ARTÍCULO: Darwin, tenemos un problema… la involución de las especies.

No seré yo quien impida al ser humano autodestruirse, pero, joder… por lo menos que lo hagan de manera elegante, no así. Esta captura de pantalla, hecha foto de cabecera de mi artículo, es oro puro. Si no veis bien su brillo, os lo explico. Antes, permitidme que ponga la foto que es la clave de bóveda de mi reflexión. Ahí va:

El Darwin que motiva este artículo tiene 26 años, nació en Uruguay y vive en Arabia Saudí. Se dedica a dar patadas a un cuero (o derivado del petroleo, ya no sé de qué hacen esas cosas) hinchado sobre un césped recién cortado. Según el perrodista, está a tiro. Supongo que ni lo sabe, el pobre, ahí tan ufano pegando patadas al balón, dentro de un punto de mira (él, no el balón). Vamos a ponerle cara, joder, que en la foto de arriba no se le ve bien. Mejoremos eso, Darwin Gabriel lo merece, claro que sí. Pero antes permitidme mostraros esto (y, debajo, lo propuesto arriba):


A la edad de Darwin (mis adoradas cocofonías) yo ganaba 165 mil pesetas (¿qué es eso? os preguntaréis mientras claváis en mí pupila vuestra pupila azul. Más bien, ¿qué era eso? pues, digamos: unos mil euros. Es decir, a la edad de Darwin, el que gana 24 millones al año, yo ganaba lo otro, era mileurista anticipado. Eso sí. Yo estaba en Eivissa, gozando de los mejores meses de mi vida, con la excusa de trabajar de ayudante de cocina en un extinto hotel de 4 estrellas y miles de estrellados, entre currelas y clientes).
Nuestro amigo Darwin (el jurgolerdo no el de la teoría de las especies, la evolución y herejías al uso) se emancipó siendo menor de edad y, como veis en la foto de arriba, salió de Sudakamérica para ir a Almería. Luego Portugal, Inglaterra y ARRabia Saudí. Vamos a ver si localizamos el lugar donde Darwin gana 24 millones al año por perseguir ese objeto esférico hinchado. Creo que ni él mismo sabe donde está. Pondré el país casi en el centro de la foto. Espena queda a la izquierda (al oeste para ser precisos):



Fijaos que, más o menos, la distancia entre donde parieron a Darwin, y su lugar de lucro actual, es de 13 mil km. Y la mía con Eivissa, a la misma edad que Darwin ahora, es de 550. La diferencia salarial es, menos o más, de 4 mil millones de pesetas, anuales como el desastre patrio, a favor de Darwin Gabriel. Me gana por goleada, en todo. Normal que sea delantero de jurgol y yo un tuercebotas. En 2001 yo estaba terminando mi última carrera inservible y universitaria, Ciencias Políticas y de la Administración del Estado (que nombre más rimbombante, joder, para una carrera tan insignificante, como todas, por cierto). Como soy muy buen alumno díscolo, tenía que examinarme en septiembre (de no haber sido así, seguramente seguiría asilvestrado en mi isla y no hubiera podido escribir esta gilipollez que estáis sufriendo). O, peor aún, si la novia que me eché esos meses (el pibón de la isla, una catalana rubia, físicamente insuperable, de Molins de Rei llamada Ángela) se llega a quedar preñada… sólo Dios sabe qué habría sido de mi vida, porque yo no soy abortista. Y tuvo un retraso de casi 2 semanas… gané la final a los penaltis… a lo PSG que acompaña en la foto de cabecera, a nuestro amigo Darwin.
¿Qué opinaría Charles Darwin de la evolución de nuestra especie, comparando la vida del sudakamericano multimillonario y la mía, a su edad? A la edad del Darwin jurgolerdo yo navegaba y vivía entre una preciosa casa de campo urbano en Sant Antoni de Portmany, un velero de madera (llaüt) y las habitaciones para empleados, del hotel Stella Maris. Me colaba por la ventana del edificio donde reposaban las empleadas, para follar con la pedazo de rubia catalufa. Y la colaba a ella en la mía. Con Ángela viví experiencias que Darwin jurgolerdo no creo haya vivido. Tened en cuenta que yo, básicamente, no sólo no estaba a tiro como está nuestro amigo Darwin, sino que era un tirado. Mirad la foto, justo de esos meses, sobre el velero donde trivivía yo. Comparado con Darwin no soy nada, lo asumo…

Pero muy al contrario que nuestro amigo Darwin jurgolerdo, toda la gente que se juntaba conmigo (y se junta, yo sí que no he evolucionado nada, salvo en no poder ir siempre semi desnudo, por la edad… nobleza obliga a preservar vuestras pupilas azules de mi cuerpo de 50yAtila años…) no lo hacía por el vil metal, que jamás tuve ni tendré, «pezqueñines no, gracias, hay que dejarlos crecer».
Saber que soy un ser humano, y no un ciudadano, es alentador. A nuestro amigo Darwin no se le arrimaría nadie, de no ser por los 24 millones que le pagan al año. ¡Charles, pero qué tipo de evolución es esta! Pues nada más, y menos nada, que la mayor involución sobre la Tierra: la vida del ser humano actual. A mí nadie me podrá quitar lo bailao, pero a las nuevas generaciones no les dejarán bailar. De hecho, ni saben hacerlo. Ellos «perrean». Teniéndolo todo para ser felices y ubérrimos, hemos perdido hasta la más esencial dignidad humana sobre la Tierra. Ya no somos ni animales. Somos ciudadanos. Salvo yo y, tal vez, tú, lector; pues mis artículos no los leen los gilipollas.
APOSTILLA
Llamamiento a la Ángela de 2001, sin casi lascivia. Ángela, antes de que te mandará a tomar por el culo me dijiste que como eras muy zorra (al estar tan buena, pero tan buena) nunca tendrías pareja estable y, ni mucho menos, marido. Pero que sí querías ser madre (dato: ella tenía 22 años). Empresa harto complicada sin vivir en pareja a no ser que te liaras con nuestro amigo Darwin jurgolerdo o similares, que hay muchos así. Me dijiste que mantuviésemos el contacto (yo no tenía ni móvil, por cierto) para que, con los años, yo te hiciera un hijo, ya que querías que llevara mis genes, porque, literalmente: «no hay nadie físicamente ni mentalmente, mejor que tú. Quiero tus genes para mi hijo».
Te respondí que yo no soy una máquina expendedora de genes. Que tener un hijo es algo muy serio y que un tipejo – encima sicalíptico – como yo no debería ser fértil. Aún así, es el mejor piropo que me han dicho en mi vida. Qué un pibón, más puta que las gallinas por estar tan buena y ser los hombres tan salidos, me pida ser el futuro padre de su hijo.
Si estás leyendo esto, Ángela del 2001, vente a Cercedilla que te hago el hijo ese. Aunque sólo sea por follar… por los viejos tiempos… por todos nuestros preciosos, e insuperables, recuerdos pertrechados por mi locura «Erasmiana de Róterdam». Pero me temo que la Ángela del 2026 no es «mi Ángela», sino más bien un demonio… Pero, bueno, tu ven y ya decidimos luego qué hacer… unos vinos si que nos podremos tomar. La sangre de Cristo, ni más ni menos.
mayo 31, 2026 a 2:33 pm
¡Ay, César! no tienes remedio.
Un abrazo,
Rafael López