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RAFAEL LÓPEZ: Cine franquista transgresor – Entrega nº 3. «Películas españolas antifranquistas, dentro del Franquismo».

Posted in © RAFAEL LÓPEZ opina with tags , , , , , , , on febrero 11, 2025 by César Bakken Tristán

Cuando trato un tema me gusta realizar un mosaico sobre el mismo, mostrando no sólo las filias, sino también las fobias. Dentro de las últimas, considero útil ver las andanzas del enemigo como infalible mecanismo para reforzar mis convencimientos. Porque convendrán conmigo que, a menudo, es más efectivo, cuando nuestra fe se debilita, obligarse al sacrificio de soportar las mentiras interesadas y los grotescos adoctrinamientos de nuestros malgobernantes y sus secuaces de todo pelaje.

A esa áspera labor dedico este tercer artículo, sobre el cine franquista transgresor, ya que es, precisamente, el cine antifranquista en tiempos de Franco el eje de esta entrega. Porque sí lo hubo, a pesar de la extendida creencia que la censura franquista impedía toda creación cultural disidente. 

Les mostraré algunos de esos directores malditos cuyas películas no fueron del agrado del Régimen, motivo por el cual tuvieron algunos «problemillas» con la censura. Desconozco si los títulos que he visionado son muy representativos, pero sus directores siempre tuvieron – y cultivaron – ese aura de antifranquistas (aunque ello no les impidiese realizar películas en tiempos tan nigérrimos) y, por ello, venerados por los progres y neo frentepopulistas, del último medio siglo.

Las películas en cuestión han sido “Los golfos de Carlos Saura, realizada en 1960, “Nunca pasa nada de Juan Antonio Bardem, del año 1963 y, por último, “El extraño viaje de Fernando Fernán Gómez, del 64. No sé si la muestra seleccionada es suficiente y adecuada, pero teniendo en cuenta que con la llegada del desarrollismo la producción patria decayó notablemente en calidad, al perder el nervio de las décadas anteriores, considero a las cintas elegidas como válidas para el objeto del artículo.

Realizaré, a continuación, una sinopsis de las tres por si no los han visto, así como algún comentario sobre sus directores.

El oscense Carlos Saura es, desde mi punto de vista, un director muy personal, que en estos tiempos resulta ser aún más transgresor que cuando gobernaba el Caudillo. A mi las películas que he visto suyas no me gustan, y comprendo que, durante el régimen del Generalísimo, tuviera problemas con la censura, porque sus temáticas son, digamos, áridas. Su mirada hacia la naturaleza y comportamientos humanos menos amables, y las vidas de personas desfavorecidas socialmente, y sin horizontes, fueron objeto de su atención, y por ello observadas con recelo en su momento. “Los golfos” se enmarca en este último grupo, ya que nos muestra a un puñado de jóvenes sin arraigo familiar alguno, aunque sí amical, que se dedican a pequeños robos y cuyo único horizonte vital será conseguir el dinero para que uno de ellos llegue a ser torero. Los únicos rostros conocidos de la cinta son los actores Manolo Zarzo y José Luis Marín.

“Nunca pasa nada” de Juan Antonio Bardem, al contrario que la anterior, cuenta con un notable elenco de primeras figuras del panorama patrio. Ahí están, ¡nada más y nada menos! que Julia Gutierrez Caba en un actuación primorosa, Rafael Bardem (el padre del director) en un papel pequeño pero realizado con una delicadeza exquisita; Antonio Casas, Maria Luisa Ponte y José Franco (que igual hacía de malvado comisario soviético en “Embajadores en el infierno”, como, en esta cinta, de ajetreado responsable de una revista de variedades), entre otros. La historia es sobre una vedete francesa que, durante un viaje con su compañía, sufre un ataque de apendicitis, motivo por el cual tendrá que ser operada en el pueblo más cercano, trastocando con su presencia la vida social del municipio y en especial del médico que perderá el ‘esme‘ (disculpen es un aragonesismo) por ella. Toca otros temas como la crisis existencial del médico al cumplir 51 años, sin haber – según él – conseguido sus objetivos vitales, la agobiante vida social de un pueblo de provincias, etc.

Por último “El extraño viaje” es una historia de intriga en la que se mezclan el provincianismo y ordinariez de un pueblo de la España profunda con un crimen. La cinta, desde mi punto de vista, es deudora, en algunos detalles, de Viridiana de Buñuel, rodada tres años antes, aunque Fernán Gómez no dispone del talento del calandino.

Me resulta ilustrativo que esas películas sean hoy mucho más transgresoras que en tiempos de Franco. En “Los golfos”, por ejemplo, el afán de unos ladronzuelos para que uno de ellos llegue a ser torero, es un asunto, totalmente, criminalizado a día de hoy. Dudo que Carlos Saura encontrase financiación privada para un proyecto así (pública por descontado que ni un céntimo, con lo triturada que tienen a la tauromaquia las distintas Administraciones). Tal vez si, en vez de querer ser torero, anhelase convertirse en el ganador del concurso de ‘Drag Queen’ del carnaval de Las Palmas de Gran Canaria, podría tener alguna posibilidad.

Y qué decir de “Nunca pasa nada”, donde una mujer decide seguir siendo fiel a su marido, a pesar de sus engaños y de cierta brutalidad de éste. Nada que ver con esas mujeres empoderadas modernas que hubieran denunciado al marido por malos tratos psicológicos, para quedarse con la custodia del hijo, la casa y una pensión, mientras el esposo pasa un educativo periodo en la trena. Tampoco creo que Bardem encontrase financiación para su película ahora.

Para dar satisfacción a los gustos “modernos”, posiblemente, el señor Bardem encontraría recursos si decidiese incluir unas cuantas secuencias tórridas entre el médico y la vedete (no digo lo que don César dice al respecto sobre estas cuestiones sicalípticas en el cine, porque me ruborizo), cuando en la original ni siquiera llegan a darse un beso en la boca.

Quiero resaltar, antes de que se me olvide, la espléndida escena final de esta película: resulta que el médico, después de haberse puesto por enésima vez en ridículo con la francesita, se queda como un estafermo viendo como la joven sube al autobús de su compañía de variedades para irse del pueblo. En ese momento aparece la Esposa quien, en una mezcla de cariño y devoción conyugal, le coge del brazo, iniciando ambos un tranquilo paseo en dirección a su hogar. Durante el mismo pasan por delante de su tienda habitual en el pueblo (que es un covacha de cotorras lenguaraces), donde se encuentra, casualmente, el joven profesor particular del hijo, quien le ha declarado su amor (más platónico que carnal) a la esposa del médico. Pues la Señora, al pasar por allí, ni siquiera mira de soslayo. Realmente es una escena sin diálogos, pero de mucha exquisitez y elegancia, además de una narrativa visual primorosa, por lo que no me duelen prendas en calificarla como de primerísimo nivel.

La tercera seguramente si, aunque no lo sé. La historia trata sobre tres hermanos solterones (dos mujeres y un hombre), en la que la hermana más lista tiene dominados a los otros dos, porque de cabecica se plantaron en los 14 años. Esa mujer beata y de agrio carácter se encapricha de un músico guapete que formaba parte de uno de aquellos grupos que amenizaban las verbenas de los pueblos. El joven ve dinero a ganar y le sigue la corriente, convirtiéndose en su amante pero sin fornicio de por medio. Para atender los caprichos de la solterona se encargará de comprar (e incluso robar) lencería fina y provocativa; también le hará pases de modelos con los elegantes vestidos, que la mujer espera lucir en la noche de París, ya que la malhumorada solterona es tan recatada que considera indecente probárselos ella misma, mientras esté en el pueblo. En fin creo que una historia así probablemente encontrarse financiación, aunque tratarían el asunto mostrando más centímetros cuadrados de piel (en la película no se muestra ni uno solo), y tendrían una acusada sensibilidad hacia el travestismo, muy tibiamente mostrado por el señor Fernán Gómez.

De todos modos reconozco que, más allá de mis gustos, tanto Saura como Bardem no eran unos manirrotos en la materia. Sí querían sabían hacer buen cine. Incluso un tipo menos solvente como Fernán Gómez luciría hoy entre el páramo cinematográfico patrio.

Estas películas no son trabajos fallidos, de hecho destacarían hoy, visto el mostrenco panorama patrio y foráneo. Otra cuestión es que arrimen el ascua a su sardina en demasía (y éso es lo que me desagrada), mostrando la imagen de una España beata, bruta, fea y maldiciente; que, desde luego, no comparto.

Opino que la pantalla grande no se hizo para contar, sólo, historias agradables, épicas y formales. Lo transgresor y lo creativo, si está hecho con calidad (requisito imprescindible en todo tipo de películas), es tan digno como todas ellas. Pero aún diré más: en contra de lo que se suele pensar, fue la censura, al embridar los excesos de estos y otros directores transgresores, la que permitió un resultado de sus obras más afinado, porque tuvieron que esforzarse y poner un punto más de creatividad en sus películas.

Creo que estas cintas no tendrían cabida en las pantallas de hoy en día, que parecen abocadas, estérilmente, a cuatro vías: las insustanciales, las simplistas historias sobre seres con poderes extraordinarios, la revisión de obras del pasado (en las que se trata de suplir el talento de las originales por una sobreabundancia de medios técnicos y efectos especiales) y una cuarta muy vinculada al adoctrinamiento puro y duro, que en la vertiente estadounidense está asociada a la repugnante agenda globalista, y que en la producción patria presenta una común característica: el revisionismo histérico de la Guerra Civil y el franquismo.

Dentro de este último grupo me vienen a la mente dos películas: “La lengua de las mariposas” del año 1999 y “El maestro que prometió el mar” del 2023. La primera escasamente la pude soportar cinco minutos y de la segunda sólo el tráiler, pero ambas tienen un nexo común: que en las fosas comunes y cunetas reposan sólo víctimas inocentes del cruel franquismo, y que todas ellas eran esos estupendos maestros republicanos, sinónimos de cultura, libertad, sensibilidad y de los mayores dones intangibles sobre la faz de la Tierra. Por supuesto las embrutecidas huestes franquistas destruyeron físicamente a esos probos hombres y a su legado. Me repugnan esas malintencionadas y sensibleras interpretaciones ,de lo que fue la realidad, con las que tratan de ponernos anteojeras (es una guarnición para las caballerías) para obviar (y también olvidar) que fue el frente popular quién se dedicó – con mucha más saña y una ausencia total de humanidad – al sanguinario exterminio de su amplísimo concepto de fascistas. Ese régimen liberticida y criminal asesinó a inocentes con sobrecogedora profusión, y en muchos casos siendo menores de edad, simplemente por el hecho de ser católicos, ¡qué no me vengan con historias, redios!

Les recomiendo, si no la han visto, “Rojo y negro” de Carlos Arévalo que fue objeto de mi atención hace cosa de un mes (la tienen disponible en este magnífico blog de don César), donde se muestra el ‘modus operandi’ de las chekas y el amor al prójimo del frente popular en las retaguardias.

Disculpenme porque, como siempre, ‘esbarro’, y me voy de un asunto a otro sin el menor pudor (yo también necesitaría a un editor que embridase mi forma de escribir). Retomando el hilo de mis tres películas antifranquistas en tiempos de Franco, todas ellas muestran una realidad social muy definida y que, hoy, es profundamente transgresora: LA HOMOGENEIDAD DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE AQUELLOS PUJANTES AÑOS.

Sí, todos los que salen en esas historias son españoles. No hay ni una sola nota de color en los personajes. No aparece ningún negro, ningún sarraceno, ni siquiera un hispanoamericano. Los hijos de perra sociatas, peperos y separratas jalean, desde hace seis lustros (los pancatalanistas desde antes incluso), las invasiones de sarracenos y negros, que han inoculado su ponzoña multicultural, con el fin de destruir la otrora próspera sociedad española.

Simplemente dejaré un par de detalles que me helaron la sangre hace unas semana. Eran unas noticias de La Gaceta de la Iberoesfera, el único periódico digital digno de ser leído (los de papel son todos basura), en las que se decían que en muchos municipios de España, los españoles ya no somos la primera nacionalidad de sus residentes, ¡ni siquiera la segunda!.

La otra noticia hacia mención a que uno de cada cuatro residentes en España no es español (creo que es una estadística bastante indulgente). La población española esta envejecida, la proporción de nacionales frente a extranjeros la mantenemos los de la explosión demográfica de los 60 y 70, pero es que nosotros ya tenemos más de 50 ó 60 años. Me gustaría saber la ratio de españoles entre los menores de 25 años, a buen seguro que no alcanzan ni a la mitad; igual ocurre con los nacimientos, ya que los hay más de extranjeros que de nacionales.

Les explicaré a continuación mi opinión sobre las invasiones que padecemos. En primer lugar ya hablo de invasores y no de inmigrantes ilegales, porque hay que llamar a las cosas por su nombre. No es una cuestión de personal de bien indocumentado que presenta una simple deficiencia administrativa, son alimañas que nos invaden con siniestros fines e intenciones.

Yo soy una persona sencilla que no entiende mucho de las cosas, pero asemejo la invasión de un país (que es como un casa grande) a como si un intruso entre en tu casa. Lo que se lleva, desde hace demasiado tiempo, es que lejos de manifestar resistencia alguna, hay que abrirle cordialmente las puertas de tu casa y darle de comer opíparamente. Después agasajarlo con lo mejor de tu bodega, comprándole, de paso, el último chisme tecnológico que tú ni siquiera tienes. Y por la noche le facilitas que se acueste con la dulce compañía de tu señora, no vaya a ser que te llame racista.

Pues mi política al respecto de estos seres de luz que nos invaden es la siguiente: para empezar, no son seres humanos, son alimañas, dañinas y destructivas y que, al invadirnos, pierden cualquier tipo de derecho al que quisieran acogerse. Pero como soy una persona piadosa y, seguramente, en sus países de origen no admitirán su retorno (en éso están pensando, cuando el objetivo es precisamente su envío para destruirnos, haciendo limpia en sus cárceles), crearía una ergástula, del tamaño adecuado, donde hiciesen algo tan cristiano como ganarse el pan con el sudor de su frente. Para que no se encontrarán tan solos, les acompañarían los criminales políticos que han coadyuvado a esta traición a la patria, que está provocando tanta indefensión en los sufridos españoles. Pero no sólo los actores principales, también esas focas amaestradas bípedas que votan las desquiciadas leyes que han permitido estas invasiones.

Para atender a unos y otros, que mejor que los padres de las chicas violadas por estos hijos de perra (directos e indirectos), y de los españoles asesinados, acuchillados y asaltados por estas inmundicias invasoras. En los fogones estarían las madres de esas chicas violentadas en su más intima dignidad personal (sí, ya sé que soy un machista redomado por asignarles esa tarea, pero ¡qué le voy a hacer!). Por supuesto, siempre preocupado por la salud de tan excelso grupo antropoide les inocularía, a todos sin excepción, todas las dosis de las vacunas covidiotas. Y si por una de aquellas alguna de esas alimañas sufriera un fallecimiento prematuro por ‘repentinitis’, turbocáncer, ictus, etc., etc., pues ¡una vacante más! para los que quisieran acceder al paraíso español.

Sé que es soñar despierto, pero no digan que no es un bonito sueño. Por si acaso, hay lo dejo.

Cuestión distinta es la de aquellas personas extranjeras que llaman a la puerta, se presentan, ponen de manifiestos sus habilidades (por ejemplo es un excelente fontanero) y, además, se da la circunstancia de que un español, o una empresa española, necesita de sus servicios porque no encuentra personal cualificado español. Pues a esa persona, por el bien de las cañerías del país, le permitiría acceder otorgándole los mismos derechos económicos que a cualquier español; incluso la posibilidad de residir mientras sus servicios fuesen necesarios. Cosa distinta es concederle la nacionalidad, ésa que han prostituido los hijos de Satanás peperos y sociatas en sus sucesivos malgobiernos, porque los requisitos no serían los actuales, sino que exigiría una integración plena, en la que se observe el dominio del idioma común (el español, es que, ahora, hay que explicarlo todo ¡Redios!), y el RESPETO AL PRÓJIMO.

Se menciona habitualmente el problema del invierno demográfico (la falta de nacimientos), pero considero que existe un problema aún mayor: la inversión de la estructura social de España, ya que, en muy pocos años, convertirá a los españoles en extranjeros en su propia patria.

Por no hablar de que ya hay instalada una quinta columna marroquí en nuestro suelo, con el objeto de servir a los intereses del orondo rey alauita en su mendaz, feroz y criminal expansionismo contra Ceuta, Melilla y las Canarias. Los malnacidos que nos malgobiernan, en el colmo de las traiciones y los despropósitos, dan ingentes cantidades de dinero y de recursos a nuestro enemigo del sur y sufraga, generosamente y sin pudor alguno, la manutención y estancia de los invasores.

Normalmente los cursis hablan de ‘deconstrucción’ de la sociedad española; creo que la calificación es mucho más simple, tanto que le sobran tres letras, es sencillamente LA DESTRUCCIÓN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA.

Por supuesto nada de esta cuestión se trata en las películas mentadas, porque en aquellos primorosos años esa realidad no existía (ni siquiera la más calenturienta de las mentes podría haberla imaginado).

A toda esa caterva de súcubos cibernéticos que, por decir estas cosas, te tachan de racista, xenófobo y no se cuantas estupideces más, les digo que se vayan a hacer puñetas y que, de paso, metan a esos invasores en sus puñeteras casas, ¡Malnacidos!

Hoy me despido sin ofrecerles el enlace de las películas comentadas. No es que me hayan dejado mal sabor de boca, de hecho, comparadas con las que se hace hoy en día, entrarían en la categoría de recomendables, pero me mantengo firme y como no las he  recomendado, por los motivos expuestos, no doy el enlace. De todos modos, si algún lector tiene interés en ver alguna de esas cintas que lo comente, en la libérrima opción de comentarios de este blog, porque no seré tan ingrato como para no ofrecérselo.

Por último hay muchas partes del artículo en las que debería haber puesto comillas, ya que su literalidad no coincide con mi forma de pensar. Como soy un holgazán empedernido (y en este artículo las debería haber utilizado con profusión) he decido obviar esos signos de puntuación para reservarlos, en exclusiva, a los títulos de las películas. De todos modos, estoy convencido de que quienes siguen mis artículos lo entenderán a la perfección.