Archivo de meteorito a la tierra

RAFAEL LÓPEZ. 6 de mayo del 2022: el día del fin del mundo.

Posted in © RAFAEL LÓPEZ opina with tags , on marzo 15, 2022 by César Bakken Tristán

El pasado 13 de marzo, andaba hojeando el ciberespacio tuitero cuando, de repente, me topo con una noticia, evacuada por la NASA, que me hiela la sangre: el 6 de mayo un asteroide, muy borde y muy cabrón, impactará contra la Tierra provocando su destrucción.

Dudo que llegase a ser una destrucción de ésas galácticas, que salen en las películas, en las cuales unas masas enormes quedan desintegradas, por un rayo cósmico potentísimo, no dejando ni el polvo. En todo caso creo que, se aproximaría a ésa, más que probable, lluvia de asteroides que cambió la fisonomía de nuestro planeta, hace 70.000 millones de años. En aquella pretérita ocasión, se produjo la desaparición de muchas especies, entre las cuales se encontraban los dinosaurios, que en contra de cierta mitología, al respeto, los había de todos los tamaños. Las previsiones para el trompazo espacial que se avecina no son tan halagüeñas, porque sugieren una destrucción total, nada de melifluos, y globalistas, cambios climáticos con extinciones parciales de especies y ecosistemas.

De lo que estoy completamente seguro, es que una noticia tan impactante ofrece buenas posibilidades para realizar sesudos análisis, y material suficiente para un enigmático puñado de artículos. Desconozco sí, mis dilectos Compañeros de blog, realizarán mención de tan rocosa noticia, pero yo, además de bromear un poco con ustedes en éste preámbulo, quisiera esbozar uno muy serio, e íntimo (aunque éso será un poco más adelante), no sin antes declarar que quisiera, ese día, tener a mano a los lumbreras, del augurio de marras, para colgarlos de los pulgares ‘ad eternum’. ¡Que ya está bien!, ¡Redios!, que no paran de zaherir a nuestras células grises con noticias apocalípticas de tres al cuarto (plandemia, guerra en Ucrania, etc.). Hay tanto majadero, y tanto malnacido, que al final suspira uno porque venga un misil galáctico a poner orden en las cosas.

Algún tuitero desorejado preconizaba que, ante tamaña, y terrible, perspectiva, había que dedicarse al fornicio más desenfrenado, en las siete semanas y media que distaban para la fecha fatídica. El sujeto en cuestión, movido, tal vez, por la ansiedad que le había generado la noticia, adelantaba que no iba a distinguir, en sus prácticas sicalípticas, entre el pelo y la lana. La vehemencia, de ése saco de hormonas con patas, me ha generado tal desazón que ya no sé si me da más miedo el pedrusco galáctico, o tener un mal encuentro con tipos de semejante condición. Creo que, lo más prudente sería tener a los sujetos, de ésa ralea, a una distancia conveniente, como por ejemplo la que hay, a la hora que escribo estas letras, entre el puñetero asteroide y la Tierra.

¡Ay, que ver!, éstos malandrines globalistas organizando el universo para tratar de colmar sus insaciables, y pútridos, anhelos de dominar el mundo, y esquilmar todo lo que se les viene en gana, para que ahora venga una minúscula escoria cósmica a fastidiarlo todo. ¡Es que carecen de sensibilidad éstas rocas que van aventadas (es un aragonesismo) por el espacio!

Me disculparán que cambie de registro, porque lo, realmente, importante de mi artículo es la sucinta reflexión que voy a tratar de exponer a continuación. Creo que un evento así debe servir para poner en orden nuestras cosas, ésas para las que deberíamos estar preparados, en todo momento, y que, por unas u otras razones, solemos desatender, cuando no olvidar. La vida con asteroide, o no, tiene una limitación temporal, en la que, todos, tenemos que rendir cuentas, y, para mí, es de eso de lo que se trata.

En mi caso parto con la ventaja de que al estar en éstas semanas de la Cuaresma, tiempo especialmente propicio para la meditación y penitencia, estoy tratando de asear, y poner en orden, mí particular casa del Señor. Personalmente, no concibo una mejor época del año litúrgico, que la presente, por la tranquilidad de espíritu que se puede llegar a alcanzar. No me avergüenza, sin embargo, confesarles que, de joven, me generaban profundos desasosiegos, e incluso puntuales momentos de temibles angustias, los augurios de ésta naturaleza, o el pensar en la propia muerte. Aunque siento un gran respeto por tan crucial momento, lo contemplo, ahora, con una perspectiva muy diferente, más serena.

De todos modos, creo en la utilidad de que todos los años viniera un asteroide a jodernos la existencia terrenal, porque ante ésas situaciones sale de cada individuo su esencia, y pensar en ello, siempre, debe servirnos para identificar, y valorar, lo realmente importante, desechando miserias y estupideces.

Para un creyente cuando sientes, humildemente, que tu alma está en comunión con Dios, estas cuestiones cataclísmicas no te generan una zozobra específica, aunque, en mi caso, no las desee, por dos inmejorables razones. De cualquier manera, tal como se está pervirtiendo la sociedad en, prácticamente, todo el orbe, no tengo visos de que nuestro planeta sea un espacio digno, y edificante, para el ser humano, y en eso también hay que pensar. Porque seamos realistas, el mundo es un desastre colosal, y ha sido el hombre, con su egoísmo, soberbia y avaricia su principal coadyuvador. Hay excepciones, por supuesto, que consiguen, en sus individuales áreas de actuación e influencia, crear pequeños paraísos terrenales, pero, estoy convencido de que esas personas nunca temen contingencias astronómicas, ni de otras índoles.

De lo que razonen gnósticos, ateos, apóstatas, agnósticos e incluso los que no creen en nada y centran, sus últimos alientos, en la satisfacción de sus instintos más primitivos, pues no sé lo que bullirá por sus cabezas, ni como lo afrontarían. Si alguien quiere opinar al respecto, pues que aproveche la estupenda opción de comentarios de éste blog (mientras quede tiempo).

Adiós.

P.D.; maldigo al pedrusco espacial, si me priva del entrañable momento de conocer personalmente a los malditos, y tener el privilegio de estrecharles la mano y darles un abrazo.

Re P.D.: quiero, también, anticiparme para felicitar a don César por la, cuasi segura, consecución de los 1.000 artículos.

Como ya le he escrito encendidos elogios, no voy a transitar por territorios ya conocidos, simplemente indicar que sí, hace cosa de un año, estaba por los 300 artículos publicados y ya está a punto de alcanzar cifra tan poderosa, y rotunda, no se debe a que la realidad se haya hecho más interesante, en el último año, sino que César la ha hecho interesante, a través de sus materiales. Porque la verdad es que la realidad es muy mediocre, cuasi insulsa y siempre ignominiosa.

¡FELICIDADES ANTICIPADAS, CÉSAR!, ¡AVE, CÉSAR!