Creíamos en nuestras, hasta hace poco, opulentas sociedades que en el pasado hubo terribles épocas donde el oscurantismo, las enfermedades, las guerras y las tiranías sojuzgaban al hombre hasta postrarlo hasta los niveles más hadales de ignominia y miseria.
Yo era uno de esos ingenuos crédulos, porque la herencia recibida de nuestros Padres nos había brindado una vida con estándares de calidad muy superiores a los que Ellos tuvieron. Pero ¿cómo puedo pensar eso, hoy en día, cuando observo la terrible escena de ver cómo mis Hijos tendrán un futuro peor que el que yo tuve, e incluso peor que el de sus Abuelos?
A éso no se le puede llamar ni progresismo, ni salimos más fuertes, ni que vivimos en un Estado de derecho, social, libre y democrático. Todo son mentiras, y son solo una pequeña muestra de las que, sólo por cuestión de espacio, no detallo. Porque la realidad es que vivimos en una sociedad donde la mentira y la hipocresía reinan por doquier, donde los abusos del poder (nacional, autonómico y local) son tan nauseabundos que el aire hiede de tanta corrupción. Es cuasi imposible encontrar voces libres, y se constata a diario la vomitiva y genupectoral sumisión de jueces, medios de comunicación, empresarios, sindicatos, la Iglesia e incluso de buena parte de la sociedad misma.
Quien no sepa de qué estoy hablando, ni se moleste en seguir ¿para qué?, pero quien intuya la criminalidad de nuestros malgobernantes, su infamia y totalitarismo liberticida reconocerá en cuantas noticias de hoy, y de los funestos últimos 45 años, se justifica está opinión. Pero existe todavía un dato más aterrador, mire a sus hijos y trate de visualizar el futuro que les espera.
¡Qué edad tan tenebrosa para la cultura!, arte inexistente en el erial en que han convertido dicho concepto estas sabandijas pseudoculturales modernas. Sus miserias, sólo aptas para los miserables que les compran esas mercancías podridas, son una ofensa para quienes la hicieron grande. No ha habido una época con tal nivel de degradación y podredumbre. El estúpido, y ridículo, lenguaje inclusivo es la perfecta guinda de este grotesco pastel cultural actual.
¡Que edad tan tenebrosa para la sociedad!, porque antaño los pueblos tenían todavía el coraje, y el aliento vital, necesario para sublevarse ante la opresión. La grey actual, abducida por la droga que le proporciona el poder, sólo pide más droga, y no se atisba el menor impulso noble para revertir la tiranía globalista que con siniestra saña humilla a la Tierra entera.
¡Que edad tan tenebrosa para la decencia!, todo es prostitución y cobardía. Se profanan tumbas, se asimilan estúpidos conceptos de género, no se respetan los lugares sagrados y la jerarquía eclesiástica haciéndole el caldo gordo a todos los que cometen esas felonías directamente contraria a la Fe y al Bien Hacer. Porque cuando ya no se respetan ni a los muertos, ni la dignidad natural de los vivos, imagínense el espíritu filantrópico que, estos sanguinarios aprendices de brujo, tienen hacia sus siervos.
¡Que edad tan tenebrosa para la justicia!, inexistente por corrompida e inútil. El mejor síntoma es esa lentitud que decide los asuntos cuando el mal ya se ha perpetrado, en vez de tratar de evitarlo y castigar a los infractores. Si eres un siervo te crujen, si eres un malnacido secesionista, un ladronazo socialcomunista o una alimaña asesina etarra te privilegian.
Pero el peor colectivo de todos son los peperos, porque todos los anteriores al menos no se esconden, cumplen su malvada palabra, pero estos tibios del averno son la peor escoria que haya parido mujer (y sus muertos, asesinados por los sanguinarios etarras, tienen la parte interior de los féretros esguazadas de los arañazos y los puñetazos al ver las traiciones y las infamias de esta grey de emasculados.
Aunque son legión los cantantes que desarrollaron una fértil actividad en el cine, normalmente como vehículo para darse a conocer y aumentar la difusión de su faceta musical. En ese grupo nos podemos encontrar desde el gran Jorge Negrete, hasta Elvis Presley, o nuestro paisano Raphael. Sin embargo, es muy infrecuente el caso inverso, ya que han sido muy pocos los actores que se han aventurado en el mundo de la música. Tengo dudas si en esa natural cautela de «zapatero a tus zapatos» influyó esa simpática anécdota del gran torero Juan Belmonte, que les paso a relatar :
Resulta que un banderillero del torero trianero había llegado a ser Gobernador Civil, y en cierta ocasión acudió Juan Belmonte en compañía de un amigo a un evento el cual estaba presidido por el antiguo rehiletero del «Pasmo de Triana», produciéndose un diálogo parecido a este :
– Amigo (A): oye Juan, ¿es verdad que el Gobernador Civil que preside este acto formó parte de tu cuadrilla? – Juan Belmonte (JB): si (siempre tan lacónico en sus respuestas) – (A): oye Juan ¿y eso cómo puede ser posible? – (JB): pues cómo va a ser, degenerando
Un maño mediosordo debe ser, especialmente, prudente en no opinar sobre sobre cuestiones musicales, y como de cine, escribo en este blog más por osadía que otra cosa, afirmo que ambas actividades artísticas merecen mis respetos siempre que se realicen con dignidad. Imagino que en mis propuestas musicales de hoy así fue, y sin más dilación les presento a los tres guapísimos actores invitados a mi píldora musical de hoy.
Se tratan de:
– 1977 ↪ David Soul ➡ «Silver Lady» – 1989 ↪ Don Johnson ➡ «Tell it like it is» – 1992 ↪ Antonio Banderas ➡ «The Phantom of the Opera»
David Soul es mundialmente conocido por su personaje del detective Hutch en la popular serie policíaca de finales de los 70 «Starsky y Hutch». Posteriormente trabajo en algunas películas, aunque la mayor parte de su producción siguió siendo para la televisión.
Don Johnson interpretó al personaje de Sony Crockett en la serie «Miami Vice», la cual lo convirtió en un icono televisivo en la década de los 80, realizando algunas incursiones en el cine a raíz de su éxito televisivo.
Por último nuestro Antonio Banderas, cuyo poderoso bagaje cinematográfico le ha permitido ocupar un puesto muy relevante en la industria estadounidense, amén del predicamento con que ha contado siempre en nuestro país. Lo que he oído suyo a nivel musical siempre ha sido muy bien acompañado por cantantes de primer nivel. En España, lo más conocido (creo que) fue una colaboración, en el año 1997, con Ana Belén titulada «No se porque te quiero», pero, por no romper la armonía lingüística, he elegido una colaboración con Sarah Brightman en una pieza del musical «El fantasma de la ópera» de Andrew Lloyd Webber.
No, queridos lectores, ésto no es un ‘deja vu’ (es un término francés que significa ya lo he visto, o vivido) del pasado martes cuando, bajo la misma cabecera de artículo, aborde canciones cuyo título era un nombre de mujer. Porque hoy me dedicaré al cine, y lo hago con plena conciencia, y sana coincidencia, en esa natural cortesía masculina, de dejar pasar primero a las mujeres, ya que, dicha elegante costumbre, también tiene predicamento en mis píldoras cinematográficas.
Antes de avanzar en mi artículo debo realizar una advertencia universal para todas las píldoras cinematográficas que vayan apareciendo, semanalmente, en este estupendo blog. En mi primera cita (la semana pasada) les pude facilitar sendos enlaces donde visionar, gratuitamente, las tres películas seleccionadas, ofreciendo con ello un material videografico estupendo para pasar la semana. Esa es, y será, mi intención, durante este viaje cinematográfico, pero el hecho de que, en la píldora de hoy, me he encontrado con un par de problemas para brindarles enlaces, de acceso gratuito, para ver las películas me obliga a ser sincero, y en base a ello informarles que, siempre que pueda localizar un material digno para su visionado (tanto en versión original como doblada al español), se les ofrecere gustosamente, pero tengo muy serias reservas en poder alcanzar ese ambicioso objetivo todos los fines de semana.
Teniendo en cuenta que «Laura» y «Jennie» ya habían aparecido, en mi cita con el cine, he pensado en otras tres estupendas películas.
Los títulos elegidos son :
– 1939 ↪ «Ninotchka» de Ernst Lubitsch – 1943 ↪ «Jane Eyre» de Robert Stevenson – 1964 ↪ «Marnie» de Alfred Hitchcock
De nuevo tres europeos a los mandos de estas estupendas obras, intuyo que, perfectamente reconocibles, para la mayoría de los lectores, pero cuya calidad admite siempre un nuevo visionado. Si por el contrario, es la primera vez que tienen ocasión de verlas atense las alpargatas, porque van a poder tomar una píldora concentrada del mejor cine, grandes tramas, sublimes diálogos, actuaciones estupendas, en fin, una delicia para los sentidos.
Tenía guardados unos enlaces de las tres películas pero el de «Jane Eyre» lo habían eliminado estos sacamantecas de YouTube, aunque, afortunadamente, he podido encontrar uno alternativo. Sin embargo con «Marnie» no he tenido tanta suerte porque, el enlace disponible tiene una imagen de tan pésima calidad, que me avergonzaria el ofrecerseles. Ello no quita para recomendar la película sin reservas, si tienen posibilidad de acceder a una copia en vídeo, DVD, o emisión televisiva, con buena calidad.
Podría escribir hasta aburrirles, sobre cada una de ellas, pero un material tri-abrumador tan potente me llevaría a una extensión que convertiría este artículo en un tedioso texto de un juntaletras otoñal. Por ello, prefiero mantener mi filosofía de que lo principal es que vean buen cine, y les dejo hasta mi próxima cita del fin de semana. Por supuesto atenderé, en la opción de comentarios, cualquier sugerencia, u opinión.
Sí he de indicarles para que elijan, que película ver en cada momento, que «Ninotchka» es una comedia deliciosa con unas pinceladas románticas, «Jane Eyre» es un drama romántico de tomo y lomo, y «Marnie» (en España «Marnie, la ladrona») es un buen retrato psicológico, y afectivo, de una mujer, cuyos traumas infantiles la han conducido a ser una cleptomana, y una frigida.
Advertirles que el enlace de «Ninotchka» tiene un preámbulo ajeno a la película, perfectamente prescindible, que dura 5 minutos y 10 segundos, por lo que, si quieren pasar directamente al inicio de la cinta, omitanlo. Lamentablemente hay un fallo de sonido entre los minutos 36:25 al 38:35, pero tengan paciencia porque merece la pena ese sordo sacrificio con tal de disfrutar de esta inmortal comedia.
Por razones que no vienen al caso, tuve que «improvisar» la selección de canciones de mi primera píldora musical. Por ello, es de justicia y de esa natural cortesía masculina, suciamente denostada por el feminismo radical rampante, dedicar esta segunda píldora a las mujeres. Y, qué mejor manera, que presentando tres excelentes temas musicales, cuyo elemento común es compartir un nombre propio de mujer como título :
Tres trallazos sonoros, de primerísimo nivel, sobre los que hablaré un poco más adelante, ya que antes me anticiparé a las seguras quejas, de algunos lectores, sobre grandes canciones que, contando con esa misma característica, no han sido «privilegiadas». Ahí están «Maria» de Blondie, «Natalie» del gran Gilbert Becaud, «Sweet Caroline» del incombustible Neil Diamond, «Roberta» de Pepinno di Capri, «Sara» del grupo británico Fleetwood Mac en la etapa de su carismática vocalista estadounidense Stevie Nicks, «Angie» de los Rolling Stones, «Billy Jean» de Michael Jackson, «Maria Magdalena» de Sandra y seguro que un puñado de buenos temas más, que sólo la incuria de mi mala memoria zahiere, con su feroz ostracismo, en este humilde artículo sonoro. Pero deben comprender que quedaré fatal si, a las primeras de cambio, infrinjo mis propios criterios de mi cita musical de los martes. No es que no lleve intención de no hacerlo, es que no lo haré, porque está «problemática» (¡bendito problema!) se me va a dar todas las semanas, debido a que siempre habrá más de las que, finalmente, ocupen un lugar en mi podio musical. Deben tener en cuenta que el principal objetivo de mis píldoras es echar «los oídos atrás» y «recuperar» grandes, e inolvidables, canciones (las elegidas, y las que se tuvieron que quedar en la recámara).
«Eloise» es una estupendísima versión que Tino Casal realizó del tema homónimo del año 1968 de Barry Ryan. En lo que a mi respecta, supera al original y, además, es tan chulo que canten en español y entiendas lo que cantan. Esta canción iba incluida en el disco «Lágrimas de cocodrilo», y fue uno de los mayores éxitos de este gran artista, que un fatal accidente de tráfico nos privó de su talento.
«Gloria» es una muy buena canción del italiano Umberto Tozzi, que la mayoría reconocerá por la, tremendamente popular, versión que, tres años después, hizo de ella Laura Branigan, aunque ya en inglés.
«Lady Laura» inolvidable temazo del gran Roberto Carlos. Me comentaba un querido Compañero de Madrid, muy buen conocedor de Brasil, que Roberto Carlos es conocido como ‘o Rei’ en su país natal, y que, todos los años, efectuaba allí un concierto gratuito el día de Navidad (¡eso sí es un regalo, y lo demás hostias!). Les aseguro que esta canción, dedicada a su Madre, forma parte de la banda sonora de los de mi generación.
Canciones en español, italiano y portugués, un «menú musical» que creo «marida» muy bien entre ellas, y que, a pesar del tiempo transcurrido, se mantienen, cual titanes, poderosas y, plenamente, vigentes.
P.D.: me voy a permitir realizar una postdata que rebaje, notoriamente, el nivel de mi artículo: ¿creen ustedes que estas tiorras ultrafeministas, y de las que comulgan con la luciferina ideología de género, pueden ser fuentes de inspiración para crear canciones del nivel de las mencionadas en mi píldora de hoy?
Ya les doy la respuesta, NO (lo único que inspiran son arcadas).
Comienzo mis píldoras cinematográficas manteniendo el hilo de cierta reflexión realizada en «Laura», mi última «recomendación clásica», realizada hace un par de semanas. Destacaba entonces la poderosa presencia del cuadro de Laura en el salón de su apartamiento. En esta transición, a mis novedosas píldoras, he creído oportuno seguir buceando en aquéllas películas cuyas tramas presenten una notoria influencia de un cuadro, o de la inspiración pictorica.
El material que les voy a presentar no se trata de ese tipo de películas autobiográficas sobre pintores, siempre tan tributarias de su vida y obras, como, por ejemplo, mi recomendación de hace mes y medio «El tormento y el éxtasis», sino de historias en las que un cuadro ejercerá en parte, o en todo, una influencia notable en el desarrollo de la narración.
Las tres obras, de primerísimo nivel, que les presento son:
– 1944 ↪ «La mujer del cuadro» de Fritz Lang – 1945 ↪ «Perversidad» de Fritz Lang – 1948 ↪ «Jennie» de William Dieterle
Habrán observado que son tres películas realizadas en la misma época, coincidencia que no se limita a su fecha de realización ya que comparten la procedencia europea de sus directores (Fritz Lang era austro-hungaro y Dieterle alemán). En cada una de ellas un cuadro ejercerá una influencia muy diferente, y aunque no quiero extenderme en demasía, les realizaré un sucinto comentario de cada una de estas grandes obras :
Fritz Lang dirigió a Joan Bennett y Edward G. Robinson en esta historia, mucho menos angustiosa la segunda vez que se visiona, porque conocer el desenlace aligera, significativamente, la tensión de la trama. Es una cinta de gran calidad, con buenos diálogos y una imagen más que notable que ofrece nuevos detalles en cada visionado. Colaboran con el dúo protagonista grandes actores como Raymond Masey y Dan Duryea, en una historia que contiene grandes dosis de suspense.
Al año siguiente el mismo director se embarcó en una nueva película con la misma pareja protagonista, aunque, en esta ocasión, la historia tendrá un contenido, y un final, más amargo y trágico. Vuelve a acompañar a Joan Bennett y Edward G. Robinson el solvente Dan Duryea en un papel de buscavidas sin escrúpulos que borda.
La escena en la que el personaje que interpreta Edward G. Robinson le pinta las uñas de los pies a Joan Bennett memorable. Los diálogos, y la convivencia, con su esposa ofrecen, también, momentos de gran nivel.
Y, finalmente, «Jennie», o «Retrato de Jennie» según las fuentes (el título original en inglés se ajusta mejor al segundo de ellos), película que fue considerada por Buñuel como una de las mejores que se habían hecho. No discutire el criterio de mi paisano calandino, y si les puedo decir que el elenco de actores, de primer nivel, está encabezado por Jennifer Jones, Joseph Cotten (uno de mis galánes preferidos), y la estupendisima Ethel Barrymore, cuya sola presencia dignifica, mejora y ennoblece, cualquier película.
El productor, de esta cinta, David O. Selznick, esposo por entonces de Jennifer Jones, contrato al famoso retratista estadounidense (aunque ucraniano de nacimiento) Robert Brackman para que, durante una quincena de sesiones, realizase el cuadro que aparece al final de la pelicula. Dicho obra pictórica fue adquirida, por el propio señor Selznick, al finalizar el rodaje (lo que desconozco es si la colocó en el salón de su casa).
Al igual que las anteriores, posee una buena imagen, sonido y diálogos. En esta ocasión la trama gira sobre la inspiración artística, ofreciendo referencias continuas a los sueños, y los presentimientos, como soporte de la misma.
Se que va a resultar empresa harto complicada pero pretendo, con estas píldoras, ofrecerles la mayor cantidad de cine posible, ¡buen cine!, ¡grandes películas!, porque lo mejor que se puede hacer por el séptimo arte es ver abundante y de cálidad, así se educa el «paladar» y el cerebro.
Estamos de enhorabuena porque, para esta primera píldora cinematográfica, les puedo ofrecer sendos enlaces de las tres películas, con lo cuál podrán disponer de un fondo de armario cinefilo, de primerísimo nivel, hasta mi siguiente entrega el fin de semana próximo. Las dos primeras son en versión original subtitulada en español, mientras que «Jennie» esta doblada en español.
Inicio este periplo musical y cinematográfico, del segundo semestre del año, introduciendo algunos cambios formales en mis recomendaciones. Para empezar el formato pasará a ser el de unas píldoras (musicales y cinematográficas) con tres piezas musicales, o películas, con un nexo de unión entre ellas, aunque, posiblemente, sea algo ecléctico en alguna ocasión.
Como el señor Bakken Tristan me tiene consentido no ha puesto objeción alguna a estos cambios, aunque debo advertirles que no esperen un ejercicio de erudición, en mis renovadas recomendaciones, ya que se basan, exclusivamente, en mis recuerdos, con un poco de maquillaje consistente en haber revisado alguno de los datos principales.
Así que vayamos al lío: en esta primera píldora musical voy a recuperar tres temas, que por si mismos justificarían una de mis antiguas recomendaciones, cuyo elemento de afinidad es formar parte de ese sonido, británico y estadounidense, de los primeros 80 que se llamó Techno pop, íntimamente ligado a otras tendencias de la época como la New wave, y el Synth pop. La significativa aparición de sintetizadores en la música, con el grupo alemán Kraftwerk como referente en la materia, y de equipos electrónicos de todo pelaje formaron una de las señas más reconocibles de esta tendencia musical. En estos paramos el exponente más reconocible podría ser, creo yo, Mecano, en una década que comenzó su singladura musical con el inicio de la bendita etapa crepuscular de ABBA, y en la que surgirían como referentes pop y rock, más comerciales, Michael Jackson, Modern Talking y el incombustible Bruce Springsteen (sí, ése que brindó con una litrona de cerveza con mi querido César).
Como se me da fatal el inglés (todo se pega), no les puedo decir de que van las letras pero si les diré que son temas bastante conocidos, y oídos en su momento, cuya calidad les hace llevar, a la perfección, los ocho lustros de existencia. Me he dejado en el tintero, entre otros, a la estupenda Kim Wilde con temas como «View from a bridge», «You keep me hagin’ on» o «Cambodia», y un buen número de grupos como Ultravox, Classix Nouveaux, Pet shop boys, Level 42, Talk talk, OMD (Orchestral Manoeuvres in the Dark), Visage, Talking heads, Soft cell, Tears for fears, Depeche mode, etc., pero estoy convencido que habrá ocasión más adelante de recuperar alguno de los emblemáticos temas musicales de estas formaciones. Tal vez no sean los temas más representativos, de esta tendencia musical, pero siempre ha sido privilegio del que pone los discos, elegirlos:
– 1982 ↪ Sniff’n the tears «Hungry eyes» – 1983 ↪ Yazoo «Nobody’s diary» – 1985 ↪ Cook Robin «Just around the corner»
Sniff’n the tears es una banda británica cuyo vocalista Paul Roberts, además de ser su líder, es el único miembro que ha permanecido desde el principio. Tuvo un éxito tremendo en 1978 con «Driver’s seat», y el que les presento hoy no le va a la zaga.
El dúo británico Yazoo estaba compuesto por Alison Moyet y Vince Clark, tuvieron una fugaz permanencia ya que decidieron separarse muy pocos años después de su formación. Podría haber seleccionado su tema más reconocible «Don’t go», pero el que les ofrezco les aseguro que es de primer nivel.
Cook Robin es una formación estadounidense liderada por Peter Kingsbery de grandes, y poderosos, existos en esa década de los 80. He dejado tirados excelentes temas como «The promise you made», «When your heart is weak», «Though you were on my side», pero las elecciones difíciles es lo que tienen.
¡Sintonicen la mejor música de los 80 en la discoteca nostálgica de Rafael López, del blog de don César Bakken! (¡la entrada es gratuita!, sin consumición, eso sí)
Todavía ando turbado por una de las principales programaciones para las fiestas fundacionales de Las Palmas de Gran Canaria, que se celebran para el día de San Juan. Ese día, de hace cinco siglos y medio, es la fecha oficial por la que se incorpora la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria a la corona de Castilla. Antes de la llegada de los españoles / castellanos / godos a la isla, para su definitiva incorporación al territorio español, hacia algo más de un siglo que navegantes mallorquines, portugueses y genoveses se daban garbeos por estos lugares (sí quieren saber más consulten los datos históricos en la biblioteca, porque me he vuelto demasiado holgazán para hacerlo por ustedes).
No voy a quejarme porque el Ayuntamiento de la localidad donde resido trate de atraer al turismo británico, dada la que está cayendo en las islas con una pésima imagen turística internacional, por culpa de la emasculada laxitud del malgobierno de Sánchez ‘el mentiroso’ (lo pondría en mayúscula pero con el ego que tiene este fatuo engreído seria demasiada indulgencia) con la inmigración ilegal marroquí; ni porque haya un paro juvenil del 60 % y figuremos en el podio del paro en España; mi doliente queja es porque la raíz, de todos estos males, nace del malgobierno de España, del malgobierno de Canarias y del malgobierno de Las Palmas de Gran Canaria, un nefasto trío de inútiles, y criminales, redomados incapaces de hacer algo bueno por los siervos tributarios que tienen a su cargo.
¡Ah!, se me había pasado informarles que las tres instituciones son socialcomunistas, la perfecta combinación para generar la ruina en los, por lo demás demasiado pacientes, canarios.
No, no fui a ninguno de los actos programados, ¿para qué?, sí tienes que ir con el puto bozal y con la insignificante recompensa de un té con pastas. Si al menos hubieran contemplado algún ‘lingotazo’ etílico me lo hubiera planteado, pero una programación para amebas, sin gota de sangre, cómo que no.
No es que esté especialmente en contra de una potencia invasora de nuestro territorio (Gibraltar, para los lerdos) ¡qué también!, sino de los que se dicen españoles y apóstatan de dicha naturaleza. Pero que puedo esperar de los enemigos si los «amigos» me traicionan. Vengan pues fiestas del orgullo LGTB, y del quinto centenario de los ingleses en las islas, porque hay que animar el asunto, aunque nuestros criminales malgobernantes sean la pútrida esencia de la escoria luciferina.
He podido encontrar en Internet la película que se menciona en la programación. Un almibarado masaje al legado británico en las islas, de unos tres cuartos de hora, con el siempre genupectoral apoyo del dinero público (¡a quien ose contabilizarlo como una de mis recomendaciones cinematográficas lo cuelgo de los pulgares!).
Me estimula la idea de lo que el señor Bakken hubiera conseguido realizar con ese presupuesto y esos recursos, e incluso con la tal Harryet (en sus años de soltero ¡claro!).
Y si algún lector, se atreve a decirme ¡y tú qué cabrón!, con toda amabilidad le responderé qué de medios audiovisuales mi bagaje es igual a cero, por lo que en ese asunto no tengo más que añadir, y respecto al segundo que hace más de seis lustros que mi devoción conyugal me sujeta los pulsos a ese respecto (cuando el lector alcance ese nivel que me pregunte ¡si se atreve!).
Y, sin más, yo me despido de ustedes hasta que un nuevo cartelón sobresalte mi rutina mundana.
Cuando echo la vista atrás me sobrecoge la despiadada degeneración que se ha producido en la sociedad española y, en general, en todas las occidentales. Tal vez son, a día de hoy, los países que soportaron el criminal y sanguinario yugo comunista, los únicos capaces de identificar al MAL y combatirlo eficaz, y coherentemente (seguramente se deba a que lo conocen mejor que nadie, por haber sufrido esa terrible experiencia). Existen diversos factores, en todo éste desquiciamiento de las sociedades actuales, aunque es, en los últimos tiempos, la imposición de la terrorífica agenda globalista el principal de ellos. España viene realizando un papel, sumamente, grotesco en toda esta decadencia social porque con el bagaje histórico que poseemos, actuamos como unos acomplejados incultos, e inicuos. De los valores de universalidad y cristianismo, que España difundió por el orbe, ya no queda casi nada, y es motivo de escarnio, para todo biennacido español, que seamos, precisamente, nosotros mismos los alumnos aventajados de la destrucción ético-moral asociada a la tiranía totalitaria del proyecto globalista que deshumaniza al Hombre.
Después de haber visto como se profanaba la tumba de un gran militar y estadista español (don Francisco Franco Bahamonde, para que lo entiendan hasta los lerdos) en aras de un revanchismo histórico revisionista sin precedentes en la historia (ya ni se respeta el descanso eterno de los muertos), llevado a cabo por una castuza política sectaria a más no poder, con la aquiescencia de las prostitutas instituciones del Estado (Justicia, Corona), la vergonzosa sumisión de ese partido centro-centrado bueno para nada, e incluso, de manera ignominiosa, por parte de la Iglesia católica (estaba enterrado en sagrado) a la que había librado del terror, y genocidio, frentepopulista, ya no me sobresalta cuasi nada. La continua, y burda, defenestración de los nombres de relevantes personalidades del pasado (sean de la época de Franco, o no) en las calles y ámbitos públicos; la inquina con la que se destrozan y mancillan estatuas, crucifijos y lugares de culto forman un conglomerado de siniestras actuaciones tendentes a reescribir, en muchos casos a destruir, nuestra historia, su legado y nuestras tradiciones en base a unos criterios analfabetos y psicópatas.
Pero el principal problema es que la sociedad misma está profundamente agusanada tras décadas de un feroz adoctrinamiento «democrático». Nos han engañado, y lo han hecho muy bien (en cuanto a la consecución de sus infames objetivos), haciéndonos creer que el régimen «democrático» de 1978 estaba fundado, y nos había traído, la libertad, la prosperidad y la justicia. Observo con estupor la satánica labor de ingeniería social realizada, en los últimos nueve lustros, con la institución familiar, el respeto a la vida humana (aborto y eutanasia), y la libertad individual. Todo ello ha sido llevado a cabo por unos politicastros sin escrúpulos, unos medios de desinformación corrompidos hasta las náuseas, y una miriada de redes clientelares, afines a los partidos progues (socialcomunistas, secesionistas y peperos), cuyos fines son, por acción u omisión, la dilapidación de esos nobles valores. La labor de doma que se ha ejecutado contra los españoles ha penetrado de tal manera, que las conductas sociales, mejor dicho el postureo social, se ha ido convirtiendo en lo corriente (nunca mejor dicho). Se han adoptado, sin pudor ni rubor, patrones de conducta asociados a la amoralidad, la frivolidad en las relaciones humanas, la exaltación de la mediocridad y la absoluta carencia de principios ético-morales. Y todo ello, mientras se desdeñan las recias costumbres, y las virtuosas formas de vida, de nuestros Padres.
La neolengua es un síntoma más de esa degradación de la sociedad. Ahora ya nadie habla medio normal, y yo soy el primero que, vergonzosamente, ha sido arrastrado por esa brutal inercia colectiva. Pero cómo «mientras hay vida hay esperanza», realizo propósito de enmienda desde aquí, y ahora. Por ese motivo, ni aun para la crítica, como he hecho en alguno de mis artículos, transcribiré esos ‘palabros’ que estos hijos de Satanás nos imponen. Aplicare el viejo dicho de «que no hay mayor desprecio que no hacer aprecio», y evitare la traslación de la cáustica terminología, y retórica, de estos malnacidos que se autoproclaman como adalides del progreso humano y del respeto, obviando que sus acciones e ideas, son la antítesis de todo ello.
Porque el estúpido, suicida y decadente lenguaje inclusivo y toda esa quincalla de la terminología progre asociada a la absurda y oligofrénica ideología de género nos están convirtiendo en putas arrastradas obligadas a hacer ininterrumpidas mamadas (los cursis, y eufemísticos, términos alternativos me resultan ridículos) a los amos de la corrección lingüística, social y política.
Escribiré, y hablaré, cómo me enseñaron mis Padres y maestros, huyendo, como si fuese de la peste negra, de esas cutres formas de la neolengua. Desgraciadamente un vulgo drogado, con la basura mediática con la que nos bombardean inmisericordemente, asiste complacido a un proceso de emasculación general por el cual son convertidos en un atajo de borregos que, inermes y sumisos, acogen con júbilo la criminal agenda globalista.
Yo no soy un hetero, blanco, católico, etc., etc., soy Rafael López, Esposo y Padre de Familia. (punto)
Está delirante manía de clasificar a la borreguil población, entre otros criterios, por sus instintos sexuales me tiene más que harto. A mi qué hostias me importa lo que hagan en la cama, o con quién se acuesta cada cuál. Me repugna que estos carnuzos globalistas colectivicen a las personas en función de aspectos íntimos y/o personalísimos. Cualquier dato que no aparezca en el Registro Civil debería estar vetada su utilización para evitar marcarnos como si fuésemos reses.
La intimidad sexual no es un determinante de nada, ¿por qué darle esa relevancia? A mi sólo me interesan las cualidades de cada persona: si es sincera, si es un borde, si es un buen profesional, si es una alimaña, etc., porque dichas características personales si me son utilidad para confiar, o para defenderme. Cuando me relaciono con alguien quiero saber: si es en un ámbito personal, si es buena persona; si es en el ámbito laboral, un buen compañero; si soy su cliente, o él el mio, que la relación esté fundamentada en el respeto y la profesionalidad. Yo conozco, he trabajado y me han atendido maricones (no pienso utilizar un absurdo término anglosajón, ni el eufemismo homosexual que no identifica si es un maricón, o una lesbiana, ya que engloba a ambos) sin que jamás les haya, o me hayan, faltado al respeto, ni haya supuesto condicionamiento alguno para el natural desenvolvimiento de dicha relación personal, laboral o mercantil. Por supuesto que jamás les he realizado mención de sí eran maricones, ni aun menos lo he comentado con terceros. Y respecto de las lesbianas (término culto y más correcto que el de tortilleras, que era el que se utilizaba en mis juveniles años de mozo) imagino que también las habré tratado, aplicando el mismo criterio que a los maricones.
Nada me importa que espantajos televisivos, criminales ministros, mediocres políticos, o personajillos públicos asuman, por activa o pasiva, su inclinación sexual y la terminología que estoy usando, porque tal vez, a ellos, les resulte relevante, o hasta estimulante; a mi, les aseguro que me es, totalmente, intrascendente. Ni harto de coñac le diría a nadie ¡eh, tú maricón!, porque nada me importa, ni es asunto mio, su vida íntima y privada. Le llamaré, como Dios manda, por su nombre, así se llame Juan, Jaime, Jacinto o José. Por ese motivo, este tipo de palabras viven en el ostracismo más severo de mi vocabulario. Aunque es cierto que, en contadas y recientes ocasiones, he utilizado el término maricón en mis artículos, y correos privados, ha sido como traslación de lo que ellos mismos habían admitido públicamente, por activa o pasiva.
Escribía hace varias semanas sobre la burda prostitución de la terminología de la institución del matrimonio por parte de maricones y lesbianas. Creo que una de las principales raíces de este problema son las presiones de los lobbys, de esos colectivos, hacia los políticos afines y tibios, amén de los putrefactos medios desinformativos, para implementar esa vampirización y tratar de dignificar, léxicamente, las uniones civiles entre personas del mismo sexo. Ocurre que, como estos carnuzos de políticos y periodistas son con diferencia los más lerdos del páramo patrio, son incapaces de crear una terminología adecuada y propia (creo que una buena parte de estos colectivos están encantados con esa lerdez porque así pueden fagocitar, cómodamente, la terminología tradicional). Por ejemplo, si veo dos maricones, que no conozco de nada, saliendo del juzgado por haber realizado un acto de unión civil, digo, exactamente, eso. Si conozco a los intervinientes diré, que Jeremías y Julio han realizado un acto de unión civil, pero no pienso arrastrar la piedra de molino de que se diga que han contraído matrimonio, que se han casado, o que son marido y marido.
Venimos viendo como, implacablemente, las avanzillas del neolenguaje redefinen, y reestructuran, la sociedad, de este repugnante Estado fallido que es España, introduciendo una terminología, unos conceptos, y unas formas de vida completamente alejados de todo lo sencillo y de cualquier buen concepto de ética y moral. Como la sociedad española, severamente corrompida, se deja hacer, no se sorprendan si, cualquier día, la Real Academia de la Lengua admite el acrónimo «LGTB» como una palabra, dada la promiscuidad de su uso. Agravios mucho mayores, ya, se han cometido y apenas ha habido un puñado de voces libres que se hayan hecho eco de semejantes tropelías. Que sea el propio Estado el que coadyuve la presencia de todas estas chapuzas lingüísticas, y sociales, dice mucho de lo necesarios que son unos sólidos principios individuales para defenderse de esta apisonadora totalitaria.
Por ello, es la actitud, y la conciencia ético-moral, de cada lector, la que trato de excitar con mi artículo, porque se puede ceder ante esta brutal represión, de mentiras, estupidez e hipocresía, a la que estamos sometidos, durante algún tiempo, incluso durante demasiado tiempo, pero ningún alma noble se puede permitir no romper, un día, las cadenas de indignidad, y vulgarización, que nos atenazan. Afortunadamente, cuando eso se consigue se deja de ser un siervo para convertirte en una persona Libre (por lo menos de mente y de alma, que es el principio de todo). Esa Libertad individual es una de las mejores herramientas para hacer frente a la mendacidad, que habita por doquier, y a las deshumanizadoras ideas colectivistas, y globalistas.
Escuché hace bastante tiempo una anécdota sobre el capitán de la selección de fútbol uruguaya, tras su victoria del mundial de fútbol de Brasil (de 1956, creo), a resultas de haber vencido en la final, por 1-2, a la selección anfitriona. La cuestión es que, diversos reporteros, le estaban realizando una entrevista y exaltaban el eco que en la prensa había tenido esa gesta, entonces Él les vino a decir algo así «miren ustedes los periódicos sólo dicen dos verdades la fecha y el precio, y a veces hasta en eso se equivocan». Traigo a colación esta acertadísima cita porque siguiendo tan sabio análisis hace meses que ni leo prensa generalista (he eliminado hasta los enlaces de Internet), y centro mi atención, exclusivamente, en personas que sí realizan excelentes labores de investigación y divulgación. Les aseguro que, dentro de mis limitaciones, ha mejorado, considerablemente, mi capacidad de raciocinio.
Durante mi última residencia en Madrid, allá por el 2015 o el 2016, la socialdemócrata pepera de Cifuentes, y sus secuaces, malfurnieron dinero público realizando una intensiva campaña publicitaria de reconocimiento y visibilización hacia maricones, y demás gremios entreperniles. Yo la percibí a través de su significativa presencia en los paneles publicitarios ubicados en el Metro. Tal como la recuerdo, las frases de los cartelones eran las siguientes «Yo soy bisexual», «Yo soy lesbiana», etc., etc. (desgraciadamente no puedo ofrecerles respaldo fotográfico, porque, entonces, ni imaginaba que iba a estar haciendo ésto que estoy haciendo)
Hace pocos días iba, pacíficamente, a realizar unas compras domésticas, y me dan una hostia (no física, nuevamente visual), en forma de un cartelón ubicado en uno de esos soportes verticales que hay en las ciudades. El cartel de marras también, vomitivamente, pagado con el dinero de todos, en este caso del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, tenía como frase emblemática «Orgullosa de ti» apareciendo dos maricones con barba y bigote negros, pelo rubio, bastante entrados en kilos, y enfundados en unas prendas incalificables, con unas medias negras de esas como de rejilla.
Desconozco cuantas personas habrá en Las Palmas orgullosos de si mismos, incluso sí esos maricones (o lo que sean) del cartel lo están. Personalmente dudo de mi mismo, lo suficiente, como para sentirme orgulloso de mí, aunque eso no quite que me sienta profundamente orgulloso, en primerísimo lugar, de mi Familia.
Me considero una persona respetuosa al igual que millones, y millones, de españoles que, también, tienen en el bienhacer, y en la Familia, la espina dorsal de sus vidas. Por ello, espero (disculpen la licencia retórica) que a renglón seguido de ese bochornoso, y público, adoctrinamiento visual, el socialcomunista Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria muestre a algunos de esos anónimos, y probos, españoles que, también, se sienten orgullosos, aunque estén sufriendo la inquina de ver como se esquilman sus patrimonios a través de los, represivos y expoliadores, impuestos que son malgastados en estas mamarrachadas. Porque ya está bien que se hable tanto de pluralidad y de respeto cuando se vilipendia a la mayoría de la sociedad, ocultándola como si tuviésemos algún tipo de tara ignominiosa incompatible con la decencia, mientras se privilegian, impúdica y sectareamente, a ciertas minorías, minoritarias, ¡a lo bestia!.
La única tara que yo observo, en los españoles, es cómo no nos sacudimos el yugo que, con infame saña, nos han puesto ésas garrapatas liberticidas y criminales que nos malgobiernan desde hace 45 años (lo escribo así para que lo entiendan hasta los que se les atraganta el término, o el concepto, de la palabra lustro). Para colmo de males, en los últimos tiempos, no dejan de darnos por el culo con la puñetera doctrina globalista y la ideología de género.
Dado el ostracismo público de la castiza palabra maricón, considero oportuna una rehabilitación digna de dicho término, aunque la misma sólo sea apta para aquellos paladares cultivados, valientes y honestos capaces de utilizarla, sin ningún tipo de diferenciación en los ámbitos público y privado, proscribiendo cualquier uso como descalificativo personal.
Recordando como una reciente Ministra de Justicia del Reino de España, y actual Fiscal General del Estado, aplicaba dicho término, en un tono, totalmente, despectivo, hacia un compañero de partido y del Consejo de Ministros, creo que esa dignificacion del término es completamente necesaria. Porque, en lo que a mi respecta, ser un maricon no supone ningún tipo de connotación negativa (allá la libertad sexual de cada quien), es ese uso arrabalero de quien no se atrevería a decir, jamás en público, lo que impudicamente dice en privado, lo que me indigna.
El término maricón tiene utilidad en el lenguaje por su incuestionable capacidad definitoria, y por eso desprecio su mal uso, a modo de insulto, por parte de sujetos cuyo primitivismo léxico, e intelectual, les impiden emitir otra cosa que no sean exabruptos.
Abomino de esos eufemismos como «salir del armario» y chorradas por el estilo. No hay nada más ridículo que la hipocresía en no asumir la realidad de las cosas y llamarlas por su nombre.
A pesar de lo expuesto, y en otro orden de cosas, estoy en total desacuerdo con la posibilidad de que parejas homosexuales adopten niños, así como de los vientres de alquiler y todas esas burdas pretensiones de imitar a la Familia tradicional, por parte de las parejas, legalmente unidas, del mismo sexo.
Como la realidad siempre supera la mediocre normativizacion de nuestros sacamantecas legisladores es posible que se puedan producir situaciones en las que se justifiquen las sanas excepciones de la norma.
Se que don César no siente una especial inclinación por las concordancias temporales, numéricas, astrologicas y demás «celebraciones», pero me gusta incordiarle, de vez en cuando, y ser fiel a mi naturaleza.
Si, estimados lectores, hoy estoy de efeméride porque el señor Bakken publica mi artículo número 100, en esta culta, sincera y liberrima «balsa de náufragos». Nunca pensé en haber llegado tan lejos en mi actividad de juntaletras, de vocación tardía, y me siento hasta, un poco, emocionado. Han sido ocho meses de intensa producción personal, aunque alejada de las despiadadas ratios de ese par de «malditos», pertinaces e irredentos, que me tienen, completamente, zaherido con su infernal ritmo creativo. Poco parece importarles incumplir la propia máxima del «tirano» de que «es mejor la calidad que la cantidad».
Pero si existe una tiranía especialmente hiriente, para mi «autoestima», es comprobar cómo, cuantos más artículos míos se publican en el ‘blog’ menos lectores acuden a él. Esa rotunda, y desoladora, filiación «lectora» hacia mis queridos César y Luys, lejos de molestarme, me preocupa, tanto por el hecho de que pasen por alto mis «finísimas perlas garabateadas», como por ser muestra de una «severa, sicalíptica y metalera decadencia moral, e intelectual».
Como experiencia vivencial, ésto de escribir públicamente, tiene sus cosicas, y más si no se cuenta con el talento de esas serendipias, con quien comparto espacio virtual. «Competir» contra Ellos es inalcanzable empresa, y el filón de mi fondo de armario personal (al menos el que estoy dispuesto a exponer «en el escaparate») observo que se sitúa más cerca de la escoria rutinaria y reiterativa, que de las «lozanas vetas de nobles metales».
De todos modos considero que, en la vida, siempre que se alcanza un hito, sea por el motivo que sea, es conveniente realizar una revisión de los pasos que han jalonado su consecución, de sus venturas y servidumbres, y también, ¿porque no?, conjeturar una previsión de lo que vaya a acontecer tras el mismo.
En lo referente a las venturas he de manifestarles que estoy realmente orgulloso del material que le he hecho llegar a don César, quién lo ha recibido, y cuidado, con gran mimo, incorporando significativas mejoras, para dichos textos, a través de sus soportes de imágenes y vídeos, así como de sus, siempre, sagaces, y oportunos, comentarios. Aunque le he manifestado mi gratitud, por ese devoto interés hacia mis artículos, es de justicia reconecérselo de nuevo. Sólo como curiosidad estadística indicarles que existe una distribución cuasi aritmética entre las tres temáticas tratadas, en estos primeros 100 artículos: las recomendaciones musicales, las cinematográficas y, finalmente, los artículos de opinión en los que he abordado cuestiones políticas y sociales.
A la hora de afrontar este «épico» momento, y dado que ha coincidido con mis recomendaciones musicales, he estado pensando que tema, o artista, sería digno de él. Desde luego tenía que ser una canción en español, y un artista que diera esa pátina de excepcionalidad. Muchas de mis recomendaciones pasadas cumplen dichos requisitos, pero, para la ocasión, quería ofrecer algo nuevo, y recordando que, la semana pasada, se cumplió el decimosexto aniversario de mi llegada a Gran Canaria, me he decidido por un cantante de esta tierra. Cómo a don Alfredo Kraus ya lo tuve el 30 de noviembre del 2020 con «La roca fría del Calvario», y el 4 de enero, del presente año, con «Pourquoi me revellier» de la ópera Werther, me he decantado por el gran José Vélez, un artista de primerísimo nivel que cuenta con una de las mejores, y más afinadas, voces melódicas de nuestro país.
Siguiendo la luminosa estela de don César no me limitaré a una simple canción, y les ofreceré tres auténticos trallazos sonoros, del universal cantante de Telde, cualquiera de los cuales justificaría, por si mismo, una recomendación: «Vino griego», «Procuro olvidarte» y «A cara o cruz» ¡TRES PALABRAS MAYORES!
«Vino griego» es una versión del tema homónimo (aunque en alemán) «Griechischer Wein», compuesta en 1974 por el artista austriaco Udo Jüngers, y que, dos años después, inmortalizó, con su estupenda voz, José Vélez (fíjensen bien en el video, que les adjunto, porque en el minuto 2:18 sale, sentado en primera fila, el gran Demis Roussos -¿qué pensaría, un griego como Él, al escuchar está entrañable canción? -). Son ya de la década de los 80, los otros dos éxitos seleccionados para este artículo: «Procuro olvidarte», tema compuesto por ese titan creador de Manuel Alejandro, en esta ocasión en colaboración con su esposa Ana Magdalena, y «A cara o cruz» composición que lleva la firma del prolífico Dúo Dinámico.
Ya puestos a abordar el, ciertamente inestable, asunto de las previsiones he de informar, a los pacientes lectores, que con infinita condescendencia han llegado hasta este punto, que les voy a traicionar, porque no voy a realizar ninguna predicción. Si les puedo decir que he vivido, y viviré, con plena intensidad, cada instante de este enriquecedor, «naufragio» musical, cinematográfico y de opinión. Y en ese sentir, hago mía la frase, de la estupendisima Rita Hayworth en «Gilda», -Que me quiten lo bailao-.
Pero como no quiero ser un ingrato «vendealfombras», les ofreceré, a cambio de ese incumplimiento, dos breves reflexiones, y una pequeña joya verbal cinematográfica.
A pesar de ser más viejo que mis antagonistas, soy, en estas lides, un niño de pecho a su lado, pero he de confesarles que he estado leyendo algunos de mis titubeantes primeros artículos (eran en otro medio digital) y observo, tal como les ocurre a los buenos vinos, que se ha producido un proceso de «maduración» que les dota de más «personalidad», de un «buqué» más afinado, y de unos más amplios «matices».
Aunque les deba a mis «malditos» mucho más de lo que estoy dispuesto a reconocer, respecto de esa coadyuvación en mi evolución como articulista, jamás lo haré, porque la paciencia (divina virtud) que me ha tocado tener con Ellos, compensa, muy generosamente, dicha deuda.
Tal como me había comprometido, el último «acto de resarcimiento» es ofrecerles un estupendo diálogo de la película «Casablanca» de Michael Curtiz (lo escribo de memoria, así que no se me pongan «divinos»):
Es al principio de la película, cuando está Bogart con su chica, de ese momento, quién le realiza unos reclamos por sus actividades nocturnas:
Chica (C): ¿qué hiciste anoche? Bogart (B): ya no me acuerdo (C): ¿qué vas a hacer está noche? (B): NO HAGO PLANES POR ANTICIPADO
Pondría «en fin», si no fuese porque no quiero dar alas a ese ‘Non serviam’ «usurpador» de frases finales.
P.D.: Desconozco si llegaré a los 1.001 artículos, o si, tal vez, no alcance ni el 101, pero si sé que en cada ocasión que coja la pluma, de hoy en adelante, será como si fuera a ser la última.
Ocurra lo que ocurra, hoy, lanzo un grito encendido, feroz y áspero ¡VIVA EL PADRE QUE PARIÓ ESTE BLOG!
¡Qué mejor manera de recuperar el halo cinefilo, de mi cita de los viernes, que con un clásico imperecedero! «Laura» es un películon de Otto Preminger, del año 1944, que cuenta con un elenco de actores de primerísimo nivel: Gene Tierney en un papel muy lucidor en el que muestra un aspecto, realmente, imponente, Dana Andrews, el gran Vincent Price con su esplendida voz y porte, la estimulante presencia de Judith Anderson y, para mi, el más interesante de todos Clifton Webb, en un papel que borda, y por el cual estuvo nominado a los Oscar®.
La trama de la película gira sobre una mujer que es asesinada por error, y de cómo, paso a paso, iremos descubriendo a todos las personas que rodearon a Laura, en un entramado de complejas relaciones sentimentales. Laura debería haber sido la víctima, pero cuando a mitad de la película aparece entrando en su apartamiento, ajena a lo sucedido, toda la trama se vuelve más interesante, e inquietante. La narración tiene tres fases, la primera es desde la visión de Clifton Webb, que interpreta a su «Pigmalion», que está enamorado hasta las trancas; la segunda es narrada desde la perspectiva del policía que investiga el asesinato y, finalmente, la última parte seran los ojos de Laura los que guían la narrativa.
Tal vez la sinopsis no sea muy acertada, pero, para quien no conozca esta estupenda película, confío le pueda servir de ayuda. Por supuesto que, quien la haya visto, les puedo garantizar que encontrarán matices, y detalles, nuevos con su visionado. La música les quedará fijada en el recuerdo irremisiblemente, y de los diálogos ni les cuento, porque tiene tal nivel de «joyas verbales» que se debería pagar impuesto de lujo en cada visionado (especialmente acerados, y brillantes, los de Clifton Webb). Estuvo nominada en cinco categorías, a los premios antes citados, obteniendo el de la mejor fotografía de la mano de Joseph LaShelle. Sin llamarme César de nombre, y Bakken de apellido, afirmo que dicho galardón estuvo más que justificado, porque el treslao del susodicho en esta cinta fue, sencillamente, colosal. No se lo que tienen (en realidad si lo sé) estas formidables películas en blanco y negro, del cine clásico, que, visualmente, te «hipnotizan».
Aunque me he dejado los ojos tratando de encontrar un enlace, para que pudieran visionar esta obra maestra, no lo he conseguido. ¡Redios!, si hasta me he llegado a meter, en una página francesa de temática LGTBI con un montón de «tíos» morreandose, en la confianza de que podría encontrar un material, lo suficientemente contundente, como para que le pudieran hincar el diente.
Lo único que voy a poder ofrecerles, cómo simbólicas, y pálidas, sombras de la obra original, son tres pequeños cortes, uno de los cuales es un pequeño ‘trailer’ para que se hagan una idea, y puedan escuchar las voces originales de los protagonistas, todas de primer nivel, al igual que lo son las de los actores de doblaje españoles, opinión nada gratuita ya que dispongo de esta película en mi videoteca (o deuvedeteca, para ser más preciso) particular.
P.D.: ésto de escribir públicamente, si se es como Dios manda, exige de un mínimo de disciplina, no ya para acudir, puntualmente, a la cita que se tenga acordada, o comprometida, ¡qué también!, sino por el hecho de tratar de ampliar nuestros propios conocimientos previos para ofrecer algo «vivo» que también enriquezca al lector. Con ese criterio he estado pensando en qué «buscar» para este artículo, e invariablemente todos los caminos me llevaban al retrato de Laura, una obra pictórica que si no llevase casado, más de seis lustros, presidiria el salón de mi casa (afortunadamente dispongo de cariños, y obras de arte personalisimas, que convierten mi anterior afirmación en una licencia literaria). Sin embargo, les adelanto que, si albergan ese mismo anhelo, disponen de una acreditada solvencia económica y su situación conyugal se lo permite, no podrán materializarlo. Sí que se trató de realizar dicho cuadro, en concreto por parte de Azadia Newman, pintora y esposa de Robert Mamoulian, inicial director de esta película, hasta que Preminguer, que era el productor, lo despidió, mandando al cuadro en ejecución, y a su autora, a hacerle compañía. Para paliar el desaguisado mandó hacer una foto de Gene Tierney, a la que se le agregaron unas ceras para simular las pinceladas.
En fin, que no existe ningún cuadro de Laura, pero usted, paciente lector, puede enriquecer los Recuerdos de su Vida con los que le proporcione el visionado de está estupenda película, porque los recuerdos tienen la virtualidad de que no se deterioran, ni envejecen, ni, salvo que una enfermedad mental degenerativa los haga pedazos, se los podrán robar, o modificar (y no se pagan impuestos, ¡hasta ahora, claro!).