RAFAEL LÓPEZ: ¡Por favor, maten a mi mujer!

Anoche andaba peleándome con la plataforma televisiva que les comentaba en mi anterior artículo, cuando desesperado por la roma propuesta ofrecida, elegí una película que nunca había visto “Frankestein”. Obviamente, conocía imágenes sueltas y alguna pequeña escena de este clásico del cine de terror de los años 30, pero la película completa no la había visto nunca.
Como sólo dura 66 minutos, no me importa recomendarla. Es cortica y no siendo nada del otro mundo, sí aporta ese nivel de conocimiento cinematográfico que cualquier cinéfilo debe tener.
Una vez realizada esa autolabor didáctica y fatigado, tras horas de tediosa búsqueda, me acordé de una película que vi, por primera y única vez, hará cinco lustros ¡cómo mínimo! La película en cuestión es la que da titulo a mi artículo y está interpretada, en sus principales papeles, por Danny deVito, Bette Milder, Judge Reinhold y Helen Slater.
Recurri a los, en ocasiones, útiles soportes del averno cibernético y pude encontrar la película (les adjunto enlace al final del artículo). Es un comedia pura y dura (cosa que se agradece) y ochentera a más no poder, por estética y dialéctica. Las actuaciones no sé si serán buenas o malas (don César lo dirá), pero no van a encontrar en la historia ni un puñetero teléfono móvil, ni diálogos que no pueda ver un niño bien educado, ni chismes tecnológicos de los muchos con los que zahieren, hoy en día, a los sufridos espectadores.
Otra cuestión que me ha llamado la atención, además de la estética de casas y oficinas, es su vigoroso lenguaje. Se utiliza con razonable profusión, respeto continuo y estimulante naturalidad la palabra maricón y sus derivados.
También resulta muy gracioso el tórrido encuentro sexual entre el pillín comisario de policía y una prostituta. Por lo demás la trama es dinámica y entretenida de principio a fin. Me da igual que sea previsible (dado el tono de la cinta), es muy refrescante y hasta transgresora, porque una película de este nivel hoy no estaría permitiría, y su doblaje al español muchísimo menos.
En fin, disfruten de un metraje muy ajustado (ni siquiera lo he buscado) y asomen la cara a la ventanilla del coche, tren o avión para que el fresco aire de un cine sin complejos les arregle la jornada, o la velada.
febrero 9, 2026 a 11:46 am
La vi el siglo pasado y no la recuerdo como para criticarla. Lo que sí me choca es la traducción del título original: «Gente despiadada». En España, siempre cambiando los títulos para que, según estos descerebrados distrinuidores y exhibidores de cine, resulte más atractivo al espectador. ¿Por qué creen que somos gilipollas?
febrero 9, 2026 a 12:49 pm
Querido César:
Creo que ambos la veríamos por la misma época. Sinceramente, considero más apropiado el título en español que el original. Es una cinta que la gente despiadada no aparece en ninguna escena, además el título es español tiene más gancho ¿qué hombre casado no habrá dicho, en alguna ocasión, esa expresión? jajaja..
A mi me gusto muchisimo más que la primera que la vi. La involución social ha sido tan profunda, desde que se estrenó, que resulta profundamente transgresora (en todo, en la trama y en el vocabulario).
Es una comedia divertídisima, incluso las partes más toscas están realizadas por la suficiente sutileza como para aceptarlas con agrado.
En estos tiempos aciagos y de tribulaciones, donde las comedias son de un aburrido mayúsculo, se agradece ese soplo de aire fresco ochentero. ¡Qué tiempos señor Bakken!
Un abrazo y gracias por comentar mi artículo.