ARTÍCULO: El tamaño (de la celda) sí importa. David Bros sigue preso.

Ahora que paso varias horas a la semana en la trena, concretamente la de Soto del Real – con perdón porque odio a la monarquía, y a la República… – me doy cuenta de que el tamaño sí que importa. Voy de visita, y a llevar paquetes de ropa, calzado y libros, a mi amigo David Bros, injustamente condenado por esta (in)Justicia psicopática, prevaricadora y genocida que tenemos, a nivel mundial. Su espeluznante caso podéis conocerlo en este enlace, que os llevará a 1.001 enlaces más, sobre la misma aberración ocultada por los perrodistas. Como no dijo Sagasta: «la pasta es la pasta».

La foto de cabecera es mi zarpa brindando con la torre de vigilancia, control o como cojones la denominen, de la trena de Soto. Un lugar paradisíaco, rodeado de ganado y montaña, pero con unas rejas que impiden su disfrute para los que están circundados por ellas. Los de fuera no estamos, en absoluto, libres, simplemente tenemos una celda enorme, a condición de tener un carcelero siempre a rebufo, y casi siempre «invisible».

3 veces he de poner las huellas dactilares de mi pezuña derecha en sendos controles de acceso y salida del trullo. Y me dejan salir, los muy gilipollas. A mí, que soy un delincuente REAL – con perdón, otra vez – pero nunca me han pillado, ni lo harán; porque si el que hizo la ley, hizo la trampa, hay delincuentes que sabemos saltarnos la injusta ley sin que se pispe la pasma, esa panda de pasmaos psicóticos paniaguados.

Video llamada con su mujer y su nena, que residen en Chile.


Mi amigo Bros es más inocente que la inocentada del falso alunizaje del 69. Pero da igual. ¿Qué más da? Qué certero eso de que: «lo que no se ve no existe». Y a Bros sólo le vemos 4 gatos beodos y, por lo tanto, no tiene repercusión alguna. Por lo menos a los enfermos de ELA (mi cuñado lo es y un buen amigo de Eivissa falleció por ello) les mandan a tomar por el culo, pero no niegan su existencia. A Bros le niegan todo. Le aplicaron la condena más prevaricadora de la historia y aquí paz y, después, gloria. Pero mientras haya gente gallarda, desapegada del puto dinero, con ética, espiritualidad y acracia patria activa; Bros no estará solo y su caso será conocido por todo el orbe, de una manare u otra. La vergüenza de su prevaricación y barbarie es, de momento, nuestra recompensa. Ya alcanzaremos cotas más altas, a nivel administrativo y judicial. De momento, como la pulsera que veréis abajo, de mi zarpa izquierda, cuya cruz es de Bros: «(mi) Dios está con nosotros».



Parte prescindible del artículo: voy a hablar de mi patética vida, o no tan patética, a saber… se va a la escuela. Se iba, ahora se va para ser adoctrinado y ser fiel feligrés de Papá Estado.

Hace años no me quedaron más cojones que coger el metrosur de Madrid, en Zarzaquemada, el lugar del mundo con más densidad de población (por lo menos el siglo pasado y pasmado: 60 mil capullos – yo en cabeza – en 1 km. cuadrado). Tenía que ir a la madrileña Plaza de España, a devolver un enorme trípode que me prestaron unos amigos.
Entré al metro con ese cacharraco metálico al hombro, cual pata de jabalí de Obelix. Me disponía a no colarme, pues tenía un abono de no sé qué, pagado previamente, para no estar siempre discutiendo con esclavos armados o desarmados. Pero fui interceptado, muy certeramente, por el llanto desgarrado y los gritos desolados de una chica no mucho menor que yo, que por entonces tendría unos 30 y pico palos (ahora detengo 50 y ningún años. ¡Cómo pasa el tiempo y ni le saludamos!). Estaba ella – oye – en el otro lado de la frontera. Más o menos, esto fue lo que aconteció:

(Éramos sólo 3: ella, yo y un puto segurrata de 2 patas)

ELLA (gritando y llorando desesperadamente): «¡por favor, ayúdame!

YO (asombrado y con la no pata de jabalí al hombro): ¿Qué…?

ELLA (gritando y llorando igual que antes): «¡Éste (señalando a la rata de 2 patas) no me deja salir!

YO (mirando, por primera vez, al segurrata de 2 patas): ¿Qué…?

ELLA (gritando y llorando igual que antes, y ante un gesto prepotente del segurrata): «Dice que mi billete no sirve y que para salir tengo que comprar otro.

SEGURRATA DE 2 PATAS: » tiene que adquirir el título de transporte válido».

ELLA (señalando una máquina expendedora de estos impuestos revolucionarios, situada tras de sí): ¡Pero si la máquina no funciona! ¡No puedo sacar el billete para salir de aquí!

SEGURRATA DE 2 PATAS (muy altanero el, o ella, al ser una rata): «Eso no es asunto mío».

ELLA (ante mi asombro por lo absurdo e inopinado de la situación; y siguiendo gritando entre sollozos, tendiéndome su mano llena de monedas): «¡Por favor, no entres todavía! ¡Sácame un billete en las maquinas de allí (tras mi asombrado cuerpo. Era – y es – un hall enorme ¿se escribe «hall» un jol, en español?

YO (pispándome, por fin, de la jugada. Resulta que para salir en el metro de Julián Besteiro – con perdón por ser un jodido sociata, aunque menos malo que sus compañeros – hace falta un billete mágico que no es compatible con el del metro de Madrid. A ese suburbio se accede tras salir de la nefasta capital. El billete del metro te abre la entrada del metrosur, pero no su salida. Esta chica necesitaba otro billete que no podía adquirir al estar la máquina rota y no haber ya taquilleros: «A ver, qué yo me entere (mirando al segurrata de 2 patas, con mi cara de ningún amigo). ¿Tienes retenida a esta chica porque no lleva el billete adecuado que no puede sacarse porque la puta máquina está rota?

SEGURRATA DE 2 PATAS: «Es la ley, sin título válido no se puede…».

YO (tomando el dinero de la chica y yendo hacia la puta máquina expoliadora. Gritando.): «¿Me lo dices en serio? ¿Qué tienes a esta mujer ahí, llorando, por un puto billete de no sé qué? (blandiendo el enorme trípode metálico, como el que coge un palillo mondadientes con o sin aceituna) Te voy a reventar, hijo de puta. Espera que le doy el billete a ella. («Liberé» a la dama de la torre, sin que me echara las trenzas, y me fui a por el segurrata, el cual – no era gilipollas del todo – huyó despavorido por el ascensor.

APOSTILLA

Hasta un simple metro puede ser nuestra cárcel, porque Papá Estado está descontrolado. Pero siempre quedaremos unos cuantos que le partamos la jeta a Papá Estado.




Deja un comentario