RAFAEL LÓPEZ: El asterisco.

Algunos jueves, mientras voy a realizar alguna compra a un centro comercial cercano a mi domicilio, me suelo acercar a una de esas modernas multisalas de cine. Jamás entro, simplemente me dedico a echarle un vistazo a una enorme pantalla que hay en la entrada, donde van desfilando los anuncios de las películas que están en proyección.
Por supuesto, este, entre sufrido y necesario, ejercicio es el mejor argumento para no entrar al cine ni harto de coñac, pero suele facilitarme algún detalle para escribir unas líneas en este insigne blog de Don César.
Antes de nada, debo indicar que aunque salen escenas de películas son siempre sin sonido, los diálogos aparecen siempre escritos. La cuestión es que estaba mirando el carrusel de la oferta cinematográfica y en una película me aparecen las palabras “joder” y “coño”, debidamente edulcoradas con j*der y c*ño, para no ofender la sensibilidad.
Tanto recato me resulta enternecedor. En primer lugar porque aún llaman más la atención esos palabros astericoides que los originales. Más allá de que el segundo de ellos jamás lo he usado en toda mi vida, me sorprende que con las cosas que se evacuan en televisión, con imágenes altamente censurables en horarios desaconsejables, se anden con estos remilgos hipócritas.
Pero, como siempre, aún hay más. Basta conocer como se manejan verbalmente (también por comunicaciones cibernéticas varias) nuestras elites (sé que es un oxímoron dicho calificativo, pero para que me entiendan) políticas, mediáticas, sociales, eclesiales, judiciales, etc., en sus ámbitos privados para que cause un gran estupor este tipo de prácticas fariseas.
Lo más perverso del asunto es que justifican estas prevenciones semánticas para proteger a la infancia. Esa misma infancia de los 100.000 asesinados al año en el vientre de las que deberían ser sus madres; esa misma infancia a la que se adoctrina sin compasión en los colegios; esa misma infancia que sufre el acoso en las escuelas como nunca antes; esa misma infancia a la que se le cercena la inocencia, corrompiéndola con contenidos repugnantes; esa misma infancia a la que le han robado el presente y el futuro.
En fin, que son unos hijos de perra ¡y sin asteriscos!
mayo 15, 2026 a 2:49 pm
Amplio mi artículo por cierta curiosidad semántica que me ha surgido a raíz del mismo.
Resulta que en j*der sólo existe una palabra de la real academia de la lengua que tenga significado y esa es precisamente joder. Porque jader, jeder, jider, ni juder existen.
Con c*ño pasa todo lo contrario, porque además de coño, tenemos caño, ceño, ciño (forma verbal del verbo ceñir) y cuño. Es decir un abanico de variopintos y versátiles términos.
Además de esta breve reseña lingüistica y para colmo de despropósitos adquirí, el otro día, un décimo, para el sorteo de ayer jueves, y resulta que la reseña promocional del mismo era para el “XXV congreso nacional de celador@s” a realizar en Santander los días 13, 14 y 15 de mayo del 2026.
¡Sé puede ser más estúpido con el gilipollas lenguaje inclusivo de los cojones!. Hasta un zote como yo, en cuestiones lingüisticas, podría enseñarles cuatro cosicas, a estos indoctos a tiempo completo y majaderos los 7 días de la semana, sobre la cuestión.
En la televisión, en el único programa semanal que sigo, mantienen una numantina defensa de las buenas costumbres y el buen hablar.
En la radio, siempre me pillan, ocasionalmente, con la guardia bajada y tengo que escuchar a algún ‘gilipollos’ utilizar esa bazofia verbal.
Es cierto lo que decía Schopenhauer que “la vida es un péndulo entre el dolor y el aburrimiento” (César Bakken Tristán dixit)
P.D.: por cierto el personaje que balbuceaba esos términos astericoides era un ángel, llamado Gabriel, al que destituían del cargo y le obligaban a vivir en la Tierra. Si con tan noble linaje, todo lo que aprende, entre humanos, es el lenguaje acomplejado de marras, no apostaria cual de los dos está más averiado, si el ángel de marras o las destartaladas cabezotas de las acémilas bípedas que pueblan el orbe.
Rafael López
mayo 15, 2026 a 4:21 pm
Y se te ha pasado por alto la foto de cabecera que he puesto… «Ninguna situación es tan mala como parece, porque puede empeorar» (la más certera de las Leyes de Murpfhy).
mayo 15, 2026 a 5:57 pm
Así es, Don César.
¡Son tantas cosas y casos! que no acabaría uno.
En ocasiones escucho una emisora francesa que no nombro por no hacer publicidad. Como en los multicines no ofrecen un sólo canal, si no que disponen de tropecientos. Algunos son monograficos de un cantante, otros por años y cosas así. Vamos muy diverso, tanto que uno de los canales es para el colectivo lgtbi+, ¡y sin despeinarse!
Por supuesto, a veces lo sintonizo, jajaja.
Un abrazo,
mayo 15, 2026 a 8:33 pm
Yo hace mucho que me hice maricón y lesbiana, por eso no me identifico con los LGTBYIXYZ. Cuando ellos advinieron yo estaba ya de vuelta… panda de hijos de puta (añado).