ARTÍCULO: la infidelidad de pareja no es lo peor; lo es el trastoque del destino del engañado.

Yo que tengo 40ytodos años puedo hacer una sucinta glosa sobre para lo que es, a mi modo de ver, el acto más vil de un ser humano: la traición. En este caso me centro en las infidelidades de pareja, o en las peores: las maritales (si es con vástago, en grado sumo).

A lo largo de estos 40ytodos años he visto todo tipo de dislates y aberraciones en este asunto. Me faltan dedos – incluidos los de mis pezuñas – para enumerar las veces que he conocido a una pareja en la que uno de los 2 (o los 2 en los casos cum laude – nótese el juego de palabras con «cum» que es eyacular en inglés) engañaba al otro. La mayoría de las ocasiones esta vileza no devino en separación, normalmente por desconocimiento del cornudo/a y en raras avis por hacer de tripas corazón o, directamente, tener tamaño interés (dependencia) pecuniario / profesional / psicológico; que la ruptura hubiera sido ir de Guatemala a Guatepeor.

Hay varios tipo de infidelidad conyugal, pero todas y cada una de ellas significan lo mismo: truncar el destino del cornudo/a. Como lo que mejor conozco, al 100% es mi vida, voy a aprovechar mi enfermedad mental (hipermnesia) para ponerme como ejemplo, sin dar nombres, eso sí; demasiados he dado ya, y están en varias estupendas historias de este insignificante – a fuer de insigne – BLOG. Seguro que tú, lector, tienes también infinidad de ejemplos y te sentirás identificado en las siguientes parcas líneas:

En cuanto al giro radical de mi destino, la bordada más bien (virar a barlovento, contra el viento, vaya), se produjo en mi segunda etapa cordobesa (2006). Cometí el inconsciente error de volver con mi novia madrileña (por decir algo, pues el año y pico de ruptura vivió en Londres y Estella – pese a tener piso propio en Lavapiés – con su nuevo novio, un psicópata abogado etarra, diputado de la CUP y maricón; enemigo íntimo mío desde el día que nos conocimos,precisamente en casa de su futura novia, la mía por entonces; y nos juramos odio eterno y venganza mutua). En Córdoba había una mujer preciosa y reversible – tanto por dentro como por fuera – que estaba locamente enamorada de mí; lo cual era fácil en esa época donde yo era guapo, fibroso, entusiasta, gallardo, hedonista, pendenciero en autodefensa y muy inteligente y espiritual.

Era bióloga, pues yo no me junto con amebas salvo para polvos rápidos y divertidos. Pese a sus ligeros intentos, había 2 obstáculos para mí insalvables para el idilio: ambos teníamos pareja. Y aunque yo sólo conocía de vista a la suya, al ser cliente de mi taberna cultural, eso lo respeto; y más respetaba a la infiel de mi novia. De haber sido ella sincera, no hubiéramos vuelto y hubiera empezado un idilio con la cordobesa, pues tanto ella como los amigos comunes me decía que su relación era todo menos seria, no era «romper un matrimonio» precisamente.

Pero un sicalíptico vividor y bebedor como yo claro que se ha encamado con multitud de tías con pareja. Como dato curioso un maricón me dijo en los servicios de un bar gay – mirándome la minga al mear, tal cual, hay que ser cerdo – : «mi novio se va en un rato, le acompaño y vuelvo. Espérame». Pero jamás lo he hecho a sabiendas, salvo en 2 ocasiones donde los cornudos no eran, en absoluto, amigos míos ni casi conocidos. El resto de decenas de infidelidades fueron sobrevenidas, es decir: ellas me lo dijeron después o, directamente, el novio/marido aparecía por ahí. Obviamente, fueron pocos casos en los que seguí los idilios, pues aunque desconocidos tengo empatía y no querría que a mí me hiciera eso un desconocido (si me lo hace un buen amigo lo mato, literalmente. A la infiel no, en su pecado irá su penitencia de por vida).

No pretendo aburrirles, así que dejaré todos estos ejemplos para mis futuras memorias, las cuales publicaré en 2 partes: 1ª cuando mi padre fallezca. 2ª cuando yo esté tan viejuno que el paso a la otra Dimensión sea inminente. Pero pueden hacerse todos una idea de los mismos, no soy más mundano que el resto de ustedes, para estos asuntos de faldas o calzoncillos.

Sólo permítanme unas divagaciones finales, a modo de corolario:

Creo, fervorosamente, en el Destino, pero no como algo unívoco, sino un camino llevo de derivas en modo que el Destino dice: «joder, otra deriva en el sendero principal que lleva a este tipo del vientre de su Madre a la Tumba». Hay derivas pequeñas y grandes, pero todas nos redirigen a la misma senda unívoca preestablecida por (poned la deidad favorita). Mis únicos consejos son:

  • no perdonéis JAMÁS una infidelidad. Eso es un boomerang o, peor aún, la excusa perfecta para hacer vosotros lo mismo y vivir una vida de infierno que sólo ahorra tiempo a un divorcio anunciado e interrumpe, aún más, vuestro destino.
  • no ejerzáis violencia alguna ni contra nuestra infiel ni contra el amante (la excepción a este consejo es lo que os he dicho que yo mataría a un buen amigo que me hiciera eso, pero no a ella).
  • jamás hagáis nada que no queráis hacer. Bajo ningún motivo. Obviamente hablo de asuntos importantes, vitales y trascendentales: si vuestra pareja no quiere un día follar y vosotros sí, no os divorciéis por eso… Mesura, ecuanimidad, raciocinio, analítica e intelecto, sólo os pido eso.
  • jamás os autoengañéis tanto o seáis tan gilipollas de tomar tantas derivas al destino que al final sea una senda paralela a la primigenia. Vuestra vida será un infierno y, tal vez, sea irrecuperable la senda que Dios estableció y acabéis en la única deriva no conectada con la senda original: el suicidio y/o el homicidio.

Apostilla

Con mi novia la etarra empecé en 2002, época sin móviles próceres. Tan enamorado pululaba yo que cuando estaba con ella apagaba el móvil. Con los meses ya lo dejaba encendido. Con los meses ya miraba si alguien me había escrito un sms o llamado. Con los meses ya deseaba que me escribieran o llamaban. La última amante que he tenido me contó algo todavía mejor sobre su ahora exmarido: al principio no salíamos de la cama (todo el rato follando), luego ya sólo dormíamos juntos; ahora dormimos en cuartos separados.

Una respuesta to “ARTÍCULO: la infidelidad de pareja no es lo peor; lo es el trastoque del destino del engañado.”

  1. Avatar de Rafael López
    Rafael López Says:

    Querido César, me alegra que retome sus historias de «carne y hueso», las echaba de menos.

    Respecto a sus recomendaciones y al objeto de su artículo más bien nada tengo que añadir, seguramente las posibles discrepancias sean motivo más de una charla junto a la chimenea que de exhibición es este insigne blog.

    Usted bien sabe lo dispar de nuestro periplo vital, en asunto tan íntimo, por lo que yo jamás me hubiese metido en este jardín de las infidelidades conyugales.

    Mis felicitaciones por su artículo y un afectuoso saludo,

    Rafael López

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