Ayer, 28 de enero, se celebró en el juzgado de lo penal nº 8 de Plaza de Castilla el juicio de faltas 292-08 contra el bar Bonano (Plaza del Humilladero, 4. Madrid)
El denunciante, César Bakken, sufrió el 15 de diciembre de 2007, a la una de la madrugada, una brutal agresión dentro y fuera de este local. Fue agredido en el servicio por dos clientes habituales, sin mediar provocación alguna. Posteriormente el empleado clandestino de seguridad del local (un varón de raza negra, estatura alta y complexión fuerte) agredió y sacó violentamente del bar al denunciante para proseguir con la agresión en la calle, junto a los clientes del servicio, y dos camareros que le amenazaban de muerte mientras estaba siendo agredido. El denunciante logró escapar y cogió un taxi para alejarse del lugar.
La policía judicial no fue al lugar de los hechos a identificar a los denunciados, según declaró en el juicio uno de los falsos acusados. De los seis denunciados, el Juzgado citó a cinco, pero ninguno de ellos estaba en el bar el día de los hechos, ni coincidían con las descripciones de la denuncia (hecho inexplicable debido a que tres de los denunciados son empleados del Bonano y en sus contratos consta que estaban trabajando en dicho bar el día del altercado) y tres de ellos no tienen vinculación laboral con el local. Debido a este error policial, los acusados fueron absueltos de todos los cargos.
El caso no puede abrirse de nuevo, con los verdaderos acusados, porque la denuncia ha prescrito, debido a que han pasado más de seis meses desde que se puso.
La demora se debe a que los Juzgados de Plaza de Castilla se inhibieron, incomprensiblemente, y derivaron a los Juzgados de Leganés. En el camino se perdieron tanto la denuncia como el parte de lesiones.
Debido al esfuerzo hecho por el denunciante, que acudió en seis ocasiones a ambos juzgados, el juicio pudo llevarse a cabo, pero de manera fraudulenta y trece meses después de los hechos.
El resultado es que el bar Bonano ha quedado eximido de toda responsabilidad por los violentos hechos acaecidos en su local y la víctima ha quedado indefensa y con las secuelas de la agresión de por vida (cicatriz en la cara y lesiones internas que tardarán años en curarse).
Lo más rocambolesco del juicio fue que el único de los acusados reales de la denuncia acudió, pero no era parte de los cinco falsos acusados. Es el encargado del bar (varón de raza blanca, estatura media, pelo canoso y complexión delgada) que acudió a la cita judicial pero permaneció fuera del banquillo de los acusados.
Este suceso engrosa la lista de agresiones sin penalizar en bares de Madrid, que ya se han cobrado la vida de varias personas.