Caminata individual desde el control de acceso de El Valle de los Caídos, a la base de la Cruz (recorriendo todo el conjunto monumental). Obra audiovisual independiente, improvisada y personal para mostrar el lugar de manera pedestre, monumental y espiritual; en pos de su defensa y reivindicación.
Búsqueda de certezas para desentramar todo este odio que El Valle de los Caídos genera. Gallardía para encumbrar la cruz y entregarse a su albur para testar si ella es asidero o patíbulo.
Periplo espiritual e intelectual sobre la superficie natural y arquitectónica, tal vez, más emblemática del planeta. Anhelo de certezas para mostrar, desde el alma al orbe; desde mi sentimiento y sensación a la pantalla de cada ser vivo, y docto, que quiera contemplar y, si le motiva, actuar en defensa o defenestración de esta ubicación sobre la Tierra.
Vídeo que mixtura el formato documental, video reportaje, cortometraje y video poema. Todo realizado sólo por mí (César Bakken Tristán) y sin medios, por lo cual el continente es muy inferior al contenido. En mi voice over nótese mi liviano homenaje a varias obras, para mí notables, de literatos patrios como: Calderón, Machado, Béquer, Unamuno, Quevedo, Gerardo Diego y Cervantes.
Fue el propio Caudillo quien dijo que la traición que más le había dolido fue la que le perpetró la Iglesia Católica (lo escribo, todavía, en mayúsculas porque la Iglesia la formamos los católicos y va muchísimo más allá de una jerarquía corrompida hasta el mismísimo tuétano).
Franco, que salvo a la Iglesia del genocidio frentepopulista, vio como el ‘aggiornamento‘ de los “nuevos tiempos”, insuflados por el Concilio Vaticano II, le privaban de una de las razones principales en las que se había venido apoyando su régimen. Floja memoria tuvieron y malpago hicieron esos heresiarcas vestidos con sotanas de postín.
Sus sustitutos actuales se afanan en completar la felonía perpetrada por sus “ancestros”, con la traición última: la desacralización (lo llaman burdamente “resignificación”) del Valle de los Caídos. Por lo visto, no fue bastante la profanación de la tumba del Generalísimo (también la de José Antonio Primo de Rivera); ahora, aunque maldisimulen, quieren derruir, hasta sus cimientos, el más emblemático vestigio arquitectónico, de reconciliación y de fe del franquismo.
Como dice el dicho (no es exactamente literal): “Satanás los cría y ellos solos se juntan”. Existen tres actores en este ignominioso asunto del Valle de los Caídos: el primer actor es el sanguinario y criminal malgobierno sociata y su recua de secuaces, sicarios y mamporreros que, a estas alturas, no necesita más presentación. El segundo actor es la infame y cobarde jerarquía eclesiástica que ha apostatado de la fe para escarnio de los creyentes. Y, por último, no podían faltar esa caterva de inmundicias antropomorfas: los peperos. Porque esos malnacidos, emasculados, falsos, traidores, hipócritas y acomplejados a más no poder, con su “virginal” lideresa isabel diaz ayuso “rompiendo el viento”, son la peor escoria sobre la faz de la Tierra. Esa inane, a tiempo completo, de ayuso ha sido incapaz de declarar Bien de Interés Cultural al Valle de los Caídos, un minimalista gesto, pero de resultados trascendentales, que hubiese impedido las tropelías de los otros dos actores. Pero, ¡cómo esperar un adarme de gallardía en esa piara de hijos de perra peperos!
Sé que es complicada la decisión, pero tengo que confesar que son los dos últimos actores los que me repugnan más, porque, para mi, siempre será más culpable quien, pudiéndolo evitar, hace dejación de su deber.
España, la otrora reserva espiritual de Occidente y quien realizó la mayor gesta evangelizadora en la historia de la humanidad, yace mortecina en cuestión tan esencial, por más que se vayan manteniendo algunas costumbres y tradiciones, en fechas tan trascendentales para los católicos. Días en que rememoramos la muerte del Nazareno en la cruz, ése ‘Romper la Hora’ que sobrecogió al orbe.
La degeneración sistemática de la jerarquía católica, se pone especialmente de manifiesto, en estos días, con una masiva campaña de publicidad, instalada en la vía pública. Tal parece que, la única cruz que le interesa a la conferencia episcopal española es la relacionada con la declaración de la renta.
Se puede no ser católico (ateo, agnóstico, otras confesiones), pero es esencial y exigible el respeto a la fe de nuestros mayores, quienes procuraron por hacérnosla extensiva (por supuesto, también, a sus templos, obras artísticas y lugares de culto). Lo que no es de recibo es que, quienes deberían ser los principales baluartes de la fe, apostaten de forma tan miserable.
La Iglesia, en estos tiempos aciagos y de tribulaciones, está hecha más para la clandestinidad, que para impuros contubernios con poderes terrenales, profundamente luciferinos.
De todos modos, más allá de estas tristísimas cuestiones cotidianas relacionadas con la fe, quiero ofrecerles, para estas semanas de la Cuaresma, dos estupendas películas franquistas de temática religiosa.
Como no podía ser de otra manera, una de las elegidas va a venir de la primorosa mano del gran Rafael Gil, en este caso “La fe”. Es una cinta del año 1947 que, desde mi punto de vista, no está al excelso nivel de otras suyas presentadas, en este libérrimo blog de don César Bakken Tristán, como “La guerra de Dios” o “El beso de Judas”. Sin embargo, el prodigioso talento cinematográfico del señor Gil destaca incluso con sus obras “menores”.
Cuenta esta cinta con dos habituales, de su filmografía de aquellos años, como son Amparo Rivelles y Rafael Durán, amén de una parte del formidable fondo de armario patrio durante el franquismo, entre los que destacan, por su mayor presencia: Julia Caba Alba, Juan Espantaleón y Guillermo Marín.
La otra cinta es la emotiva y conocida “Marcelino, pan y vino” de Ladislao Vadja. Esta película del año 1955 cuenta con primorosos actores patrios como Rafael Rivelles, Juan Calvo, José Marco Davó, Antonio Ferrandis, Joaquín Roa, Juanjo Menéndez, José Nieto y muchos más; teniendo un papel estelar el, entonces, niño Pablo Calvo, quien se hizo popularmente famoso a raíz de su participación en esta película. Como es una historia que no necesita presentación, simplemente indicar que recomiendo su visionado, para quien no la conozca, especialmente por las muy emotivas escenas entre el niño huérfano acogido en el convento y Jesucristo.
Un estupendo programa doble de buen cine franquista con el que mitigar los efectos de las perversas influencias mediáticas actuales y coadyuvar al recogimiento, meditación y defensa de nuestro credo.
P.D.: Que Dios me perdone el pensamiento pero hoy «hubiese matado» por tener a mi alcance unos “Suspiros de Amante” de la querida y añorada Pastelería Albarracín de Teruel.