
La foto de cabecera es mi búsqueda de un «cuponazo» que me regalaron la semana pasada, por circunstancias ajenas a mi voluntad pero anejas a mi obligación, pues sigo mi axioma: «un regalo no se rechaza, se acepta; y – si gusta – se disfruta». Por eso he mirado si me había tocado esa puta mierda llamada lotería, que ha nadie le amarga un dulce. Pero he ahí mi sorpresa con lo de «gracias por su colaboración», lo que deviene en este puñado de líneas siguientes.
Las loterías son el peor impuesto, porque el vulgo lo paga (y en cantidades ingentes de dinero) voluntariamente y para saciar su sed de mal, poder y – en definitiva – tener mucho dinero y estar por encima de sus conciudadanos. A nivel ético y social, para un ácrata la vida en sociedad regida por normas civiles o religiosas es abominable; ya si le sumamos la necedad del populacho para aumentar la barbarie estatal, de manera voluntaria y para «ser más libre», la cosa se sublima.

Desde génesis (en 1763 y creada por el bo(r)bón Carlos palito, palito, palito) fue clara: recaudar impuestos para la Corona. Y la manera de hacer colar este extraordinario impuesto era fácil: fines benéficos. Y como la ludopatía está en la génesis de la mayoría de homínidos, la Corona prohibió el resto de juegos de azar, timas y demás ludopatías particulares. Obtuvo el MONOPOLIO de los juegos de azar… ¡anda que no dan puntada sin hilo estos hijos de la gran puta!
Las loterías venían de los espaguetis de La Puta Bota (normal que, poco tiempo después crearan la mafia). Era tal la ignominia de este impuesto soterrado que hasta todo un Papa, Benedicto Equis, Palito,Palito, Palito (*), las prohibió, bajo pena de excomunión, en 1723. A los 3 años, fue el propio satánico, dizque Papa, quien la estableció, pero para uso y beneficio del Vaticano, jajajajajaja.
El en ínterin entre 1763 y hoy, muchas vicisitudes y divertimentos han acontecido con las putas loterías. Me quedo con sus inicios, donde los liberales de «la Pepa» se la adueñaron e inventaron la Lotería de Navidad, pues en esas fechas era más factible que la borregada cayera en la trampa. Con los lustros, que hacen décadas que forman siglos, el puto Estado fue perfeccionando su técnica hasta crear el actual entramado de Loterías donde el vulgo gasta cientos de miles de millones anuales que van, casi íntegramente, al Estado.

Apostilla
Que la puta ONCE siga usando lo emocional y benéfico, llamando «colaboradores» a los participantes en su pútrido negocio, es de traca. Y ya contaré mi relación con la ONCE, pues al ser yo discapacitado, «llamaron a mi puerta» para convencerme de que vendiera sus pútridos cupones.
(*) No pongo los números romanos de monarca ni pontífice, por TOTAL respeto a la estupidez de la Iglesia actual, tras oír como llamaban a Benedicto IV, «equis, uve, palito».
















