ARTÍCULO: erradicar el aborto sería cuestión de meses y dinero.

«¿Quién se beneficia?» es una premisa axial en criminología. En el caso del crimen abortivo no lo iba a ser menos, en este caso para erradicarlo, sin fomentar el embarazo… ¿o sí? En este interrogante anida mi duda, sobretodo por la actual financiación española a la prole de los invitados/invasores.

Desde un punto de vista obtuso, eso del derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo y, por lo tanto, asesinar a su embrión (las más sádicas avispadas) o al feto, es equiparable a la libertad de suicidarse. Desde un punto de vista racional, «el derecho» al suicidio no debe de ser reconocido ni fomentado pero, de facto, existe abalado por el libre albedrío.

El aborto es legal en España, sobre todo hasta el mes 14 de embarazo. Y ayudar a realizarlo, al contrario que en el suicidio, también es legal y remunerado. Aquí voy a dar un giro de 180º, para centrarme en esto, pues seguir la hoja de ruta marcada en las líneas precedentes sería para un ensayo ingente y no para un artículo. Pretendo ayudar a salvar vidas inocentes, en el vientre de su madre, de la manera más efectiva que se me ocurre. Evitar que el lugar más inseguro par un ser humano sea el vientre de su madre.Lo desarrollo en unos breves esbozos. Desarrollar cada uno de ellos sería equiparable a otros tantos ingentes ensayos:

¿Quién se beneficia con el aborto?

Una vez asumido que el aborto es un asesinato, vamos con su génesis, desarrollo y justificación, según parámetros económicos que, al fin y al cabo, es para mí la principal causa de este crimen y su principal (y casi única) solución. Y no hay que confundir esta teoría mía – improvisada a vuelateclado – con los vientres de alquiler (gestación subrogada) ni la adopción, aunque son cuestiones paralelas con tendencia a llegar a ser tangenciales y hasta perpendiculares o secantes.

Más allá de su legalidad, según el país, la gestación subrogada y la adopción cuestan muchas decenas o cientos de miles de euros. Por lo tanto, ya hay un beneficio económico que, en este caso, beneficia a ambas partes.

¿Para evitar el aborto qué beneficio económico habría y quienes pagarían y se lucrarían?

Lo primero sería eliminar la barbaridad del aborto gratuito, porque aunque a los sensatos nos parezca atroz equiparar una vida humana con una cantidad económica, para las abortistas no es baladí: si les obligaran a pagar grandes cantidades económicas – o condenas penales – por el asesinato de su futuro bebé, se crearía un enorme hándicap, que ahora es acicate al ser gratuito y con paguitas post-asesinato. Por supuesto, debería haber una legislación muy punitiva sobre los abortos clandestinos o provocados por la propia embarazada.

Incentivar el embarazo sería labor de todos, al ser financiado por el erario. El lucro de los gestantes no sería tal, sino un pago (ayuda, realmente, pero si hay gente que lo ve como lo primero, la Patria se beneficia igual de su innoble acto) del país para su viabilidad como tal. Cada euro destinado a nuestra natalidad ya no sería expolio, sino inversión y solidaridad.

Lo principal es salvar la vida del futuro bebé. Y para protegerla, y fomentarla, nada mejor que el vil metal.

Usar el aborto como anticonceptivo va más allá de toda espiritualidad, ética e intelecto y, por lo tanto, huelga analizarlo; pero es real como la muerte misma. Pero como la fecundación responde a un acto simple y casi inevitable por mero instinto: fornicar; tenemos que estar preparados, porque fecundaciones las habrá a millones y a diario en todo el orbe.

Hemos de apoyar a las futuras madres y padres gestantes, siempre que quieran. Y cuando no quieran, obligarles (muy especialmente a la madre). Y el principal apoyo es el económico. Que nuestro expolio impositivo, según la renta de cada pareja (o madre soltera), avalen el embarazo, siempre sometido a unas circunstancias vitales básicas y racionales. Si alguien pretende hacer negocio con el embarazo, éste se llevará a cabo, pero sus gestantes sufrirán las consecuencias penales inherentes a tan vil acto.

Hay que crear una ingente infraestructura de natalidad española.

Nos va la vida en ello, si es que todavía hay remedio, que lo dudo. Tenemos que incentivar a la familia. Erradicar a siniestros hijos de puta como Perro Sandez que afirma que los españoles no queremos tener hijos. Y erradicar a sus socios de gobierno que gozan con el aborto, mientras no paran de parir, porque ellos sí que tienen dinero suficiente y, encima, sufragado con nuestro expolio.

Gracias a la perfecta implantación del satánico Plan Kalergi, estamos haciendo de España un país extranjero. Financiamos a todos y cada uno de los vástagos de nuestros enemigos. Pagamos la vida de todas esas familias, sobre todo sarracenas. Este suicidio inducido ha de terminar. Esta eutanasia obligatoria, este crimen silencioso de españoles que impide crear familias españolas y fomentar las invasoras/invitadas.

Y todo esto empieza por evitar el aborto. Con mis propuestas, peor no íbamos estar. Algo es algo. Aportar es vivir en sociedad. En lo único que no estoy de acuerdo es en impedir el aborto por violaciones (REALES, no la mayoría que se denuncian y sentencian), por malformaciones severas del feto o riesgo sumo de la vida de la embarazada. Nadie tiene derecho a traer una vida así a la Tierra. Pero estoy dispuesto a oír a quienes tampoco quieren el aborto, en estos 3 casos (el tercero sólo a petición de la futura madre, obviamente, porque tiene todo el derecho a arriesgar su vida pariendo). Sólo la dialéctica nos puede sacar de esta atroz situación que padecemos por culpa de la maldita Democracia.

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