Archivo de plandemia

ARTÍCULO: dictados, dictaduras y congojavirus.

Posted in ARTÍCULO-INSULTO with tags , , on diciembre 17, 2020 by César Bakken Tristán

Voy a mostraros una de las 1.001 causas de la plandemia, acaecida hace más de 35 años en el colegio donde estudié. Pero antes os narro lo que me pasó ayer mismo y que no es sino la continuación de la historia escolar:

Tienda Fotoprix, en Avda. de la Albufera (Hediondo Puente de Bellacos).  Un empleado –al que conozco desde hace años, como cliente suyo, nada más – y 2 clientas, separados muchos metros entre ellos.  Al verme entrar, gestos despavoridos y desencajados. Ellas se pegan a las paredes y él, que estaba fuera del mostrador porque los ordenadores para trapichear imágenes con el cliente están ahí, se va al final. El motivo: que no llevo bozal.  Antes de dejar que la estupidez de los 3 me afecte, tomo las riendas y le pregunto si todavía ofrecen el servicio que he venido a solicitar. Tras decirme que sí, como si estuviera viendo a Dios o al Diablo, me dice lo del bozal. Le ignoro, y mientras comento detalles del servicio suyo que quiero le entremezclo que yo no puedo usarlo, por la eximente de enfermedad respiratoria. Y reculo hacia la puerta a esperar que me toque el turno. Y hete mi asombro que el tipo ordena salir a las 2 clientas, que me esquivan como si yo fuera una Hidra, y con una congoja que sólo he visto en la cara de algún enemigo mío (o de otros), tras ser derrotado en una pelea a hostias, me dice que entre. “Da igual que ellas estén primero. Acabemos con esto rápido”.

Resolvemos, en el ordenador, el asunto al que he ido. Entre sus balbuceos timoratos e indignados, descubro que NO SABE A FECHA DE AYER que hay personas eximidas del bozal (y obligas a no usarlo, por cierto, pero eso es más arduo de explicar). Le recrimino MUY SEVERAMENTE que siendo un empleado de tienda no sepa ALGO TAN BÁSICO sobre los derechos y obligaciones del cliente, y las suyas. Espeta que no lo sabe, pero que le da igual “hablo por mí, que no quiero contagiarme”. Ahí asumo que no hay nada que hacer con este tipejo.  No obstante, mientras finiquitamos Y PAGO, OJO, QUE NO ESTABA ATRACÁNDOLE, le indico, por pena más que nada (no porque me interese su puta vida, de hecho no deseo que alguien así viva cerca de mí, por eso sé que el que sobra soy yo, lo sé desde siempre) que si le preocupa su salud no debería tener la enorme puerta de la tienda todo el día abierta “para airear al virus” ya que está pegada a 4 carriles atestados de coches.

Y ante su falta de respuesta y sus preguntas estúpidas de “¿no te dicen nada en el metro ni en la calle? Todos van con mascarilla, nunca he visto a nadie sin ella, por eso hay que llevarla… un amigo con asma la lleva. Mejor protegerse del virus aunque estés enfermo” decido cortar por lo sano: “El virus no existe”. ¿Cómo razonar con alguien que, a día de ayer, tiene menos información sobre el congojavirus que antes del inicio de la plandemia?

Físicamente este hombre (treintañero) es un poema: ojos medio bizcos, uno de ellos con un derrame perpetuo. Metro 80 (aprox.) complexión normal, tez morena, labio inferior saliente, boca atrapa moscas, gesto bobalicón (le conocí sin bozal, recordad, queridos niños), movimientos timoratos, dubitativos y gestos de servilismo extremo, capaz de reír si tú ríes o de negar si tu niegas y etc. Personalidad 0. Maleabilidad 100.

En el colegio nos hacían dictados, para aprender gramática, sobre todo la manera de puntuar y la ortografía. Nos decían los signos de puntuación, para que nosotros los escribiéramos, ya que no deberíamos saber donde se ubicaban si no se nos indicaba. Luego, la maestra corregía nuestro escrito. Un compañero, Juan Carlos Martínez, era muy guapo (pese a tener 9-10 años estas cosas se ven), no tenía la pinta del de la tienda de fotos, pero era igual de extraviado mental severo, en este caso para clase de lenguaje. La “seño” nos leyó, entre risas, la transcripción que de su dictado había hecho él, escribiendo los signos de puntuación indicados en voz, con letras, no con signos. Esto provocó la hilaridad de la clase entera, esa panda de hijos de puta que son la mayor parte de la humanidad, salvo la mía (obviamente me hizo gracia, pero mi gesto no lo reflejó, de haber estado a solas con Juan Carlos sí me hubiera reído con él de esa torpeza tan enorme y le hubiera explicado como se escribe un dictado). Pero yo sabía que este chaval no tenía el mismo coco que el resto para estas cuestiones de la enseñanza, que era “lento” en eso; para otras cosas sería rapidísimo y yo una tortuga, pues nuestro talento vital no hay que medirlo en aquello que destacamos, sino en aquello en lo que no y que necesitamos querer aprender.

A este compañero había que darle una educación especial o un apoyo extraescolar, no RIDICULIZARLE delante de toda la clase y que TODA LA PUTA CLASE (insisto: menos yo) se despollara de él y, luego, durante todo el día.  El curso siguiente ya no estaba en ese colegio. Y me alegro por él, ya que ahí solo habría encontrado maldad. Espero que le fuera mejor donde acabase, pero me temo que no, porque la estupidez y crueldad humana es generalizada. Igual, de haber seguido su proceso de belleza física –quien nace con eso no suele perderlo –, de adulto se hizo modelo, actor, o tenía habilidades deportivas y etc. de cosas donde no haya que usar la cabeza y con el cuerpo baste para vivir de puta madre e hincharse a ganar pasta. Cada mochuelo a su olivo y lo importante es ser buena persona, lo cual exige tolerancia a la diversidad y saber que todos somos diferentes y si no aplicamos las potencias individuales de cada cual, la humanidad se va a la puta mierda, que es donde está.  Asumo que sé escribir algo mejor que Juan Carlos y él será mejor modelo de fotos que yo. Porque cada cual tiene su talento. Lo que no puede tolerarse es que yo, siendo calvo, sea la imagen de una empresa de champú, ni que un ciudadano, siendo retrasado mental severo como el de la tienda de fotos, pueda estar cohabitando con el resto y, encima, despreciando a la ley y sometiendo a los 4 inteligentes que quedamos, en la dictadura del congojavirus; porque sus putos cerebros no dan para razonar algo tan simple como esta plandemia… y ni siquiera para saber una mierda de ley que exime a parte de la población a llevar bozal.  Cuando los políticos y los que les mantienen en la poltrona (las débiles armadas y del orden) son como el de la tienda (o se lo hacen), tenemos el mundo que tenemos.  Y cuando le das poder a los más tontos, no lo ejercen equitativamente, sino coercitivamente. Ello lo que quieren es ser, por fin, mejor que tú. Y si pueden, matarte. Ahí es donde todos los irredentos tenemos que poner de nuestra parte, porque si no nos defendemos (con todo tipo de armas, sobre todo intelectuales) nos comerán. Sus cerebros no procesan el odio y la bondad como los nuestros. Cuidado con ellos, cuidado con los extraviados mentales severos empoderados.

Menos mal que soy mortal.

LUYS COLETO: Cómo han diseñado el horror los antipatriotas y traidores militares para los próximos dieciocho meses.

Posted in © LUYS COLETO Non Serviam with tags , on diciembre 5, 2020 by César Bakken Tristán

Grosso modo, apretada síntesis. Estados de alarma, excepción, sitio. Guerra, enemigo, movilización, alerta, cobertura, emergencia, combatiente, criptografía, mando único, operaciones, confinamiento, frente, honor, rastreos, abandono de sí mismo, abastecimiento, resistir para avanzar, espíritu de equipo, disciplina, sacrificio, moral de victoria. Uf, qué pesadilla fraseológica, agrego.

Operación militar para aniquilar nuestras libertades

Siniestro y repulsivo y baboso lenguaje militar desde marzo (hibridado a otra forma de militarización, la «sanidad»). Obviamente, es lo suyo ya que estamos asistiendo a una operación psicológica militar (psy-op) de falsa bandera. Contra su propia población. Marca OTAN/Bilderberg. En ese sentido, el uso y abuso del lenguaje bélico deviene ineludible. Y mucho más en las sociedades turbocapitalistas del primer mundo en la que no cotizan al alza, precisamente, las consideraciones éticas. El lenguaje guerrero permite al opresivo Leviatán reclamar los mayores «sacrificios», incluso la supresión más arbitraria, descarnada y tiránica de nuestras – no otorgadas por ellos- libertades fundamentales.

A principios de mayo, mientras los gallifantes discutían acerca de las yenkas de las fases de «desescalada», se filtró un brevísimo informe del Ejército de Tierra, de apenas tres folios, casi telegráfico, que auguraba lo que iba a suceder durante los próximos meses. Los militares españoles no son augures, obvio. Antipatriotas y felones, sin más. Rastreros escribas del globalismo, además de coguionistas a través de sus cuadernos de estrategia del CESEDEN (Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional), vía IEEE, Instituto Español de Estudios Estratégicos.

Dos años de espanto, salvo reacción

El informe del ejército de tierra aseguraba que la falsa pandemia volvería. Regresaría con fuerza, probablemente a mediados de noviembre (casi lo clavan). Entonces, nuevos confinamientos, pero se reaccionaría más ágil y velozmente. La existencia de un mayor porcentaje de personas que hayan pasado ya la enfermedad en su primera oleada reduciría la gravedad y duración de esta segunda oleada. Durará tres o quizá cuatro meses, aunque volvería a aparecer, ya muy debilitada, el invierno siguiente, a finales de 2021. Para entonces, vacuna «salvadora». Según los milicos, la «normalidad» arribaría a partir de la primavera de 2022, y sería casi completa durante el verano de ese año.

Con la inestimable ayuda de los fraudulentos papayatest, todo perfectamente diseñado, lo propio de las PLANDEMIAS. Excepto que resistamos. Y digamos NO. En fin.

ARTÍCULO: Manifestación es aberración.

Posted in ARTÍCULO-INSULTO with tags , on noviembre 18, 2020 by César Bakken Tristán
Los más tontos de todos, tras un megáfono. Que los rebuznos se oigan alto y claro, por favor.

¿Cómo se entiende que un sátrapa conceda a sus sometidos la posibilidad de librarse del sometimiento, manifestándose en las calles? ¿De verdad creemos que nos vamos a redimir así? ¿Qué sería lo siguiente… el derecho del dictador a manifestarse para seguir siéndolo? No, queridos niños, de sobra sabéis que el poder es precisamente eso: PODER. Y el sometimiento es precisamente eso: SOMETIMIENTO.

En España la última sublevación contra el poder fue en julio de 1936, precisamente realizada por la parte sometida de ese poder; lógico. En el 34 se hizo lo mismo pero fracasó porque fue una revuelta orquestada desde fuera del poder real, es decir: la parte poderosa de los sátrapas no se unió a los disidentes, que fueron manejados sólo por la parte ideológica de ese poder (en este caso el comunismo y el anarquismo). Haciendo una simple analogía vemos como ahora el poder se arroga la victoria total sobre nosotros, haciendo que la manifestación callejera sea nuestra única manera de lucha y logrando que quienes la llevan a cabo crean que es la manera más efectiva de combatir… ¡pero qué lucha es esa si las manis las han de autorizar aquellos contra los que protestáis, jodidos tarados, que no sabéis ni ataros los cordones, coño!

Nada de manis, PERO NADA. A la calle se sale de manera individual y sin pedir permiso ni avisar a nuestro objetivo de lo que vamos a hacer. ¿Os imagináis a Sanjurjo y Franco llamando a Azaña para decirle el día, la hora y el lugar de su sublevación, pidiéndole permiso para realizarla? jajajajaja. Azaña, él solito, hubiera sofocado la revolución (fue eso, jodidos rojos, que no os enteráis de nada) con una simple “no autorización a la convocatoria de alzamiento”. ¡Es descojonante, pero totalmente análogo a lo que ocurre ahora! Sobre todo con el congojavirus, que ha sublimado la estupidez humana. ¡La gente se manifiesta para que les dejen respirar y trabajar! ¡No por un trabajo y vida digna, qué va… sino para que les dejen trabajar y no seguir pagando impuestos por un trabajo que no les dejan realizar! ¡Y para respirar, lo único que –obviamente – no se puede prohibir a nadie y lo han hecho, y encima cobran por la prohibición (obligando a comprar mascarillas, que no a usarlas, ojo, ya que si te quedas en casa –¿ya nadie se acuerda del puto confinamiento y cómo fue seguido por los putos espenoles? – no has de usarla). ¿Quién quiere salir a la calle bajo esa perspectiva de no poder respirar bien y tener casi todos los negocios cerrados? Los que se manifiestan contra la plandemia van con bozal…

Pues eso: que la única lucha contra los sátrapas es la unión espontánea de los sometidos y el incumplimiento radical del liberticidio legal. No te pongas bozal , no te encierres en casa, no cierres tu negocio y etc. etc. etc. ¿Sabéis que somos una proporción de 100 a 1, a nuestro favor, entre población civil, maderos /milicos? ¿Entonces por qué no somos libres y les cortamos las pelotas a los dictadores y sus secuaces? Pues porque la mayoría de civiles espenoles están del lado satánico pues cobran de él (o dependen de los que lo hacen). No hay nada que hacer… ¡sí de toda la puta vida democrática las principales manis las han convocados los sátrapas, es decir: los sindicatos y los partidos políticos! ¿No os dais cuenta, queridos niños?

Manifestarse en las calles, jamás. Luchar (en las calles y en todas partes) siempre y, por supuesto, sin pedir permiso. Las películas de los Hermanos Marx son ficción, no documental. Aunque en Espena y medio mundo, el marxismo sí que es real, y ya sabéis que no me refiero a los hermanos, sino a los hijos… a los hijos de puta comunistas y acólitos inclasificables.