Archivo de pulsera de España

ARTÍCULO: la importancia de la pulsera de España.

Posted in ARTÍCULO-INSULTO with tags on diciembre 25, 2025 by César Bakken Tristán

En tan tamaños atribulados tiempos (mis adoradas cacofonías) deviene esencial el combate, en autodefensa. Si queremos derrotar a Espena, tenemos que afanarnos en nuestra pasada, y querida, España. Lo primero es la unión, para después ejercer la fuerza, no sólo de la palabra, sino de la acción directa. Y, para unirse, es imprescindible identificar al amigo y al enemigo. La pulsera de España, tan denostada hasta por los algunos patriotas, es fundamental en esta tarea de amalgamar a los enemigos de Espena.

Uno de mis muchos axiomas vitales (ideados por mí, se entiende) es: «cuando la razón pierde su fuerza, aparece la sinrazón de la fuerza». En esas estamos, porque hace décadas que la sinrazón lo domina todo y, ahora, hemos de recuperar – por la fuerza – esa razón, aunque nos llamen descerebrados, fascistas y de más martingalas. Ni que decir tiene que cuando creé mi axioma lo hice en el sentido de no utilizar la violencia, sino la razón. Pero el tiempo ha comprobado que el devenir patrio nos avoca a todo lo contrario.

En mis tiempos mozos no había pulseras (o no se comercializaban como ahora, pues yo jamás las atisbé). Pero sí existían otros abalorios. Yo solía usar pequeñas banderas como las de los uniformes militares y policiales. ¡Cuántos momentos de «felicidad» me ocasionaron, pues me crié en el suburbio pepinero (Leganés), un pozo infecto de guarros y gentes de aún peor vivir, salvo honradas excepciones como mi familia y algunos amigos. Antes de ser mayor de edad ya entraba yo sólo a garitos de guarros psicóticos, a provocar con mi indumentaria. Jamás me tocaron. Salvo una vez en la que, entre más de 20, me descosieron la bandera con una navaja y a punta de otras tantas más… pero tampoco me tocaron un pelo (todavía no era yo calvo además…). Eso sí, todos nos hemos dado de hostias por motivos variopintos, en mi caso ni mucho menos sólo por la bandera.
Con los años y mi evolución vital hacia la acracia patria, la creación artística multidisciplicar y el naturismo cuasi indigente (pero en entornos paradisíacos como Eivissa) dejé de portar nuestra enseña, la cual tenía siempre en el alma, pos supuesto. Pero era contraproducente vivir con ella en un entorno hostil a mi patria: no podía estar todo el día discutiendo y dando lecciones de historia, ética, espiritualidad e intelecto.

Quien con niños se acuesta, meado se levanta.

Pasé unos lustros acomodado en ese entorno hostil, una buena etapa de aprendizaje de la que todavía me queda algún conocido, ningún amigo y un montón de enemigos que fueron pilares de aquella vida. Conforme fui asumiendo la podredumbre de mi entorno, más volví hacia mi bandera patria, como mejor repelente para toda esta gentuza que antes me adoraba. Gente estancada en la idiocia. Paniaguados desalmados. Gentuza que sólo se aprovechó de mi talento, mi amor, mi gallardía, mi vehemencia y mi trabajo denodado y desinteresado.
Empecé a recuperar mi bandera con la excusa del jurgol (tanto en partidos importantes de la Selección de Espena, pues ya nos había conquistado, como del Barçalunya, que se había vuelto separrata de 2 patas). Comprobé que con esa excusa, su ira no advenía. Por un lado estaba bien, pues en su pequeña psique se introducía la bandera de España y hasta muchos celebraban conmigo y la enarbolaban. Pero no era, ni mucho menos, suficiente. Así que volví a las andadas, esta vez con pulseras.
¡Y ,por fin, volví a gozar de aquella «felicidad» adolescente y juvenil! Porque ahora ya no era un tarado jurgolerdo, sino un peligroso fascista que desconcertaba a todos, pues mi oficio, mi carácter, mi SER, era todo lo contrario a lo que ellos denominan «facha».

Termino.

La pulsera de España y/o otros abalorios es lo que empieza nuestra unión. Cuando veo a alguien con estos símbolos sé que «es de los míos» y yo «de los suyos»; para derrotar a la bestia globalista. Cuando la aniquilemos ya habrá tiempo de dirimir asuntos entre nosotros, si es que acontecen disputas. De momento: pulsera, unión, honor y fuerza.

APOSTILLA

Diseñadores de ornamentos rojigualdos: ¿cuándo vais a aprender, de una puta vez, que nuestra enseña es con dos franjas rojas de la mitad del tamaño que la gualda que abrazan? ¡Estoy harto de que casi todas las pulseras sean con las franjas iguales!