
A pesar de las inhóspitas relaciones históricas entre el país que vio nacer al autor de la semana pasada, el polaco Frédéric Chopin, y su vecina occidental, Alemania, traigo a mis recomendaciones musicales, de esta semana, a un autor de esta última nacionalidad, con uno de sus más notables compositores, el gran Georg Friedrich Haendel. La obra seleccionada es una de las más populares «Sarabande», HWV 437 (cuando la escuchen automáticamente les sonará, aunque no conociesen su nombre, o referencia técnica).
Haendel (no lo escribo con su grafía original que lleva una «a con diéresis» y sin la primera «e» por mis servidumbres tecnológicas que el «tirano» amo de este blog conoce tan sobradamente) fue un compositor de la primera mitad del siglo XVIII respetado, y admirado, por «inexpertos en esto de juntar notas musicales» como Bach, Beethoven o Mozart. La obra, que les presento, es una de las que mejor ha resistido el paso de los años, y fue incluida en la banda sonora de ese bodrio de película titulada «Barry Lyndon», del irregular Stanley Kubrick (tenía mejor mano para elegir las bandas sonoras de sus películas, que para realizarlas).
Se que el «tirano» me dará un tirón de orejas por importunarle, pero tengo que felicitarle porque hayamos alcanzado la cifra de 100.000 visitantes en este blog, algo que no es moco de pavo precisamente. Según me ha manifestado, en alguna ocasión, él privilegia ese encomiable criterio de que es mejor la calidad, que la cantidad. No seré yo quien entre en estériles disquisiciones al respecto, sobre todo porque pienso de la misma manera, pero como «lo cortés no quita lo valiente» tampoco está de más congratularse, aunque sólo sea un poquico, por la aceptación cuantitativa de los contenidos del blog.
Cuestión, bien distinta, es la aceptación cualitativa del mismo, ya que es manifiesta la devoción de los lectores, a través de sus comentarios, por los artículos de don César y don Luys. A pesar de ser el tercero en discordia no pongo objeción alguna a tan buen criterio electivo, de hecho soy un asiduo «comentarista» de sus lúcidos materiales. Porque, además, a fuerza de ser sincero he de informarles que no estoy celoso de mis dos «antagonistas blogueros», estoy muy orgulloso de ellos, por compartir este espacio de libertad y por el gran bagaje, de conocimientos, que me han aportado.
Cuando se publique este artículo será el «idus de marzo» aniversario del más famoso crimen político de la historia, que se cometió hace 2065 años. Muchas cosas han pasado desde entonces, pero quiero realizar una mención sobre el del año pasado, ya que fue cuando entro en vigor el maldito estado de alarma, «manufacturado» por el maldito malgobierno socialcomunista criminal, ladrón y liberticida. No es fecha más propicia la de este año, porque el abatimiento generalizado, que supone este, prolongado en el tiempo, estado totalitario y represor, es mayúsculo. Confío que en el próximo «idus de marzo» haya algún motivo de dicha, y que está no se circunscriba a un testimonial hito en el número es visitantes de este estupendo blog.
No me enrollo más, y les adjunto un par de enlaces: en el primero encontrarán la versión clásica y, el segundo, es una adaptación realizada por la violinista surcoreana pero alemana de nacimiento, como el autor de la melodía, Hi-Jae Park.
Apostilla de César Bakken Tristán («copia/ pega» de http://www.beckmesser.com):
¿Händel, Haendel o Handel?….
Son diferencias mínimas, pero ha habido siempre una pequeña pelea entre los musicólogos de diversas lenguas y, al final, el apellido de este gran genio, que además cada vez parece estar más de moda, no se unifica.
George FriedrichHändel nació alemán en el año 1685 y lo fue hasta el año 1727 en que se convirtió en ciudadano o súbdito británico.
O sea, que durante estos 42 años nadie dudó de su nombre. Como es usual en su lengua materna si eres un poco vago o no tienes una diéresis en el teclado sería correcto escribir Haendel, tanto en su época como en el siglo XXI.

Parece que el maestro ya adoptó su nombre al inglés desde su llegada al Reino Unido en 1711. Pero, sin lugar a dudas, desde 1727, año de su segundo nacimiento, esta vez como británico, cambió su grafía por Handel, e incluso su nombre por el de George Frideric, como podemos ver en su firma más arriba.
Así firmó sus obras a partir de entonces y su propio testamento.
Ahora, es común que los franceses escriban “Haendel”, los británicos y estadounidenses “Handel” y los alemanes sigan escribiendo “Händel”.
Todas estas formas son correctas, pero si queremos ser el colmo del purismo deberíamos llamar Händel-Haendel al músico que vivió en el período 1685/1727 y Handel al músico que vivió desde 1727 hasta su infausta muerte en el año 1759.