Le salvé de un atropello que podría haber sido, cuanto menos, grave. Y digo «temporalmente» porque fue causado por la ineptitud de sus papis, o sea, que tarde o temprano tendrá un accidente mortal similar sin que yo esté para salvarle. Fijaos en la foto de cabecera. El atropello fue junto a los coches aparcados, a la altura justo de la flecha. Esto ha acontecido en Cercedilla.

A cuantos padres normales y responsables el narcoestado pederasta español le quita la custodia de sus hijos… y a 2 irresponsables enormes como los de este artículo, por lo menos hoy, no. Si yo fuera «autoridad estatal» les quito la custodia, pues todo está grabado por una cámara de los picolerdos, para recaudar impuestos, en el cruce anterior.
Una vez más, la Providencia ha hecho que yo estuviera en el lugar adecuado, lugar que no era parte de mi ruta de hoy (en la apostilla explico por qué me he desviado, también para salvar de otra desgracia causada por el hombre). El niño (de unos 8 años) iba acompañado por otro infante, una adulta y un adulto. Supongo que serían los padres y ellos los hijos. Iba jugando con un globo, caminando en fila india por la acera de la derecha, que luego sigue a la derecha de los coches aparcados. La mujer iba la última y el menda al principio. Yo detrás, a unos 100 metros, atisbando la jugada. Es una cuesta abajo muy pronunciada, donde los vehículos se embalan.
El viento se ha llevado el globo a la carretera y el nene se ha tirado a por él. Por suerte, sin tráfico en ese instante. Los padres parece que le han reprochado la conducta, pero lejos de reventar el puto globo y darle un sopapo al nene, han seguido andando, esta vez los adultos por delante y el nene jugando con el globito, sin supervisión alguna. Ante soberana temeridad, he acelerado a tope, porque me olía la tragedia, y efectivamente.
En vez de seguir por la acera, estos adultos psicópatas han continuado por la carretera, y cuando les he alcanzado, corriendo, otra vez se le ha escapado el globo y ha ido tras él. Le he gritado a lo bestia:»¡NO, QUIETO!» (cuando grito asusto al miedo), ante lo cual el nene ha parado en seco, al igual que un coche que ha reventado el globo: ¡PUM! (muy simbólico el ruido que gracias a mí he evitado que sea el del atropello del nene). Todo ha pasado en milésimas de segundo. Todos me han mirado y el supuesto padre, con estúpido acento gallego y pusilánime, le ha dicho algo así: «(nombre del nene) te he dicho que el globito nooooo…». Me he situado a su altura y le he espetado, severamente, que no le han atropellado de milagro, que esté pendiente. Anta la cara de subnormal con la que me ha mirado, y como no ha reprendido al nene ni me ha dado las gracias, me he largado porque si le meto la hostia que merece, el problema lo tengo yo.
Con estos adultos es un absoluto milagro que haya vida humana sobre la Tierra.

APOSTILLA
Esta foto es en la misma carretera, 500 metros (aprox.) más arriba. He pasado por ahí, como paso previo a coger un sendero a la montaña – ruta fácil que hago mucho, para hacer ejercicio durante unos 10 km. – Los inútiles que han sofocado el incendio causado por algún hijo de puta, no lo han apagado bien y se ha reavivado justo entre los 2 contenedores; por lo que he llamado a MIS ENEMIGOS los maderos locatis (vulgo policía local) para advertirles. He seguido una media hora por el monte, pero he cambiado mi ruta, cogiendo un sendero de bajada hacia esa zona, para ver si estos inútiles habían ido realmente a sofocar el inicio de incendio (mis adoradas cacofonías). Y después viene lo del nene, en un lugar donde si no es por el contenedor quemado, yo no hubiera estado a esa hora y habría un nene atropellado, quien sabe si mortalmente.