
Continuando con mi humilde aportación en favor de la verdad y contra el fariseismo y mendacidad de estos hijos de Satanás neo frentepopulistas, les presento una nueva, y estupenda, película franquista. Me refiero a “Rojo y negro” de Carlos Arévalo, una cinta del año 42, realizada justo al año siguiente de “Raza”, que tuvo hospedaje en este magnífico blog, del señor Bakken, hace un par de días.
El título hace referencia a los colores de la Falange Española (aunque, también, fuesen los colores de la siniestra y criminal CNT).
Es una película que desconocía; ¡normal! este tipo de cine jamás lo emiten y menos en esa televisión ‘púbica‘ que pagamos todos, pero que sólo está al servicio de sus amos sociatas y peperos. En fin, la cinta me ha gustado mucho y me ha impresionado también. El núcleo de la historia es una pareja que, desde niños, profesan un gran cariño mutuo, pero cuyo afecto, tres lustros más tarde, se pondrá a prueba durante la Guerra Civil, ya que el chico comulga con las ideas del rojerío y la joven con la Falange. Indudablemente la Guerra Civil también mostrará la firmeza y verdad de sus compromisos.
La película se puede decir que no tiene desperdicio, y muy especialmente en su fase central y final. Muestra, con bastante acierto, como eran y operaban, las chekas; el fanatismo ideológico del frente popular (no esperen que lo escriba en ninguno de mis artículos con mayúsculas) y su carencia absoluta de moral y escrúpulos; también las peores facetas ético-morales a las que puede llegar el ser humano (si esa calificación pudiera aplicarse a determinados engendros).

Porque esta cinta nos muestra con justificada crudeza (que no con violencia innecesaria) cómo fueron las retaguardias en la zona roja: las delaciones entre vecinos y conocidos; el expolio (a veces de objetos personales sin un gran valor pecuniario, pero sí afectivo para sus dueños, -la escena en que el miliciano arrambla con unas sencillas bandejas de metal, resulta muy ilustrativa-); la tortura; la violación de las mujeres (la protagonista la sufre aunque es mostrada con fina sutileza para no herir, aún más, la sensibilidad del espectador); en fin, todo ese conjunto de límites morales y humanos que jamás deberían violentarse, pero que fueron azuzados y efectuados por una caterva de hijos de perra.
La escena de la cheka de Fomento (a partir del minuto 56) es, sencillamente, demoledora. Les contaré una curiosidad: yo estuve trabajando, durante dos años, en un edificio situado en esa misma calle y, nadie me nombró el terrible legado de ese lugar. Pasar página de la Guerra Civil, y de las atrocidades realizadas por el frente popular en la retaguardia, fue uno de los errores más graves de Franco, porque recordar y mostrar lo ocurrido era una cuestión de justicia hacia las víctimas y de verdad hacia todos los españoles, no de revanchismo.
El final es trágico, como no podía ser de otra manera, pero coherente con la línea vital de los protagonistas, que se verán arrastrados por la vorágine de violencia y muerte de la Guerra Civil.
Rememorando una película del estupendo José Luis Sáenz de Heredia “Las aguas bajan negras”, presentada en este mismo blog hace unas semanas, hay una frase, en la misma, de un labrador asturiano afectado por las minas del carbón que viene a decir (disculpen si no es literal) “las aguas bajan negras y se teñirán de rojo” (haciendo mención al efecto de la mineria en los rios y de las consecuencias que acarreará el conflicto entre mineros y labradores), pues aplicada a esta película se podría decir, perfectamente: “las aguas del Manzanares bajaron negras por tantos crímenes e ignominias y teñidas de rojo por la sangre de los inocentes asesinados por las hordas frentepopulistas”.
Se muestra en la cinta y no se exagera nada. A la Falange Española (acrónimo FE), se le acuñó la denominación Funeraria Española, debido al gran número de sus afiliados y afines que murieron durante la Guerra Civil. Sin embargo, fueron los católicos los que sufrieron, con más saña, la represión del frente popular: más de 7.000 clérigos asesinados (sacerdotes, monjes, etc.), 13 obispos, casi 300 monjas, en algunos casos con una CRUELDAD SALVAJE, como a las monjas que, después de violadas, para que sintieran el “amor” de los milicianos, fueron degolladas para, con su sangre, hacer morcillas y repartir “las morcillas de monja” entre las “vigorosas huestes del hombre nuevo”.

Pero hubo más, muchos más, decenas de miles de católicos que fueron masacrados sólo por su condición de ser creyentes en la fe del Nazareno (eran minoritarias pero no se observó ningún tipo de persecución religiosa, por estos hijos de Satanás, hacia otras confesiones).
Quiero destacar una escena (a partir del minuto 58) en la que el chico, en una reunión con sus camaradas, está discutiendo sobre la forma de actuar contra los “fascistas” (esos carnuzos incluían en esa categoría a cualquiera que no fuese un engendro antropoide como ellos). La cuestión es que Miguel (así se llama el protagonista) está poniendo objeciones a las ejecuciones sistemáticas y arbitrarias (“¡hombre!, matar por matar” llega a decir, tratando de mostrar la atrocidad del argumento planteado por la piara de sicarios que lo rodea), entonces un sibilino camarada le espeta “Tú deberías estar en el frente, que es donde mejor puedes ayudar a la causa, ¡vuelve allá!”, sencillamente caustico y demoledor.
Porque en la retaguardia no querían testigos, ni personas con criterio propio y humanidad, sólo asesinos despiadados con los más abyectos instintos.
Es una cinta de metraje reducido, 75 esplendorosos minutos de cruda realidad histórica ¡qué buena falta hace!
En mi vida, la política nunca había tenido hueco; familia y trabajo fueron mis principales motores vitales. Nunca he sentido filias franquistas (más bien todo lo contrario como expuse en mi anterior artículo), Franco, como todas las personas, cometió errores, pero tanto en su desempeño profesional (primero como militar y después como Jefe de Estado), como en su vida privada y, por supuesto, su legado fueron dignos de encomio.

Sin embargo, muy en el fondo, tengo que agradecer estos ataques, de las sanguijuelas neo frentepopulistas, a la figura del Generalísimo ¡A buenas horas estaría viendo estas interesantes películas y realizando estos artículos, si no existiese una sistemática profanación de su nombre y legado! (con su tumba ya lo hicieron, con la complacencia de la infame e inane jerarquía religiosa ¡manda cojones, tratar así a quien la salvó del exterminio!). Gracias a ese siniestro encarnizamiento, hacia la figura del Caudillo, he conocido estas grandes películas, que, con orgullo, ya forman parte de mi bagaje cinematográfico para siempre.
Es una cinta dura, que no violenta, como ya he mencionado en el artículo. Las desventuras de los protagonistas afectarán a sus Madres que se verán privadas de su bien más preciado. De hecho la figura de la Madre tiene un protagonismo simbólico desde el principio.
En fin, prefiero que no pierdan más el tiempo con las palabras de este juntaletras invernal y vean esta imprescindible y buena película.




