua vida occidental. Llegaba yo a la chabola vertical de mis padres, en Leganés, o a las mías de alquiler y parecía estar en la gloria bendita, comparado con lo que había vivido las semanas anteriores en los países sarracenos. Huelga decir que yo soy una especie de personaje de la hilarante película «Historias de la puta mili», concretamente uno de los soldados del sargento Arensivia que si los soltabas en en desierto, engordaban. Vamos, que penurias he pasado pero voluntarias y en los países sarracenos no quise pasar ninguna, y no las pasé.

Veo como mi país se ha islamizado. Y no es ese islam de «las mil y una noches». No es ese islam de oro, almizcles y huríes. Qué va. Es ese islam de pobreza, sometimiento y torpeza mental. Veo a las sarracenas, en 2023 y en la sierra de Madrid, con sus hábitos trasnochados e inhumanos y recuerdo a las monjas de un convento de León capital donde me hospedé una noche en una de mis solitarias andanzas de Santiago. No sé el cargo que ostentaría el «jefe» del chiringuito ese, pero era un sarasa cincuentón más raro que un sarasa cincuentón… Me quiso llevar al huerto de su sodomía y, obviamente, con un sicalíptico heterosexual como yo, pues no coló. Aún así recuerdo su tremenda «preocupación» por mí al preguntarme si había cenado y decirle yo que no (porque yo suelo hacer una sóla comida al día y me da igual la hora, y ese día ya había comido). El notas, aprovechando lo de mi no cena, me acarició mi linda cara (de joven yo era guapo) mientras me preguntaba, incrédulo él: «¿no has cenado, no has cenado?» Me quería dar el postre, que era su polla con cebolla. Lo eludí cortesmente (tampoco era plan de liarla en un templo de Dios por esas cosas tan mundanas y marranas) y salí a envinarme por la bella León, hasta que todos estuvieran sobando para hacer yo lo ídem en el convento hospedería ese. Pero antes de la borrachera estaba la penitencia. En este caso en forma de monjas de clausura (o algo así) bastante mayores de edad y con hábito y hábitos muy raros. El sarasa dijo a los 4 peregrinos que coincidimos ahí para pernoctar que era obligatorio ver no sé qué cojones de acto religioso protagonizado por estas batman femeninas. El acto consistía en verlas entrar a una sala enorme y barroca, con la cabeza gacha y diciendo «Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa». Luego se postraban ante algo y seguían diciendo esa y otras gilipolleces que no recuerdo. Al salir de esa grotesca performance, una de ellas que pasó pegada a mí, se giró con su cabeza en forma de signo de interrogación, por la deformidad cogida por el hábito… y mirándome a los ojos y riendo en plan psicopático me gritó: «¡por mi culpa, por mi cuuuuuuuullllpaaaaaaaaaaaa!» y siguió al rebaño, mascullando lo mismo.

Posteriormente, en la borrachera diaria que os dije antes, contemplé que León no era lo que acababa de padecer ahí dentro, sino una ciudad muy bella, más o menos integrada en la naturaleza y con mujeres bellas y feas pero libres para estar en la calle, casas, bares y locales; vistiendo como les diera la puta gana y sin decir ser culpables de nada. Esa noche no ligué porque no me dio la gana. Ligué al día siguiente y en Astorga, bellísimo pueblo con olor a embuchado, porque sí tuve ganas.

Analogía necesaria

En mis breves periplos musulmanes aprendí a querer aún más mi cultura occidental. Simplemente por la libertad que digo líneas arriba. Se trata sólo de eso: LIBERTAD. El sarasa y las monjas leonesas lo eran porque les daba la gana serlo pero no obligaban a nadie a serlo. Salías del convento hospedería de peregrinos y el cuento cambiaba. LIBERTAD, insisto. El problema de la islamización de occidente es que es el fin de la libertad. Y parece que sólo yo me doy cuenta. Y cuando lo cuento me llaman facha. No sé qué es más grande, si la ignorancia popular o su maldad.

2 respuestas to “ARTÍCULO: la maldad del Dios mundano.”

  1. Avatar de Rafael López
    Rafael López Says:

    Muy buen artículo, César.

    No creo que seas el único que se haya dado cuenta, pero indudablemente somos menos que la purria de indoctos que, borreguilmente, siguen creyendo que «estepaís» es un estado de derecho, progresista, etc., etc., etc.

    Personalmente opino que en la ignorancia tiene un nexo muy definido hacia la maldad. No siempre se produce esa relación porque hay quienes ponen remedio a tiempo a la ignorancia, leyendo, instruyendose, adquiriendo un espiritu crítico, pero los holgazanes y sectarios que no se plantean nada, indudablemente acaban el el Mal.

    Un abrazo,

    • exacto. Por eso a mí me da cierto resquemor inflar a hostias a los malvados, porque son más ignorantes que perversos. El caso es que se trata de matar o morir, desgraciadamente. Pero me da mucha pena combatir a un ejército de indoctos que podrían estar del bando bueno si les hubieran adoctrinado para ellos, ya que ellos son INCAPACES de instruirse por sí mismos, como hemos hecho los ácratas irredentos.

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