RAFAEL LÓPEZ (cine): Mas fuerte que el amor.

Les traigo a este magnífico blog de Don César Bakken Tristán una nueva joya cinematográfica. El título es el que ilustra la cabecera del artículo y es una coproducción cubano-mejicana del año 1955, dirigida por Tulio Demicheli.
Es una historia de pasiones febriles, diría que hasta volcánicas; contada con la elegancia de aquellos primorosos años, sin que por ello pierda un adarme de intensidad. Está rodada íntegramente en Cuba, un par de años después de que se hubiesen dado los primeros pasos de la sanguinaria llegada de “los barbudos” que convirtió la isla en su cortijo particular ¡vaya revolución más siniestra!.
Tal como he dicho, esta cinta está rodada, íntegramente, en Cuba. Seria interesante contrastar como eran y como son los lugares donde se desarrolla la historia.
En fin, no me quiero desviar (aunque todo sea material de interés) y prefiero invitarles al disfrute de una historia entretenida y bien contada, en el clásico metraje cinematográfico de la hora y media. Cuenta la cinta con la imponente presencia del galán español (¡y universal!) por antonomasia y de una de las exuberantes bellezas del cine mejicano de aquellos áureos años.
Jorge Mistral y Miroslava (permítanme la descortesía de poner primero al hombre, pero mi filiación por el actor de Aldaya está bien documentada) realizan unas interpretaciones de gran intensidad. ¡Qué delicia de película!, pasiones desatadas sin nada de sexo, desnudos, ni ná de ná. Así da gusto, todo está debidamente contado, sin que hubiesen recurrido al cotidiano peaje carnal, tan habitual, desde hace lustros, en este valle de lagrimas artístico en el que estamos inmersos.
En fin, una obra de primer orden por su sencillez. Me agrada que se entienda todo sin necesidad de chorradas. Nos hemos acostumbrado tanto, en estos tiempos aciagos y de tribulaciones, a que una caterva de buenos para nada pontifiquen sobre el cine, que una película tan tórrida como ésta resulta jovialmente refrescante.
junio 16, 2026 a 6:32 pm
Este fin de semana, buceando en las procelosas aguas de una plataforma televisiva, que tengo a mi disposición, tuve una experiencia realmente lesiva para mis neuronas, sensibilidad e intelecto. Sé que es un esfuerzo arduo y yermo el de encontrar cine actual con un adarme de calidad, pero mi voluntad es tozuda (¡como buen mañico!), así que, entre mis esteriles intentos, accedo a una película (por llamarlo de alguna manera), cuyo titulo y actores desconozco. La trama gira sobre una chica que es una productora televisiva; es una hembra totalmente gilipollas y pringada de ese estupido y empoderado criterio sobre las mujeres y los hombres. El maromo es un tipejo que no conoce la diferencia entre una mujer y una muñeca hinchable pero tan contento de haberse conocido que la orientará, con unos buenos consejos, para encandilar a un vecino cachas de la joven, del que esta prendada.
Buenos vamos a la escena que motivó mi hartazgo, y que causó, después de 4 ó 5 minutos tediosos, que dejara de flagelarme con ese bodrio simplista y maniqueo. La joven va a buscar al gato que se ha encaramado en lo alto de un árbol al lado de su vivienda, cuando lo alcanza observa, por casualidad, al vecino en el baño acicalándose (va ataviado sólo con una toalla). Por supuesto es una mirona con todas sus consecuencias, pero el puñetero gato se le escapa y al tratar de cogerlo se queda colgada boca abajo de la rama en la que estaban. El vecino la oye gritar, y preocupado por el bienestar de la joven sale presuroso para socorrerla sin mayor reforzamiento indumentario que el que llevaba en ese momento. Ahí están esa pareja de tortolitos, ella boca abajo (viste un conjunto de dos piezas en el que la inferior es una prenda intima mayor que unas bragas, adaptada a la anatomia de la zona, como un pantalón corto pero de tejido sintético lencero) y el joven, con tan mala suerte que en un movimiento de la chica por acercarse al joven y ser rescatada le quita la toalla.
El plano nos muestra las posaderas del joven, la chica boca abajo, con la cabeza a la altura de los genitales del salvador, absorta ante la imagen de ese ‘kuroi’ griego y el gato, que ya habia bajado del árbol, volviendo a casa.
Ante tanta sutileza, abandone toda pretensión y me volví a mis clásicos inmarcesibles de los 50.
Rafael López
junio 16, 2026 a 7:17 pm
Tuviste suerte, maño. Lo normal que acontezca es contemplar, atónito y desconcertado, secuencias escatológicas mientras te preguntas por qué ha pasado eso; y no te da tiempo a apagar el aparato antes de la contemplación, porque todo ocurre muy rápido y… pues ya está todo el daño hecho.
Firmo ya mismo contemplar las nalgas depiladas de los maromos. Acepto pulpo como animal de compañía. ¡Qué época, maño qué época nos ha tocado! Y ojo que esto ya acontece desde el siglo pasado. Ahora se ha magnificado, pero ya ocurría.
No ha mucho reví el pedazo de bodrio «Arma letal» (la primera). La vi el siglo pasado y te juro por los nietos que nunca tendrán los hijos que no tengo, que… ¡No recordaba toda la exhibición homosexual – en desnudos innecesarios – que tiene! Si yo, que tengo hipermnesia y en el cine me fijo en todo, pasé por alto tamaña degeneración… todo lo malo es posible.