Archivo de Spinoza

LUYS COLETO: La innegociable y alegre y spinozista pasión de la Libertad.

Posted in © LUYS COLETO Non Serviam with tags , on julio 29, 2021 by César Bakken Tristán

Los gerifaltes de la sinagoga ofrecieron a Spinoza una pensión de nueve mil florines si abandonaba Van den Ende y retornaba al judaísmo jasídico; pero Spinoza no transigió. El 27 de julio de 1656, la congregación de Talmud Torá de Ámsterdam formuló una orden de cherem (en hebreo: חרם, una suerte de ostracismo, prohibición, anatema, rechazo o expulsión) contra el genio.

Ética, un libro totalmente actual

Expatriado judío por los mismos hebros holandeses del XVII, Spinoza va desmontando -deconstrucción refinada y fiera – en toda la obra, Ethica ordine geométrico demonstrata, los conceptos religiosos, siempre tan afectados y aparentes: espíritu, milagro, pecado, infierno…Dios se trueca causa inmanente del mundo y se identifica con él. Actúa con absoluta necesidad, más allá del bien y del mal. No existe el alma, causa de la voluntad libre. Alma y cuerpo son la misma cosa desde dos puntos de vista diferentes: el pensamiento y la extensión. La misión del hombre es buscar el goce a través del conocimiento, alcanzar la beatitud a través de la razón, libertad mediante. Es la iluminación del amor dei.

A diferencia de Descartes, que consiente la razón moderna pero no la piensa aplicable a temas religiosos y políticos, Spinoza no (se) reconoce límite alguno. Los inconvenientes variados – la fe, la creencia, el cristianismo, la piedad, los milagros, la oración, el Estado, la democracia, la monarquía, el soberano, el príncipe – se hallan bajo el examen de una razón eficaz utilizada tan solo como instrumento de soberanía personal intransferible y de indomeñable libertad. No hay límites ni tabúes. Solo la alegría y el placer. Como expresa en una de sus frases más conocidas: “Ni reír ni llorar, sino comprender”.

La Ética de Spinoza es un libro complejo en su estructura, pero que transparenta una profunda sencillez. Spinoza trata de la salvación personal. El estilo y sistema del libro es, como Spinoza dice,” demostrada según el orden geométrico”, con prefacios, definiciones, axiomas y lemas. Estas son seguidas por proposiciones que pueden contener notas, demostraciones, corolarios y escolios. Se van utilizando también apéndices que contienen explicaciones complementarias. Este tipo de presentación emula los Elementos de Geometría de Euclides. Cinco son las partes que dividen el libro (De Dios; De la naturaleza y el origen del alma; Del origen de la naturaleza de las afecciones; De la servidumbre del hombre o de la fuerza de las afecciones; De la potencia del entendimiento o de la libertad del hombre).

Ejercer virtuosamente la libertad nos hace mejores…y eternos

Ninguna de estas partes es baladí. Todo el libro gira en torno al concepto de sustancia. Tres son las sustancias (Dios, pensamiento, extensión) para Spinoza. Mejor expresado, una Sustancia con tres ramificaciones distintas. A partir de ahí sigue la lógica del eudemonismo clásico. En la primera parte habla de la relación del Universo y Dios. La segunda, deudora de Descartes, reflexiona sobre los conceptos que definen el dualismo antropológico.

El fascinante concepto de conato define la tercera parte y cómo ciertas afecciones humana (alegres o tristes) persisten en su ser. La cuarta parte nos detalla como esas pasiones nos hacen mejores o peores. Y, por último, la quinta parte tratando el gran asunto de la libertad. Una libertad que aliada a la razón podemos ver las cosas, según Spinoza, como realmente son, sub species aeternitatis, “bajo el aspecto de la eternidad”.

La alegría venciendo a la tristeza

Las dos postreras partes de su tratado son un combate contra las pasiones tristes.  El deseo, la alegría y la tristeza vertebran todo el sentido. Mientras la alegría dota al ser de mayor perfección, la tristeza lo empequeñece. Spinoza enumera una serie de pasiones tristes de las que debemos huir si no queremos un ser mermado.

Alguna de estas pasiones tristes son las siguientes: el desprecio, el dolor, la melancolía, el horror, la envidia, la censura, la cólera, el arrepentimiento. En el extremo opuesto nos hallamos con las pasiones alegres, aquellas que aumentan el ser: la libertad, la gloria, la admiración, el amor, la devoción, la gratitud, el contento, el orgullo, la satisfacción interior.

Con estas pasiones alegres se aspira al amor hacia sí mismo, a la relación feliz y dichosa con el mundo que nos rodea, a tender a la expansión de la propia fuerza en un ejercicio desbordante de admiración a la vida. Avant la lettre, Spinoza rechaza las freudianas pulsiones de muerte. Contra uno mismo, contra el otro y contra el mundo. Se trata de ser (co)partícipe de la Naturaleza, de su Fuerza rebosante, de lo Divino. Participar de la Divinidad genera un sentimiento de beatitud y dicha plena.

Un ser que no ha de renunciar a nada. El hombre sabio que come y bebe con gusto, disfruta de la música, de los perfumes, de las pequeñeces cotidianas. La ética de Spinoza es, en definitiva, consecuencialista y nominalista, no prescriptiva, sino descriptiva. La virtud y el vicio (ausentes ambos conceptos en la obra del filósofo holandés) se vinculan con la utilidad. Bueno es lo que potencia mi ser. Malo es todo aquello que lo disminuye.

Spinoza lee mientras el mundo conspira

La virtud, nuestra única salvación

¿Cómo el hombre sometido a la necesidad puede recobrar la libertad? ¿No resulta cuanto menos algo antípoda? ¿Cómo el hombre sometido al Destino (a Dios, a la Naturaleza) se alza concluyentemente libre?

Este hombre dependiente de todo (y del Todo) se erige como un ser que sabe cuál es su lugar en el mundo. Con esta plena consciencia, asumiendo los exiguos escaques que le permite Dios (el Destino) jugar en el ajedrez de la Naturaleza, su ceñido filo de maniobra se amplía espectacularmente. Con su Razón, el hombre aprovecha las angosturas del camino. Se vuelve esencialmente virtuoso.

Obedecer las leyes de la naturaleza, vislumbrar y “conocer” a Dios, ejercer la connatural libertad, practicar la verdadera y buena religión significa ser moral, decoroso, ecuánime y venturoso. La beatitud no es ninguna recompensa, es la propia virtud. Es, sin duda, la manera de alcanzar la salvación. Nuestra propia e innegociable salvación. Libertad mediante. Qué decir en liberticidas tiempos de plandemia. En fin.

LUYS COLETO: Nos encontramos ante el mayor fraude de la historia humana: el Sars-Cov-2 NO existe.

Posted in © LUYS COLETO Non Serviam with tags , , on marzo 18, 2021 by César Bakken Tristán

El Eterno aborrece a los de labios mentirosos( Libro de Mishlei 12,22)

Pétrea, vigorosa (y muy dolorosa) certidumbre de que el mundo en que vivimos se mueve sobre el andamiaje de la ocultación y el embuste. Sabido es que la solidez y permanencia de un mito (además de apoteósico timo) se fundamenta a menudo en la cantidad de veces que se le invoque. Esto lo supieron desde siempre los comunicadores, los propagandistas de todas las épocas, incluyendo al doctor Goebbels. Lo escribió con precisión Elias Canetti: «El mito es una historia cuya frescura aumenta con la repetición». Y todo lo acaecido desde hace quince meses con el coronamito, acción ejecutiva. En realidad, precisión, tenebrosa operación encubierta dentro de otra acción ejecutiva. Inteligencia militar, desde luego, por si cupieran remotas dudas. Operación psicológica militar de falsa bandera, bisturí. Experimento poblacional de tortura psicológica erigido sobre un falso culpable (las muertes de la presunta covid no pueden ser atribuidas a algo que no existe, como el aceite de colza no mató a nadie, lo mismo que Oswald no fue el tirador solitario: infinitos ejemplos, hasta aburrir). Y, desde luego, todo ello para acelerar o perfilar genocidas agendas pues.

Hacia la tiranía “global” y la ruina total

Sin guerra, al decir de las sociópatas élites, todo carece de sentido.  Su autoridad, sin igual sobre la vida y la muerte, inmejorables para perpetuar el miedo, argamasa de todo. Una nueva, cuasi-eugénica función de la guerra, en proceso de formación desde hace varios decenios. Y clave para cualquier proyecto de transición. Hacia la tiranía y la extrema pobreza, obvio.

Entonces, pues, la guerra por otros medios. Y para sostener una suerte de estabilidad belicosa «pacífica» es  absolutamente imprescindible una “amenaza”. Esta amenaza esencial ha de ser suficientemente aterradora y verosímil para ser suficientemente eficaz. El ´enemigo` debe implicar una amenaza de destrucción lo más inmediata, tangible y directamente percibida. Un virus mola, pues. Y un virus inventado, miel sobre hojuelas. En todos los sentidos, mejor virus ficticio.

Hacia la esclavitud absoluta

Al fin y a la postre se trata de apuntalar una esclavitud aproximadamente sofisticada. Planetaria, faltaría más. Mediante las sórdidas tecnologías, aceleración de perturbadas agendas.  Y el inexistente Sars-Cov-2, pretexto o coartada o alibi perfecto. Pero reiteremos, un virus que no existe. Y si el virus no existe, pues lo dicho, todo lo acaecido (y por acaecer) descomunal fraude y montaje. Nada que a algunos nos sorprenda.

Ni una sola prueba que atestigüe la existencia de dicho virus. Entonces, fraudulentos test (PCR, antígenos, anticuerpos), absurdos. Pero muy enjundiosos económicamente. Además de despiadado saqueo de nuestra sacrosanta información genética. Y absurdas e ilógicas las atroces y liberticidas medidas tomadas. Secuestros domiciliarios, cierres perimetrales, distancia social o mortíferos bozales. Y qué decir de los letales tecno-matarratas transgénicos, dizque vacunas. Si no hay virus carecen de sentido. Todo carece de sentido, pues. Si la viga maestra de la farsa deviene ficticia, todo debe caer. O debería hacerlo. Obvio.

La descomunal farsa del “aislamiento” del virus

Para afirmar con firmeza que un virus existe (más allá de su patogenicidad, esa es otra historia) debe procederse a su aislamiento, purificación y, posterior, secuenciación. Fin del asunto. Y, por supuesto, quince meses después, el denominado Sars-CoV-2 continúa sin ser aislado.

¿Y cuándo dio comienzo la farsa del «aislamiento»? Pues con una mentira, faltaría más. «A Novel Coronavirus from Patients with Pneumonia in China, 2019«. Y con la ayuda de dos biológos moleculares, rejoneé tamaña falacia científica. Pero, poco a poco, fue brotando la decencia. Recientemente Wu Zunyou, por ejemplo, máximo responsable de epidemiología de los CDC chinos («inspiradores» de A Novel…) lo admitía abiertamente en un reportaje en la NBC yanqui de título Back to Wuham one year after world´s first covid lockdown. Literal. “They didn´t isolate the virus. That´s issue» (Ellos NO aislaron el virus. Ese el problema).

Más ejemplos. Michael Lane, jefe de la división de Microscopía óptica y Electrónica y del Laboratorio Consultor Nacional de Microscopía Electrónica de Diagnóstico de Patógenos Infecciosos del Instituto Robert Koch ha admitido recientemente que no tiene conocimiento de ningún trabajo científico describiendo estrictamente el aislamiento y purificación del Sars-Cov-2.

Más. Christine Massey, tras innumerables gestiones y esfuerzos, acabó aseverando en su web que «las leyes de libertad de información estadounidenses revelan que NINGUNA institución del mundo tiene registrado el aislamiento y purificación del Sars-Cov-2«.

Massey se vio auxiliada para efectuar y realizar y culminar su titánico esfuerzo indagatorio por un nutrido grupo de voluntarios. Querían saber. Y supieron. ¡¡¡46!!! instituciones gubernamentales, científicas y académicas comunicaron lo mismo Lo esperado, claro. NINGUNA poseía trabajo alguno sobre el aislamiento del Sars-Cov-2.

Dos británicos, Roberts y Sears, lo mismo. Exigieron información fehaciente de su gobierno.  Nada. Un empresario alemán, Samuel Eckert, ídem de lienzo. Solicitó a las autoridades germanas y suizas información sobre el aislamiento del presunto coronavirus. Nada.

Y detalle curioso de Eckert. Según aparece en su página web existe jugosa y suculenta recompensa de 225.000 dólares al día de hoy a quien pueda demostrar que el virus está aislado, secuenciado y purificado correctamente. Y, por supuesto, por si lo dudaban, al día de hoy, NADIE ha presentado un estudio o análisis de un correcto aislamiento para poder reclamar tan importante suma de guita.

¿Entonces la secuencia genética o la micrografías?

Causalidad, sencillo de entender. Primero se aísla, después se secuencia. Y, como al día de hoy, NADIE ha podido demostrar la existencia de un supuesto nuevo coronavirus (dato importante, el resto de coronavirus continúan también sin aislarse, ergo no existen), la secuencia genética del ARN vírico que pueda estar pululando por el orbe terrestre deviene total y rotundamente FALSA

…Y las micrografías del Sars-Cov-2, más de lo mismo. Y eso sin olvidar un detalle fundamental de tales imágenes: virus o retrovirus son absolutamente INDISTINGUIBLES de otras partículas celulares como las vesículas de transporte o los exosomas. Se pongan como se pongan los censores (se autodenominan “verificadores”, tan Orwell).

Además con el añadido pitorreo que lleva acompañando a toda la colosal y anterior engañifa, sucintamente descrita. Las micrografías que uno puede ver sobre el inexistente Sars-Cov-2 son tan distintas, incluso opuestas entre sí, que obviamente no pueden pertenecer al mismo virus. Además de ser tan similares a otros virus que no pueden diferenciarse con exactitud y rigor las diferencias entre sí.

Esto solo acaba de comenzar…

Pues eso, sin piedra angular (Sars-Cov-2), el edificio hace tiempo tenía que haber caído. Les da absolutamente igual la verdad. Y, recuerden, utilizando argot ciclista, tan solo nos hallamos en la etapa prólogo. El próximo pedo, probablemente “apagón” digital, etapa rompe-piernas. Y, no lo duden, nos falta todavía el ascenso a Alpe D’Huez y el Tourmalet. Si prefieren, el infernal y asturiano Angliru…

Baruch Spinoza

…Y les dejo con otra mujer decente. Y guapa. La doctora Sam Bailey. Y en escasos catorce minutos tritura el falsario y nuclear pilar de la tramoya. El virus que jamás existió. Ni existe. Ni existirá. Por expresarlo en agudo e insuperable decir spinozista, la inexistencia del virus queda demostrada según el orden geométrico de las cosas propuesto por el incomparable genio judío nacido en Amsterdam. En fin.