
Les traigo esta semana un tema popularÍsimo, para los que no nos cocemos al primer hervor, se trata del «Long train running» de los Doobie Brothers, compuesto por su vocalista, Tom Johnston, en 1973.
Se han realizado numerosas versiones de esta dinámica canción y, en esta ocasión, siguiendo la estela de don César, presento un «menú» musical completo, compuesto por tres platos: de primero, la versión original, clásica e imperecedera; como plato «fuerte» una versión que realizó el grupo Traks en 1982, que estoy seguro que al «tirano» amo de este blog «le erizara la piel»; y por último, y de postre, una versión patria, de principios de los noventa, por parte de los chicos de La Unión, donde Rafa, Luis y Mario demuestran que también se daban buena maña en esto de versionar, y sin necesidad de recurrir a sicalÍpticas estridencias de vestuario para llamar la «intención».
Don César era todavía un pipiolo y no se había «maleado», con los rudos metaleros y esas aficiones musicales suyas tan «particulares», cuando los «chicos» de Traks se dieron una vuelta por la «piel de toro», actuando en televisión. Yo recuerdo aquella actuación y ya advertí, entonces, que para llevar determinada indumentaria ‘entrepernil’ había que ser muy «artista», muy poco «artista», o ser un dipsomaniaco contumaz a quien igual le daba salir de esa guisa al escenario que con un traje de faralaes (con todos los respetos hacia las folclóricas, todo sea dicho).
Que voten, o comenten, ustedes es su privilegio.
P.D.: dedico esta recomendación musical a ésos «malditos» de César y Luys, con quien comparto «habitación» haciendo un trío nada sicalíptico, y que me hacen buscar más palabras en el diccionario de lo que mi pereza quisiera.
Re-P. D.: le voy a devolver el detalle que tuvo don César conmigo, cuando me «robo» la canción «El jinete» del gran José Alfredo Jiménez, para escribir un estupendísimo artículo, en el cual auguraba (he de admitir que acertó completamente) cual de las dos versiones propuestas iba a ser más de mi agrado.
En esta ocasión, yo también auguro cual, de las tres versiones, va a ser la de más «íntimo» agrado del señor Bakken, pero, al contrario que él, no desvelare el «enigma» porque yo soy un «caballero».