ARTÍCULO: detesto conducir entre conductores. El ser humano destroza hasta la conducción.

Me refiero al ser mundano, porque ser humano requiere de una espiritualidad, sentido común, nobleza e intelecto que (casi) nadie posee. Si no somos capaces ni de aprovechar el gran invento que son los vehículos a motor, imaginad el resto de asuntos sociopolíticos. Por eso amo navegar a vela: el ser humano, salvo escasas ocasiones en puerto, no interfiere en tu derrota (curioso sustantivo náutico y aeronáutico, homónimo al nefasto verbo que es la vida entre humanos mundanos).

De una manera más directa o indirecta, todas las normas de circulación existen para amortiguar el daño que hacen la mayoría de conductores por su exceso de velocidad y las sanciones de la pútrida DGT no son, únicamente, para expoliarlos: algunas son para salvarnos la vida, literalmente. Me saqué el carné hace 23 años (a la primera, y en Móstoles) y no volví a coger un volante, ni de coches de choque.

A mis 50 y Atila años, llevo un par de meses con coche y aprendiendo, de nuevo, a conducir. De casi toda la vida soy ciclista de montaña, con inevitables tramos urbanos y de carretera menor. Como ciclista que respeta las normas de circulación, pues somos un vehículo igual a los de motor, han intentado matarme muchas veces y todo tipo de vehículos. He ido 1.001 millón de veces de «paquete» o copiloto de coches, por todo tipo de terrenos. Pero es ahora, al coger el volante, cuando me percato bien de la barbarie que es conducir por asfalto.

No se respeta la velocidad, en ningún lado, ni a la entrada de una guardería. Los que respetamos la velocidad (yo la reduciría aún más, salvo en autopista / autovía) manejamos (homenaje a mi exnovia regia) atosigados. Casi todos los conductores que me he topado o van muy alejados de mí – señal de su exceso de velocidad y, gracias, hijos de puta, porque así mantengo mejor mi distancia de seguridad –, o tocándome los cojones por detrás, pues les encanta el «beso negro» y van comiéndome el culo. Pues ni lo uno ni lo otro, depravados, ¡qué, con tráfico, yo suelo ir algo por encima de la velocidad permitida! Pues ni por esas.

Las carreteras están llenas de resaltos, pero a un nivel enfermizo, cada 50 metros de media. Y de semáforos, señales de STOP, cedas el paso y rotondas innecesarias que entorpecen, enormemente, el tráfico fluido. Toda esta barbarie que boicotea la conducción, es por culpa de los hijos de puta que corren, de los criminales al volante que son la mayoría y que deberían llenar las cárceles y tirar la llave de sus celdas.

No se me ocurre mayor fracaso humano (y mira que hay donde elegir) que la conducción. Es donde todos se igualan: los rojos con los «fachas», los del Barça con los del Madrid, los machistas con los feministas, los blancos con los no blancos (es que hasta el negro carbón hay toda una gama, hasta los que se ponen morenos al sol), etc. etc. etc. En definitiva: da igual la ideología, moralidad, raza o intelecto de los locos al volante. Todos son igual de dementes. ¡Conducir es la mayor igualdad social negativa!

APOSTILLA

Cuando vuelva a conducir virtuosamente, como aquel veinteañero hábil que fui, más de un criminal al volante se va a llevar una sorpresa conmigo. De momento, mi falta de pericia, les está salvando.

REAPOSTILLA

Yo pondría un cero a la derecha a todas las sanciones por exceso de velocidad, y penas de cárcel al que cometiera 2. Y no… querido criminal al volante, lo tuyo no es «querer ganar tiempo» y, ni mucho menos, «saber conducir», pues la diferencia entre respetar la velocidad, y no, es insignificante (muchos, además, tardan más que los sensatos, porque se van parando para jarrearse en bares o meterse farlopa). Lo vuestro es pura y dura psicopatía.

REQUETEAPOSTILLA

Sé de sobra lo fatal que conduce la mayoría, casi nunca por torpeza sino por imprudentes, pasotas e insolidarios. Imaginad esa necedad mezclada con el exceso de velocidad porque, sí, he ido innumerables veces en coches con mucho exceso de velocidad, de conductores expertos; y nos hemos topado con otros criminales torpes y veloces: la mezcla perfecta para los accidentes graves y mortales.

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