
Los telecreyentes van a ser masacrados. Con su ineludible y sumisa aceptación. Y ya solo quedan escasos días para borrarse de la macabra lista. El tiempo se agota.
A tiempo
Estar o no en tal lista mortuoria deviene libérrima y personalísima elección. Salvo los imposibilitados por caprichosa decisión de la naturaleza, la genética o la suerte, la gran masa de los abducidos lo son estricta y exclusivamente por pastueña comodidad, alucinante indolencia o irracional y suicida filiación ideológica. Los programados covidiotas morirán – o enfermarán gravísimamente – habiendo podido evitarlo. La responsabilidad siempre recayó en ellos.
En fin.
Vídeo de la doctora Lucila Madrid:
https://superocho.org/watch/zbsacifcNTyxrvj


