
Ni lo sé ni me importa lo que pensáis sobre la dignidad, el orgullo, los cojones, la justicia y etc. de términos tan denostados (que no olvidados) hoy en día. Y no, no voy a hablar de nada de la PLANdemia: trataré de un mal endémico que merece ser tratado a parte de toda situación histórica, pues se trata de las relaciones humanas entre víctima y victimario, pero sin Estados, Lobbys, corporaciones y etc. de por medio. Se trata de un 1 contra 1, o un muchos contra 1, pero – en definitiva – de alguien que abusa de otro y ese otro jamás seré yo (y ese alguien, menos).
Nochevieja de 2001. Yo sólo en Venecia (me metí en un autocar, desde Madrid, para recorrer la mitad norte de la Puta Bota, con parada en la Costa azul, obvio) tomando unos vinos blancos, frente al Gran Canal con una mexicana (casi) recién conocida en el autocar (el casi es porque ya nos conocíamos de 4 días antes, pues el autocar fue hasta el Vaticano y luego tiró para el norte. El Papa Juan Pablo II “alias” te quiere todo el mundo, me bendijo en el urbi et orbi, sin yo saberlo de antemano, pero lo hizo, qué cosas.
Verano de 2021. Yo con mi mujer actual (española) en Hediondo Puente de Bellacos. Sojuzgado por mis caseros, con la ley de arrendamientos urbanos de mi parte, pero con mi mujer pusilánime no: lo siguiente. Y eso que la conocí guerrera, pues yo no me caso con cualquiera. Pero el paso de los años (ya van 13 – vaya número – ) juntos, y sus actuales situaciones familiares, la han convertido en presa fácil de los hijos de puta y a mí en un ser inerme y casi inerte, al tener que elegir entre mi dignidad y romperles los cojones a mis caseros o seguir casado. Hasta que no os pasa algo así , no sabréis lo que es, queridos niños. Os doy 1 consejo: vivid siempre solos. Jamás tengáis lazos, ni laborales, ni familiares, ni sentimentales… nada de nada. Todo lo que sea no estar solo será estar sometido a algo y/o alguien, por activa o por pasiva.
En Venecia se suponía que la tropa del autocar pasaríamos unas horas matutinas y luego de vuelta a la parte más gorda de la Puta Bota, donde estaba el hotel, para salir temprano, en año nuevo, para Milán. Yo dije que ni de coña me perdía una nochevieja en Venecia, que ya me las arreglaría para estar en el sitio indicado a la hora establecida; y que si no, siguieran sin mí: no llevaba cosas de valor en la maleta dentro de ese autocar. Mayra, la mexicana, dijo que se quedaba conmigo, ante el asombro de sus amigas y amigos. Y nos quedamos, pues. Venecia no es cara, si sabes buscar bien. Comimos muy bien, paseamos por doquier y al llegar la noche decidimos hacer un alto en un garito cutre frente al Gran Canal (maravilloso inicio de “La muerte en Venecia”, la peli, no el libro, que trata de un maricón pederasta, pues en la peli se aprecia menos esta aberración) muy bien ubicado con vistas al agua desde el interior, una especie de bar de Fast food, pequeño. Pedimos 2 vinos blancos, y el amable camarero nos sugirió que nos saldría más económico pedir una botella de 33 cl. (eso da para 2 copas bien puestas, pero para 4 según la ponen en todos los bares del mundo) así que elegimos la botellita de vino blanco. Nos pusieron una tapa de patatas fritas de bolsa, con eso queda claro el nivel del lugar. Estábamos a gusto los 2, conociéndonos más, haciendo manitas, viendo el Canal y el deambular de las góndolas y demás gilipolleces del lugar. Así que pedimos otra botellita… queríamos hacer algo más de tiempo hasta las campanadas en la Plaza de San Marcos.
El caso es que, tras las segundas copas, ni caso a tanta molicie y decidimos seguir en marcha para buscar una tienda donde comprar unas botellas de espumoso para brindar como Dios manda por el año nuevo, cuando acabara la última campanada y en plan botellón, como los buenos (encontré una tienda maravillosa, por cierto). Pedimos la cuenta y el amable camarero nos dice: 80mil liras. Era año todavía sin euro obligatorio, o sea que 80 mil liras eran 8 mil pesetas. Imaginad: 8 mil calas por menos de una botella de vino (33 más 33= 66. Una botella son 75cl.). 48 euros de ahora… 20 años antes. Bueno… yo me reí al principio por “la confusión” del camarero. Pero qué va, el espagueti de mierda va y señala un mini cartel de la pared con el nombre de nuestras botellitas y el precio de 40 mil liras cada una.
Y se pone a gritarnos, de esa manera asquerosa que sólo saben hacer los espaguetis y me a mí me cabrea a tope. Eran 3 (tal vez 4) los timadores de ese garito. Y yo era 1. Plan perfecto. Yo con 25 años era imparable ante 4 que no fueran con armas de fuego. Peeeeeeeeeeeeeero, y aquí deviene, queridos niños, lo de que estéis siempre solos, toda vuestra puta vida, os lo aseguro… estaba con mi futura novia y ella no quería líos y quería pagar. Discutí un buen rato sobre el timo que nos acababan de hacer, Mayra que lo dejara, yo que me cago en los putos espaguetis de mierda, el camarero llamando a los otros, los otros saliendo, yo diciéndoles a todos que les iba a tirar al canal; Mayra que mejor pagar, yo que a mi no me tima ni Dios que soy español, los camareros agresivos, yo volqué una mesa al grito de “me cago en vuestra puta madre espaguetis de mierda” (sic) para que vieran quien era más agresivo; los timadores que iban a llamar a los caravinieris (o cómo coño se escriban los maderos de la Puta Bota) y yo que irían al puto canal junto a ellos, pero que no les iba a pagar… y al final Mayra pagó, mientras me rogaba que nos fuéramos y yo estaba forcejeando con 2 de los timadores, pero sin golpearles… ¡por estar con la mexicana!
Fue la muerte en Venecia de mi dignidad. Jamás me había pasado antes.
Me vencieron 4 timadores espaguetis. Perdí mi dignidad por culpa de una mujer. A mí no me hubiera importado morir ese día. Sin dignidad no sé vivir, os lo juro. Pero como no iba sólo me afectó y acabé cediendo. Pasamos buenísima noche y etc. y luego año y pico viviendo juntos en Madrid. Pero al final todo aflora y a esta mujer la dignidad se la sudaba y al igual que en Italia dejaron que nos timaran 80 mil liras (le pagué la mitad, aunque no debí hacerlo) con el tiempo se dio cuenta de que yo jamás iba a ganar la pasta que ella pensaba al conocerme, porque yo no me vendo y he dormido muchísimas veces a la intemperie, pudiendo hacerlo en mi chalet de lujo, de haber querido ser un hijo de puta.
Lo de ahora me pilla algo cascado, con 46 palos. Pero yo soy de los que justo antes de palmarla, como me esté sucediendo algo malo, usaré mi último suspiro para tratar de golpear a quien me sojuzga o, por lo menos, insultarle. El miedo es algo que todavía no he sentido, y ya a estas alturas del cuento de mi buena vida, ni lo espero ni lo deseo. Jamás seré un maricón.
Fortuna quiso hacer justicia conmigo al cambiar las liras que me sobraron, en Leganés. La imbécil de la cajera confundió liras con libras, por lo que obtuve 25 mil calas de beneficio, jajjajaa. Eso sí, al pasar el cambio de divisas por el Banco de España, les dieron aviso del error al banco y ellos a mí. El Banco de España… ese que décadas antes fue saqueado por los rojos… me pedía a mí cuentas. Pensé en negarme a devolver el dinero y que empezaran un proceso judicial contra mí, por su error. Pero ya estaba yo yéndome a vivir con Mayra y, obviamente, devolví el dinero. Insisto: jamás tengáis cuitas emocionales con nadie. Sólo así seréis libres, aunque viváis debajo de un pino. La dignidad no tiene precio.
PD: siempre hay una excepción que confirma la regla. Hasta el 2008 fue mi madre, cuando se enteraba de mis batallas, la que me hacía frenar voluntariamente por mi parte… pero cuando se enteraba, que ya procuraba yo fuera pocas veces.
Re-PD: no cedáis, de verdad, queridos niños. Yo hace años que no duermo bien por eso y hoy, por ejemplo, otra noche sin dormir sabiendo que uno de mis caseros duerme a pierna suelta en este mismo edificio donde me están maltratando. He tenido momentos muy jodidos en mi vida, pero jamás he perdido el sueño cuando he obrado con dignidad. Es un infierno vivir sometido, os lo garantizo. No lo hagáis. Más vale calidad que cantidad.











