ARTÍCULO: ¡Qué asco me da el ser humano y ser humano!(vivienda).
Inicio una serie de artículos contra el ser humano, especie animal desalmada de la que reniego, todos encabezados con una foto de una polilla que me observa en la cocina de la casa ilegal que tengo que pagar, encima. En esta primera entrega, rebuzno levemente sobre la vivienda.

«El problema de la vivienda» llaman los antropoides bípedos a la especulación y a la destrucción de su propia especie animal. Ni razas, ni etnias ni «culturas» ni martingalas al uso, somos una única especie antropófaga, criminal, secular, psicótica, indocta y sadomasoquista: somos seres humanos.
Para todas las especies animales, salvo la humana, la vivienda es un refugio contra las inclemencias meteorológicas y un lugar donde salvaguardar a la prole (camadas o crías, en los animales no humanos). PUNTO. No hay más, ni menos.
Pero hasta cuando pernoctas fuera de la casa que pagas o heredas (y, por lo tanto, ya pagó otro papanatas como tú) necesitas un refugio, un cobijo más o menos confortable. Y de esta necesidad nace el mayor mal humano sobre la Tierra: «el problema de la vivienda».
Pagamos, tan contentos, una media de 100 euros por noche en alojamientos que no son nuestra morada principal. Unos 3 mil al mes, gastos incluidos, faltaría más. Pocos pagan 3 mil euros al mes de alquiler o hipoteca, aunque cada vez más de los que nos pensamos (mis adoradas cacofonías). Tengo 50yAtila años y llevo unos 30 viviendo de alquiler o en casas ajenas (sin contar los 20 primeros en la casa pagada por mis padres o en las 1001 itinerancias en casas ajenas). Actualmente, y con infinitamente más dinero que nunca, no puedo vivir como lo hice siempre. ¿Qué ha pasado? ¡Qué cojones ha pasado! Pues el paroxismo del ser humano…

Hace más de 30 años acudí a una agencia inmobiliaria (entidad que en un mundo racional y espiritual no existiría), acompañando a un amigo que tuvo la insensatez de querer ser propietario de una vivienda, siendo pobre económicamente. En tan fatídico lugar leganense oímos a una puta zorra decir que su hija (con ella aledaña y no ceso en mis adoradas cacofonías) no quería el piso para vivir, sino como inversión. En ese mismo instante, inopinada y colosalmente, entendí el futuro «problema de la vivienda», ¡gracias vieja puta zorra que, espero por edad, lleve lustros hozando con Satanás!
No voy a relataros lo obvio de todo este entramado inhumano (o absolutamente humano y motivador – entre 1.001 cosas más que desglosaré en futuros artículos – de mi rechazo a esta especie animal). Ni a relataros como un tipo como yo ha podido sobrevivir (casi todas las noches de su vida cobijado) entre vosotros. Ese secreto lo desvelaré en la otra Dimensión, si alguien me pregunta, si no, no.
Sólo quiero que hagáis autocrítica. Que habléis un rato con el tipo del espejo. Preguntadle donde, cómo y por qué vive (de vivienda, no de vida). Que desglose lo que paga (el que pague, hay infinidad que no pagan, tanto en chabola como en mansión o palacio). A quien paga. Quien le paga a él para que pague. Quien paga al que él paga para que pague a quien no paga, al que cobra.
Pensad un poco, aunque sea por una vez en vuestra vida y así, tal vez, la especie humana tenga una posibilidad sobre la Tierra para dejar de ser la peor especie animal de la Creación. ¿Qué distracción fatal tuvo Dios al crearnos?
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