ARTÍCULO: «el racismo actual es raciocinio».
Vaya por delante que yo soy segregacionista (tengo varios artículos, a este respecto) y no racista, pero que antes me juntaría con un racista que con un inmigrante maleante, que son mayoría entre los actuales inmigrantes. Elijo mis compañías y como distribuir mi esfuerzo y los bienes materiales que de él devienen. Por eso odio a los inmigrantes paniaguados, o semi paniaguados. Su puta vida no va a estar soportada con mi dinero, mi esfuerzo y su expolio.

Voy a plantear la estúpida ucronía de que todos los inmigrantes aportan, trabajan, pagan nuestras pensiones y sostienen el PIB. Sigo con la necedad de que no delinquen y ayudan a combatir a la delincuencia. Persisto con que ellas son complacientes con nosotros y ellos con vosotras. Incido en que hacen – con denuedo – todos los trabajos que no queremos (o no sabemos hacer) los oriundos y que lo ejercen pagando, encima. Son una especie de ONG, sin jeta, y abnegados voluntarios en pos del bien común de los españoles autóctonos; de esa purria de fachas que somos los de todas nuestras generaciones en España. ¡Nada más fascista que haber sido parido en España, joder, y por una mujer blanca, habrese visto!
Una vez asumida toda esta mamarrachada, insisto: soy segregacionista y me rodeo de quien me da la gana, no de quien el Sistema estatal me diga que ha de rodearme y, por lo tanto, asediarme. Al igual que yo no me junto con ellos, exijo reciprocidad.
¿Por qué he de pagar con mi vida (pues vivir es trabajar) la de los demás que ni trabajan o trabajan, eso es lo de menos? ¿Por qué yo no tengo – ni tendré – vivienda propia ni bien material con valor económico notable, y he de sufragar la vida de los invasores y sus notables bienes materiales? ¿Por qué ser calificado de racista ha de ser el mayor piropo de intelecto que podemos recibir? ¿En qué nos hemos convertido, o mejor para seguir con mis enunciados: por qué nos hemos convertido en esto? El como ya lo sé, el por qué es lo preocupante.
Como español habitante de Espena (antigua España) tengo la obligación a todo y el derecho a nada. Tengo menos libertad que Segismundo y la obligación de creerme más libre que Nino Bravo. No me sale de los cojones (sigo sin ser un emasculado, ni lo seré jamás de los jamases). No soy un filántropo de invasores. El que quiera serlo, perfecto, libre albedrío ante todo: pero no con mi dinero, con mi esfuerzo y mi expolio.
Apostillo con un ejemplo, a modo de epítome clarificador, y no me extiendo más en esta sencilla reflexión de que si yo aporto divisas cuando voy a otros países, quiera que en el mío acontezca exactamente lo mismo. ¿Cómo que refugiados bienvenidos y turistas idos a vuestra casa?
En 2001 una amiga se fue con su novio a trabajar, temporalmente, a Irlanda. Al llegar les dieron una paga mensual de (no recuerdo, pero creo que eran unas 50 mil calas por testa) sólo por irse a vivir allí. Le pregunté que por qué tenían los irlandeses que pagarles a ellos ese dinero, por haberse ido a vivir a su país. En lugar de aportar divisas, saqueaban por el mero hecho de ser inmigrantes. Ninguno de los 2 entendió la incongruencia de su satrapía. Ni que decir tiene que, pese a que fuimos afables amigos durante lustros posteriores, hace ya mucho que me tildaron de fascista y se alejaron de mi vida (por suerte para mí).
Esa es la mentalidad del guarro paniaguado espenol. Por eso fomentan la sinrazón de la invasión. Porque ellos lo fueron, lo son o lo serán. Y, ante todo, se nutren de dicha invasión. Veremos cuando ,dentro de pocos años, sean los propios invasores los que dirijan el cotarro institucional y dejen fuera a los pijuarros patrios que ahora se lucran de las mafias de inmigración. Ahí sí que van a empezar las hostias y, por lo menos en mi caso, la risa contemplativa. Desde mi pobreza material y mi expolio, me carcajearé viendo a ambos grupos de paniaguados expoliadores matándose.
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