Archivo de vacaciones en el mar

RAFAEL LÓPEZ: «Vacaciones en el mar» (serie de TV).

Posted in © RAFAEL LÓPEZ opina with tags on junio 17, 2021 by César Bakken Tristán

Sé que don Luys no objetara nada, a mi propuesta «cinematográfica» de este viernes, porque tiene contraída una deuda, con los «malditos», imposible de pagar. Sin embargo, si siento un natural recelo por la respuesta que pueda tener don César, sabiendo que está es su casa, y de cómo se las gasta. Pero usted, amable lector, no estaría leyendo estas líneas si no hubiese algo de intrépido en mi carácter, así que al lío. 

Indudablemente, me disculpo ante quienes se asomen, a este espléndido ‘blog’, en la confianza de encontrar un buen «programa de cine», porque se van a dar de bruces con un regularcillo episodio televisivo. Pero, como creo que la finalidad, en esta ocasión, justifica los medios, me he decidido por esta selección televisiva porque el objeto, de mi artículo de hoy, no es hablar de una película de cine, o sobre la propia serie que sirve, en esta ocasión, de fondo videográfico, sino de la brutal, e infame, invasión anglolinguistica, en nuestro día a día. 

Para ir centrando algo más la cuestión, y como eje del hilo argumental que iré desarrollando, les adelantaré los dos palabros, que han provocado mi cambio de rutina cinéfila:  son ‘STAFF’ que se viene a pronunciar como «estaf», y que significa -personal-, y ‘CREW’ que se pronuncia «cruu» y cuyo significado es -tripulación-. Imagino que, ahora, ya irán intuyendo por donde va a ir el asunto. 

Me llaman la atención (por desgracia, sólo hasta cierto punto) esos camareros, o personal de una tienda de ropa, que lucen en su vestuario laboral los palabros de marras, como si la lengua española careciese de vocabulario suficiente para ello, dándose la paradoja de que nuestro idioma posee una sobresaliente, y superior, riqueza léxica respecto del inglés. Tal vez a los torpes ejecutivos, que pensaron en este desatino, les parezca la quintaesencia de la modernidad y de lo chic (no se me vengan arriba porque está palabra es un galicismo, y yo siento debilidad por el francés), pero a mi me resulta ramplón.

No se si la guerra estará pérdida, pero es cierto que llevamos ya unas cuantas batallas pérdidas. Personalmente, me repele entrar en un local, o negocio, donde su personal lleve ese tipo de anglicismos gratuitos, e innecesarios, porque añoro lo castizo, y porque nunca hay que renunciar a nuestras raíces, en este caso lingüísticas. De todos modos como seguro que ustedes conocen más casos, simplemente presento esta «controversia», por si quieren opinar en la estupenda opción de los comentarios de este ‘blog’ (en ningún sitio serán tan bien atendidos como aquí). 

Por no dejar «huérfano» a mi episodio televisivo, indicar que «Vacaciones en el mar» fue una serie que tuvo un gran éxito a principios de los 80, y que la estructura de los sucesivos episodios era idéntica: una tripulación que era el elemento humano fijo, rodeado, en cada episodio, de dos o tres parejas que se enamoraban, o se reconciliaban, durante la travesía de un crucero. Navegaron por los camarotes del barco grandes actores del pasado, en el ocaso de sus carreras, y un sinfín de rostros televisivos, de los cuales, la mayor parte, paso con más pena que gloria. Los miembros de la tripulación son sólo reconocibles, precisamente, por su participación en dicha serie, y con eso está dicho todo. Por supuesto en los títulos de cabecera del episodio podrán ver la palabra ‘crew’, igual que si suben a un avión la encontrarán en los folletos, y la oirán en las anodinas instrucciones que la sobrecargo realiza antes de emprender el vuelo, pero nunca olviden que ese camarero, de un local de franquicia, que luce esa palabra en su atuendo no le hará surcar los siete mares, ni tampoco alcanzar el séptimo cielo (posiblemente la comida que le sirva tampoco). Y de los del estaf de ropa de saldo tres cuartos de lo mismo. 

Como no tendré muchas más ocasiones, me referiré a esas series de televisión de los 70 y los 80 que son las que, más nítidamente, guardo en mis retinas: «Los hombres de Harrelson» con Steve Forrest y su iconoca frase «TJ al tejado»; la entrañable «Starsky y Huch» con David Soul y Paul Michael Glasser en sus papeles principales, acompañados por el capitán Dobbie (o como se escriba) y ese confidente de lujo de Huggy Bear; la utilizada para mi marinero artículo de hoy y «Corrupción en Miami» con Don Johnson y Philip Michael Thomas que ya ha aparecido en alguno de mis artículos previos. Un aspecto en el que siempre me he fijado ha sido la evolución de las comunicaciones telefónicas en dichas series televisivas, mientras que en Starsky y Huch (mediados de los 70) todavía se les ve parando en la calle, junto a una cabina telefónica, para hablar con el jefe tirando de monedas, en Corrupción (en los 80) ya aparecen aquellos enternecedores ladrillos con antena extensible para hablar desde el coche, o el yate, de Sony Crockett. Por supuesto, en su momento causaron furor, y eran objeto de deseo para estar a la última. 

¡Asusta comprobar cómo ha degenerado ésto! (las series de televisión, las comunicaciones,…., en fin, TODO). 

Pues nada, les invito a embarcar en el crucero del amor. El episodio que les enlazo (en realidad es la primera parte  de uno de esos odiosos episodios que tienen dos partes, y que te dejaban con la «miel en los labios» hasta la semana siguiente en la que se emitía la segunda parte), cuenta con la estupendísima Eleanor Parker y la siempre elegante presencia, aunque ya entrada en años por entonces, de Ray Milland. 

https://m.youtube.com/watch?v= _LP1jz_ES7A

P.D.: sólo he viajado una vez en barco, fue desde Cádiz a Las Palmas de Gran Canaria hace tres lustros. Esos ‘ferrys’ tienen el mismo ‘glamour’ que una patada en los riñones. Cuando vean el episodio que les presento, tal vez les parezcan cutres los camarotes del crucero estadounidense «cupidiano» pero al lado de los ferris españoles son palacios flotantes. 

¡Y menudo viajecito!, el que tuvimos. Además de durar día y medio la maldita travesía (sin paradas, para que no puedas huir de tanto «meneo»), se hizo mucho más larga por el brutal torzon que cogimos. La dictadura del mar de fondo sólo nos «autorizó» a tomar agua y pastillas para el mareo, por cierto, totalmente ineficaces porque no paramos de vomitar, y estar groguis total, durante todo el viaje. Con decirles que una semana después de haber aterrizado (nunca mejor dicho porque las ganas de tocar tierra eran inenarrables), cuando íbamos a andar por los pasillos aún se bamboleaban. 

Re-P.D.: hacia cuasi una semana que tenía escrita esta recomendación televisiva, y a pocas horas de su envío a don César, voy saliendo de un establecimiento, cercano a mi residencia, y me cruzo con dos tipos que «lucían» una prenda con la leyenda ‘PERSONAL WASHER’ en sus espaldas. ¡Sin comentarios!, bueno sí, uno, ¡Redios!