RAFAEL LÓPEZ:(cine) «El Mistral hispanoamericano».

He dedicado monográficos a sobresalientes directores patrios como el gran Rafael Gil, el estupendo José Luis Saenz de Heredia, incluso un artículo a la etapa mejicana de mi paisano Luis Buñuel Portolés. En fin, estando más que ampliamente justificados dichos artículos, y consiguientes recomendaciones cinematográficas, me ha parecido que no sólo los directores deben gozar del privilegio de mi pluma.
Antes de entrar en materia anticipo mis disculpas por ‘esbarrar’, en algunas ocasiones, de la línea axial del artículo para comentar, al paso, cuestiones que me parecen de interés.
Hablando de don Luis, es común que reconozcamos a muchos personajes por su primer apellido, sin embargo, en buena parte de esos casos, el apellido materno queda opacado. Es una gran verdad que, salvo anómalas excepciones, la influencia materna no se debe circunscribir al hecho de dar la vida y el segundo apellido a sus hijos, sino, como en el caso de Buñuel, llegar a ser esencial en el desarrollo de su actividad creativa. Si hay algo que tengo que valorar positivamente del malpresidente zapatero es la ley para la designación libre del orden en los apellidos. España, por desgracia, cuenta con apellidos abocados a la desaparición; la onmipresencia de los Pérez, López, García, Fernández, etc., etc., respecto de los Tristán, Loras, Alcázar, Contel y tantísimos más, convierte esa licencia administrativa en una acertada vía con la que tratar de preservar algo tan valioso como esos venerables apellidos (también en su faceta de memoria hacia quienes las portaban).
Los españoles “siempre tan atrasados” ostentamos los dos apellidos, y la esposa, al contraer las nupcias, no pierde su nombre de pila, lo mantiene con orgullo. Otros “tan europeos, modernos y cultos”, que viven en esa barbarie nominativa que supone que la esposa pierda su apellido al casarse y los hijos sólo tengan el del padre, no. Lógicamente en los países continentales se han ido dando cuenta (supongo que el feroz feminismo, de estos tiempos aciagos y de tribulaciones, habrá tenido algo que ver) y tratan de maquillar, con escasa lucidez y éxito, esa lacra nominal.

Vuelvo al redil.
Aunque este magnífico Blog ya cuenta con títulos selectos del imponente Jorge Mistral (en la relación posterior aparecen señalados en negrita), pretendo realizar un artículo dedicado a su etapa hispanoamericana, donde la relevancia mejicana es insoslayable. Por ceñirme aún más, me centraré en ese prodigioso primer lustro de los años 50, que ya me brinda abundante material para este artículo.
Realizando un somero repaso histórico, son significativas las diferencias, de ésos años 50 y la actualidad, en cuanto a las relaciones cinematográficas entre Méjico y España. Han de tener en cuenta que Méjico, en lo político, no reconoció al régimen de Franco. Sin embargo, ello no supuso impedimento alguno para la materialización de unas muy fructíferas relaciones artísticas. Les recuerdo que la imponente María Félix realizó en España, en los primeros 50, para Rafael Gil, su primorosa trilogía “Mare Nostrum”,“Noche del sábado” y “Una mujer cualquiera. No sólo éso, que por si mismo ya supone un bagaje de primer orden, también trabajó a las ordenes de Sáenz de Heredia en “Faustina” un título del año 1957. El charro cantor, Jorge Negrete, vino al solar patrio para rodar “Teatro Apolo” en 1950, también a las ordenes del señor Gil. Por parte española fueron muchos, y de gran calidad, los artistas que cruzaron el Atlántico: Amparo Rivelles, Aurora Bautista, Sara Montiel, etc. y, por supuesto, Jorge Mistral el icónico galán español.
Es decir, lo mejor de lo mejor cruzó el océano con intensidad y naturalidad para realizar producciones de calidad en ambas orillas. Méjico, durante aquellos años, actuó como un poderosísimo imán que atrajo a grandísimas estrellas, no solo españolas sino también hispanoamericanas: Libertad Lamarque, Marga López, Rafael Bertand, René Cardona, Rosario Granados, Rosita Quintana, etc., muchas de las cuales ya se quedaron allí para desarrollar sus carreras y sus vidas.
Una de las lecturas que saco de este feraz flujo artístico es la potencia lingüística del español, como activo privilegiado para que ese intercambio se materializará de una manera natural. Creo que no se valora lo suficiente ese bagaje (de hecho, se menosprecia y machaca día sí y día también) de la lengua común. Desde mi punto de vista subyace, dentro de cada individuo, esa querencia atávica respecto de sentir filiación hacia tierras y gentes que comparten el mismo idioma y éso es algo muy importante.
Quisiera recordar que no fue España quien impuso el español en Hispanoamérica, fueron los traidores masones criollos (con la inanidad de los corrompidos borbones) quienes ejecutaron esa uniformidad lingüística. De hecho, las lenguas originales se conocen gracias a la labor de la España universal. Así el náhuatl tuvo una gramática a mediados del siglo XVI, antes que el francés y muchísimo antes que el inglés, gracias a los monjes que se esforzaron en conocer y documentar las lenguas indígenas para desarrollar, con mayor eficacia, la evangelización de aquellos pueblos. No entraré en cómo España trata, hoy en día, al español y como deja que se le trate, porque me extendería en demasía.

Ahora, un Méjico carcomido por el ‘narco’ y una España sumida en una ciénaga de corrupción ¿qué intercambio, a nivel artístico, existe?, ¿que intérpretes de prestigio cruzan el ‘charco’? En fin, no quiero avinagrarles el artículo con estas últimas reflexiones y retomaré la esencia del mismo.
Que yo tenga constancia, la primera cinta de Mistral en Méjico fue “Pobre corazón” del año 1950. Como curiosidad decirles que, al ser un desconocido allí, su nombre aparece al final del elenco artístico, a pesar de tener el papel protagonista. Lo acompaña Guillermina Grin, también española que había recalado en Méjico un año antes. El apellido de la protagonista es en realidad Green (su padre era inglés), pero sabiamente nuestros hermanos de allá lo mutaron para adaptarlo a la fonética.
Por orden cronológico las siguientes películas fueron:
- 1951 – “Amar fue su pecado” con Elsa Aguirre
- 1951 – “Engañada” (ése es el título que figura en los rotulos, sin embargo en algunos lugares aparece como “Burlada”), de nuevo con Guillermina Grin
- 1951 – “Deseada” acompañado de Dolores del Rio
- 1951 – “Monte de piedad”
- 1951 – “Peregrima” (no he encontrado forma de ver esta película)
- 1952 – “Apasionada” con Leticia Palma
- 1952 – “El derecho de nacer”
- 1952 – “El mar y tu” con Marta Roth
- 1952 – “La mentira” con Marga López
- 1952 – “La mujer que tu quieres” (no he encontrado manera de ver esta película)
- 1952 – “La noche es nuestra” que ya tuvo acogida en el Blog, bajo el título original de la cinta que es “Noches de fuego”, donde estaba acompañado por Emilia Guiú.
- 1952 – “Tres caminos, un destino” (por internet aparece también bajo el título “Tres hombres en mi vida”) de nuevo con Marga López
- 1953 – “El conde Montecristo” es una producción argentina que forma parte de mis películas consentidas ¡ése es el nivel!.
- 1953 – “Quiero vivir” con Merche Barba
- 1954 – “Abismos de pasión” con Irasema Dillán
- 1954 – “Camelia” primera pelicula en la que comparte estrellato con Maria Félix
- 1954 – “Orquideas para mi esposa” de nuevo con Marga López
- 1954 – “Tres citas con el destino” producción de Argentina, España y Méjico
- 1955 – “Amar en cuatro tiempos”
- 1955 – “El caso de la mujer asesinadita”
- 1955 – “Más fuerte que el amor” otra película consentida de un servidor que ya forma parte del selecto fondo de armario audiovisual de este blog. Está acompañado por Miroslava.
- 1955 – “Para siempre mi amor” recientemente publicado en el blog y en la que la estrella femenina es Rosario Granados.
- 1955 – “Cabo de Hornos” producción chileno-mejicana con Silvia Pinal
Creo que estas dos docenicas de títulos cuantifican perfectamente el vínculo del actor con las producciones realizadas allende el Atlántico, ya que suponen más del 80 % de su actividad, delante de las cámaras, en ese primer lustro de los 50. De 1956 en adelante se produce un significativo cambio en los títulos elegidos por Mistral, decantándose por producciones españolas o coproducciones, principalmente italianas, llegando incluso alguna incursión en el cine estadounidense. Es una filmografía que, para mi, tiene un interés menor. La mayoría son guiones de cuarta y unas tramas deudoras de títulos previos más o menos famosos, en las que el principal activo es la presencia del de Aldaya.
En ese grupo de cintas, por supuesto la mayoria ya en color pero con poca sustancia, tenemos “Boy on a dolphin” producción useña para mayor gloria de sofia loren; “Amore a primera vista” coproducción italoespañola; “La spada e la croce”, “Le schiave di Cartagine”, “Racconti destate” “É arrivata la parigina” y “Shéhérazade”, esta última ya del año 63, cuyos títulos denotan su italiana procedencia.
En fin, aún realizaría algún titulo reseñable en Méjico como “La hermana blanca” del año 60 con Yolanda Varela todavía en primoroso blanco y negro; y “Juana Gallo” en 1961 de nuevo con María Félix. He disfrutado mucho con los siete títulos que no conocía de la filmografía reseñada, y éso a pesar de que la calidad de los videos disponibles en internet es lamentable.
Me despido ofreciéndoles una comedia deliciosa, cuya imagen y sonido aceptables supone quizás un argumento más para esta elección.
agosto 27, 2026 a 6:39 pm
Cuando comentaba en mi artículo la cuestión de la elección en el orden de los apellidos, he omitido que esa idea no surgió por una finalidad «salvadora» de apellidos señeros en vías de extinción. Fue todo lo contrario, ya que la fiinalidad era vender la «burra ciega» de la «igualdad» entre hombre y mujer y dar alas al rancio feminismo que pringó buena parte de la criminal actividad legislativa de ese hijo de Satanás.
Rafael López