RAFAEL LÓPEZ: 45 minutos de privilegio.

Sé, a ciencia cierta, que están aburridos a más no poder y necesitan de la feraz carne fresca que proporciona el Blog de don César. Aunque algo indisciplinado, soy un galeote de su estarranclada balsa de náufragos, y me veo – a pesar de mi holgazanería endémica – en la obligación de remar mientras mi querido cómitre descansa, un ratico, de la agotadora labor de marcar el ritmo con las mazas.

En mi artículo de hoy trazaré un eje argumental (seguramente algo sinuoso) relacionado con esas series televisivas en las que, durante tres cuartos de hora, un personaje principal influye poderosamente en las vidas de otras personas. No necesariamente están relacionadas con asuntos policiales o detectivescos (“Se ha escrito un crimen”, “Starsky y Hutch”, «Corrupción en Miami”, por citar algunas de mi época); también las hay con un trasfondo más vivencial (“El virginiano”, “El fugitivo”, “Vacaciones en el mar” por volver a citar otras de mi época).

En ellas aparecen, y desaparecen, personajes a los que, durante el tiempo que dura un capitulo, el protagonista les influye notablemente en sus vidas, resolviendo “nudos gordianos” que les resultaban imposibles de solucionar por sí solos. En la vida real ocurre algo parecido. Quizás de una manera más sutil, no tan escenográfica, pero también pasan por nuestras vidas, “durante 45 minutos” personas especiales que nos influyen poderosamente.

Desde luego supone un privilegio conocer a esas personas que coadyuvan a una evolución interior insospechada y a un mejor conocimiento del mundo exterior. También, todo sea dicho, hace falta ponerse un poco el mono de trabajo, porque la cosa no consiste sólo en esperar recibir, creyéndose merecedor de dicha atención. Indudablemente uno de los mejores ejemplos de lo que les estoy contando en Don César Bakken Tristán, con quien esos 45 minutos duran ya más de un lustro, jajaja.

Por supuesto, existe un estadio superior formado por los formidables vínculos familiares y aquellos ‘amicales’ de intensidad y vivencias cual hermanos. En no pocas ocasiones no sabemos apreciar, en toda su intensidad, lo afortunados que somos, porque, al igual que ocurre en las series de televisión, el legado de esos “protagonistas” tan sobresalientes dura para siempre.

Cambio de tercio.

Soy cliente de una plataforma televisiva que, además de emitir canales generalistas (que nunca veo), zahiere a sus abonados con programas, películas y series deleznables (alguna mínima excepción hay, si no, no la mantendría). La mayor parte de los contenidos propuestos por la plataforma de marras están diseñados para las 3 G, es decir ‘gays‘, gilipollas y guarros (entiéndase en este último segmento televisivo a los rojos y peperos, que vienen a ser lo mismo).

Una de sus últimas aberraciones es una serie televisiva que trata de dos ‘gays‘ patinadores sobre hielo . Por supuesto sólo me he permitido leer las dos lineas de la sinopsis, lo cual ya me ha resultado hasta excesivo. No es la primera vez (por desgracia tampoco será la última) que machacan a su sufrida audiencia con contenidos solo aptos para el desquiciado movimiento lgtbi.

Soy consciente que una de las pocas cosas útiles que tiene la televisión es que sino te gusta lo que ves la puedes apagar. Pero me irrita que, mayoritariamente, exista una programación sesgada, manipuladora y zafia.

En fin, como de historias cinematográficas sobre patinadores de hielo apenas conozco, y siempre que escribo me gusta realizarles alguna recomendación de mi agrado, les animo a que, si lo que prefieren es no “resbalarse”, echen un vistazo a una película de Paul Newman que descubrí hace muy poco, su título es “El castañazo”. La cinta es del año 1977, y aunque tiene un metraje excesivo (para mi gusto le sobra media hora), al menos puedan pasar una entretenida velada sin ver corrompidas sus neuronas con porquerías. No se pierdan la parte final en la que se desarrolla un delirante partido de hockey que seguro les hará sacar una sonrisa.

https://m.ok.ru/video/2789169760950

Hasta que me encadenen de nuevo al remo.

Una respuesta to “RAFAEL LÓPEZ: 45 minutos de privilegio.”

  1. Avatar de Rafael López
    Rafael López Says:

    Como, salvo Don César, nadie opina en mis artículos, voy a iniciar una nueva costumbre: hacerlos yo.

    Sí, estoy ebrio, pero me da igual (pondría infinitas referencias cinematográficas, pero ¡para qué!. Al fin y al cabo, que no haya probado el agua desde el año pasado, no debe sorprender a nadie por generar estas vehemencias.

    Realmente poco me importa que comenten o no en mis aportaciones al Blog (tampoco lo hacen con el Señor Bakken y éso es muchísimo más infame). Disfruto muchísimo al escribir y en ocasiones hasta me divierto. Superé a finales del año pasado un etapa, emblemática para mi, ¡y ahora!, siendo igual es todo diferente.

    La Libertad que ofrece este Blog, si fuese conocida, conseguiría su extinción. Por éso, prefiero que sólo los cuatro majaderos que lo siguen y quieren perjudicar al cómitre; y los cuatro inanes, incapaces de una aportación digna de merito, hagan publicidad.

    Me decía don César de otra película que, siendo merecedora de aparecer en este insigne blog, bien pudiera haber servido de soporte cinematográfico para mi artículo. Me refiero a «Love story», cinta que nunca he visionado, salvo una especialísima recomendación, de una escena, de mi querido cómitre. Por lo visto algún personaje también es patinador de hockey sobre hielo y después de un partido o entremiento, y hasta las trancas de testorerona y adrenalina, fornica con su novia/amante (imagino que muy sutilmente porque la película es tolerada para todos los públicos).

    En fin, considero más adecuada mi recomendación, asumiendo las consecuencias que éllo supone.

    Y ¡Viva la vida! ésa que nos quieren quitar.

    Rafael López

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