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ARTÍCULO: El absurdo navideño del Rey y las tetas de una profesora

Posted in ARTÍCULO-INSULTO with tags on diciembre 25, 2020 by César Bakken Tristán

¿En qué Planeta vive el Jefe del Estado espenol? Os juro por (poned la deidad que más confianza os dé cuando se jura en su nombre) que ni me acordaba de que en nochegüena el Rey lanza su rebuzno, su absurdo de Navidad… eso que llaman discurso navideño. A mí, lo que diga el marido de una perrodista republicana, divorciada y abortista y asesina de su hermana, y denodado hijo de un italiano corrupto, borracho y mataelefantes… y cuñado de un delincuente fiscal exjugador de balonmano de un equipo que odia a España, y cuñado de un cocainómano, y hermano de una corrupta delincuente fiscal y de otra que es más simple que el mecanismo de un biberón… pues oye… ¿qué coño me importa a mí lo que diga alguien así?

Lo que me provoca el Rey de Espena es preocupación. Porque si alguien con semejante currículum es el Jefe del Estado, el primero de los espenoles… agárrate que vienen curvas, o mejor no te agarres y, con un poco de suerte, en la siguiente curva te vas a hacer puñetas ya, a ver cómo son las sandalias de San Pedro, y a otra cosa, mariposa. Iba a decir “te vas a tomar por culo” pero me he acordado de una profesora del cole, que nos enseñó el significado de “irse a hacer puñetas”. Esta profesora también nos dio un día una lección de lo que es importante y lo que nos distrae de lo importante. Estaba hablando de algo importante y, al gesticular abriendo los brazos como un Cristo crucificado, se le desabrochó un botón de la blusa (sí, antes decíamos cosas como “blusa”) y se le veían las tetas, sujetas con un sujetador de tetas blanco. Pronto perdimos el hilo de su discurso, y nos centramos en las tetas y en que, seguramente, se le saldría alguna, porque no paraba de gesticular (era una mujer vehemente). Notó que estábamos algo alterados y con esa risa tonta de quien está viendo algo que ni de coña debería estar viendo, en este caso las tetas de su profesora. Preguntó qué pasaba, a qué venía ese revuelo, y la empollona de turno, a la sazón delegada de la clase, le informó.

La profesora no daba crédito a nuestra estupidez e, inmediatamente, se desabrochó toda la blusa para que pudiéramos verle las tetas bien, diciendo algo así: “¿es qué nunca habéis visto esto, pues seguro que todos habéis mamado de unas. Vamos a preocuparnos de lo importante y a no distraernos” Y siguió, de esa guisa, con la clase, que por supuesto no recuerdo de qué iba, pues con 10 años o así ya hace mucho que pasó y demasiado que me acuerdo de lo otro. Eso sí, en cuestiones tetiles había otra profesora gloriosa, a la que llamábamos “La pesetera” (porque un día vio una peseta en el suelo y se agachó a por ella diciendo: “Pa mi”). Esta mujer fue la que inició a todos los alumnos de mi clase en el desaforado morbo o deseo sexual por las mujeres mayores que nosotros. Nos enseñó de todo y nos tocó de todo esta voluptuosa mujer, por cierto pésima profesora pues nos enseñaba inglés y sabía menos inglés que yo, estaba siempre con el diccionario español/inglés… 4 momentos gloriosos de lo que los gilipollas llamarían ahora “Abuso o agresión sexual” y en esa época era: “Cómo mola esta profe”.

Momento 1: se quitó la chaqueta en clase y se quedó con una camiseta cuasi transparente varias tallas más pequeñas que la suya. Como tenía enormes pechos e iba sin sujetador y marcaba tremebundos pezones, eso era un espectáculo maravilloso, tanto que se percató y se volvió a poner la chaqueta, y bien abrochada.

Momento 2: En un examen donde a mí me pegaron a la pizarra (nos separaban para no copiarnos) se apoyó con su brazo derecho en la pizarra, en ángulo de 90 grados con su body, mirando el examen de mi compañero de la izquierda. Con ese gesto yo tenía, casi pegado a mi cara, su enorme seno derecho, por supuesto iba sin sujetador, que se le veía a través de la manga del vestido, al hacer ese gesto de apoyarse. Entero, perfecto y glorioso con un pezón como la nariz de un payaso… y me miraba por encima del hombro, sonriendo al saber lo que yo estaba viendo, o mejor; lo que ella me estaba enseñando. Y lo repitió varias veces, por si las dudas.

Momento 3: haciendo todos “la tarea” en nuestras mesitas… ella sentada en la suya, que no tenía tabla frontal, ergo veíamos sus piernas. Iba con falda y, poco a poco, se la iba subiendo, hasta que nos mostró el chocho, pues iba sin bragas. Yo estaba justo alineado con sus piernas, o sea, que no veía nada si no asomaba mi gaita, para lo cual tiraba el boli y tal, y al recogerlo veía la oscura y velluda cueva del tesoro, que mis compañeros con mejor perspectiva me decían que estaban viendo. Creo que se me cayó el boli 74 veces, qué torpe era.

Momento 4: hacíamos cola para salir de clase y bajar ordenadamente las escaleras y en fila. Estábamos jugando a pasarnos el estuche de una compañera y “La pesetera” lo confiscó, entre risas y preguntando: “¿Qué lleváis ahí dentro, condones?” y nos tocaba la minga fingiendo no sé qué de que nos come un bicho… eso lo hacía mucho, que no tiene nada que ver con lo que hace el Rey, los políticos y sus secuaces: tocarnos los cojones.

Si alguien pensaba que iba a hablar del tonto este, pudiendo hablar de tetas, es que todavía no me conoce, ni conoce las prioridades de la vida interesante, entre las cuales jamás puede estar hablar de un monarca bribón.