ENSAYO: «Colectivismo (sobre todo de confrontación): fin de la humanidad».

Al igual que sólo un cretino diría que los buzos son peces, por compartir el líquido elemento, sólo un necio dice que el hombre es un animal social, por compartir espacio con otros humanos. Y de imbéciles asociados, es decir: colectivizados; trata este bosquejo del ensayo que escribiré, en breve.
Resulta extremadamente paradójico que cuanto más egoísta e individualista es un ser humano, más colectivista dice ser. Para muestra el irrefutable botón de las élites económicas y políticas que dicen ser comunistas, socialistas, progresistas, liberales y o demócratas. Mientras ellos miran al vulgo, cual hormigas por lo alejados de ellos que están, desde sus jets / yates / mansiones, el populacho se hacina – física y mentalmente – para desarrollar su miserable vida, ajena a todo tipo de humanidad y contacto con la naturaleza. Obviamente, estoy generalizando, como en toda teoría sociopolítica que se precie: yo no soy ni élite económica ni vulgo, al igual que algunos de vosotros, pero la norma es férrea: el mundo se divide en una inmensa minoría de élites económicas asociadas y armónicas; y una ingente mayoría de populacho enfrentado entre sí, gracias al esfuerzo de dichas élites económicas y a la idiocia de la mayoría.
Colectivismo de confrontación denomino a esa técnica de disgregación social por la cual los menos viven como reyes gracias a la depauperada y expoliada mayoría social que, encima, admira a dichas élites porque, en su supina estulticia, les han hecho creer que su egoísmo y odio al ser humano les puede llevar a vivir como las élites (esta aberración es el fundamento, entre otras muchas barbaridades, de las loterías y juegos de azar). Y aunque los que nacimos con el don de la acracia (repulsa taxativa a toda autoridad civil o religiosa) jamás hemos picado el cebo del colectivismo de confrontación, no nos queda más remedio que vivir infiltrados entre los que hacen banquetes opíparos con dicho cebo.
El extraño sentimiento de sentirse solo entre la multitud es algo que todos hemos experimentado, de maneras más o menos parecidas, pero desarrollado de formas totalmente contrarias. Es decir, mientras unos pocos elegimos la soledad – creativa, sensible, sensitiva y analítica – y la naturaleza como medio de vida física y/o mental, a fuerza de ser autosuficientes y no estar embriagados de las inicuas relaciones sociales y la vida en sociedad; otros muchos se resignan a vivir en colectivismo y se aferran, como balsa de náufrago, a las 1.001 trampas que las élites económicas les tienden, todas ellas inherentes al sentimiento de pertenencia a un colectivo enfrentado a otros; y a las 1.001 mentiras de progreso y prosperidad que les sueltan como migas de pan a las palomas que jamás se sacian de comer y, luego, vivir en la mierda.
De esta trampa exitosa nació el comunismo y resto de ismos que alienan al ser humano y les convierten en un cuchillo de doble filo capaz de matar y aliarse con las mismas personas, según el colectivo del que se trate. Obvias pruebas de esto encontramos, por doquier, en fenómenos distópicos como el feminismo actual por el cual dichas mujeres aúnan en un solo movimiento a todas las hembras humanas, pero se enfrentan a todas las mujeres que no sean feministas o dejan fuera a los verdaderos colectivos de mujeres sojuzgadas sobre la Tierra: asiáticas, africanas y musulmanas. Y esto mismo ocurre con todos los colectivismos, pues TODOS son de confrontación, de enfrentamiento entre personas desalmadas, indoctas, ágrafas, iletradas y un sinfín de atributos animales que no deberían adornar a los humanos. Esto no es sino el sempiterno “Ordo ab chao (orden desde el caos)” masónico.
Por dichos motivos, someramente bosquejados en las líneas precedentes, la humanidad lleva autodestruyéndose desde los albores de su advenimiento como especie animal socializada. Y como a mí – en esta Dimensión – no me queda otra que seguir perteneciendo a esta especie animal, por más que no esté socializado, me veo en la necesidad de escribir un largo ensayo para destrozar el colectivismo y, por lo menos, tranquilizar mi conciencia sabiendo que intenté hacer salir de su error al lector socializado. Sin ínfulas de mesianismo, ni adoctrinamiento, desarrollaré este trabajo ahora que todavía no han encontrado la manera infalible de matar el intelecto y el raciocinio, por lo menos el mío.
El lector que esté interesado en leer mis divagaciones, podrá encontrar dicho ensayo (con el mismo título que este bosquejo), en este mismo – y libérrimo – BLOG. Tan sólo poniendo el título en el buscador, aparecerá dicho trabajo sociopolítico, historiográfico y filosófico ante sus ojos, cuando esté publicado.
octubre 7, 2023 a 4:53 pm
Buen articulo (o bosquejo de ensayo), Cesar.
Este cacharro luciferino, desde el que escribo, me quita los acentos aunque los pulse en el teclado. Uno asume que ha cometido, cometo y cometere numerosos errores de acentuacion, pero de eso a verme sometido a esta infamia tecnologica hay un abismo.
Un abrazo,
octubre 7, 2023 a 7:38 pm
No te preocupés, mañó. Léer sin tildés tiené su graciá. Me solidarizó (soló en esté ménsaje) y pongó las tildés mal. Sáludos.
octubre 8, 2023 a 1:39 am
Eres el cómitre más indulgente que he conocido en mi vida, jajaja.