Salvo de 1936 (Alzamiento nacional anticomunista) a 1953-4 (bases americanas y entrada en la ONU), la historia sociopolítica española es la de un pueblo cainita, repleto de mendacidad, traición y millones de bolsas con 30 monedas de plata. La situación actual es la mera consecuencia de todo ello, desde el 710, taimada por las falacias de «El Cid», los mercenarios saqueadores Tercios y etc. de falsos mitos como el 1808, donde fueron los Ingleses quienes derrotaron a Napoleón. Valga este buen vídeo, sobre el «Desastre del 98», para disipar dudas sobre mi patria, que sólo tuvo 18 años de verdadera Patria (y fue una guerra fraticida, o sea, que técnicamente ni esa etapa fue buena para la Patria). La inmensa mayoría de españoles son los maestros de Judas Iscariote.
El vídeo no es mío, pero os enlazo uno, postrero, mío sobre el mercenario (y mencionado anteriormente) «Cid».
APOSTILLA
Tal vez se salven figuras míticas como Los Reyes Católicos, Carlos I (y se hizo V en Alemania…) Hernán Cortés, Blas de Lezo, y, de nuevo, Franco y la Legión por la guerra del Rif (y la inestimable alianza con los gabachos) Poco más.
Dentro de mis muchos defectos está lo alambicado de mis artículos. En una ocasión hasta me dijeron que eran anacolutos (no crean el palabro existe aunque, no por ello, deje de seguir sonándome mal). Porque me suelo enredar en miles de vericuetos y dejo para el final lo más esencial, cuando los lectores ya están fatigados y, seguramente, pasan por alto el apoteosis de mis reflexiones. Sirva como alegato, que mi actividad, y afición, juntaletril se inició siendo ya un otoñal muy tardío que pone más voluntad que ingenio.
Trataré de paliar mis endémicas torpezas articulistas relatándoles, en primer lugar, los datos técnicos de la película que les presento hoy. Su director es el gran Rafael Gil y la filmó en el año 1956; cuenta con Paco Rabal de protagonista, junto a ilustres actores patrios como Manolo Morán, Juan Calvo, Rafael Bardem, José Luis Ozores y Antonio Ozores (los dos últimos en unos papeles muy pequeños). Es una especie de cuento de “La Cenicienta” que sirve como excusa para hablar de cine, del mundo del cine. El guion lo firma otro grande, Vicente Escrivá, habitual del director matritense.
Esta cinta se rodó cuatro años más tarde que “Cautivos del mal”, de Vincente Minnelli, generalizada referencia respecto del intramundo cinematográfico y, para mi, la única que merece la pena de ese director. Aunque pueda decirse que tratan el mismo asunto, la cinta de don Rafael es más castiza, más hispana, más cercana; y muestra, con gran claridad, la ilusión y el artificio que es el cine, pero también su potencial como obra de arte.
Al principio de la película se nos presenta un estreno cinematográfico en Madrid. No son gratuitos los homenajes que el director realiza al estupendo José Luis Sáenz de Heredia, que el año anterior había filmado “Historias de la radio”, ni a Jorge Mistral. Veo unas cuantas similitudes entre los concursos radiofónicos de ambas cintas, monitorizados – en las dos ocasiones – por la inconfundible voz y estilo de Bobby Deglané.
La trama, como se explica mucho mejor en manos del señor Gil, prefiero que vean la película y eso que ganan. De todos modos para que se sitúen un poco, indicar que, en un concurso radiofónico intrascendente, se debe elegir a una chica anónima de entre 10.000 concursantes, para que sea agasajada, durante dos semanas, en la capital de España; con vestidos, estancia en hotel de postín, asistencia a eventos, etc. La ganadora resulta ser una maestra de un pueblo extremeño que está impedida y no puede andar. A partir de ahí empiezan los líos y amoríos con un galán cinematográfico en horas bajas.
El gran Manolo Morán, como siempre, está estupendo; en este caso haciendo de agente artístico de Paco Rabal. Rafael Bardem realiza un delicado trabajo como el tío (y la persona que la atiende) de la chica ganadora, interpretado por la suiza Madeleine Fischer. Juan Calvo, el gruñoncete sargento de “Calabuig” de Luis García Berlanga, está soberbio en su deliciosa, simpática y respetuosa parodia del empresario cinematográfico Cesáreo González, quien fue productor de muchas de las mejores películas de los señores Gil y Sáenz de Heredia. Hay una frase suya muy divertida (es a partir de la hora y dos minutos), a raíz de una reunión para tratar de encontrar un desenlace que permita a la protagonista recuperarse de su carencia física. En dicha reunión, sus asesores van exponiendo sus disparatadas ideas, hasta que uno sugiere que la protagonista vaya a Lourdes para curarse de la parálisis en las piernas, a lo que el productor responde airado -¡qué cree usted! que esto es una película de Escrivá dirigida por Rafael Gil- (en esa sencilla frase el director y el guionista se ríen de los atontaos que, simplistamente, los encasillaban por sus cintas de temática religiosa). Paco Rabal está bien en su papel, aunque creo que fue virtud de los grandes directores con los que trabajó (Buñuel, Gil, Sáenz de Heredia), porque sabían embridar cualquier intento de sobreactuación de los actores bajo sus ordenes.
Comentado lo principal sobre la película, quiero compararla con el cine actual. Por temática y elegancia (nada de desnudos gratuitos ni sicalipsis innecesaria) está muy alejada de los cánones actuales. Dudo que un proyecto así, hoy, viese la luz. La verdad es que hace lustros que no voy al cine, porque ya sólo ver los tráiler, de algunas de las cintas que se estrenan hoy en día, me causa espanto. Vista la producción patria y mayoritariamente extranjera, considero que pagar el dineral que cuesta ir a una sala de cine se ha convertido, definitivamente, en algo inextricable para mi.
Tampoco he visto nunca la “aclamada” ceremonia de los premios Goya. Por artículos de mis queridos don César Bakken y don Luys Coleto he visto algunas imágenes del ponzoñoso evento de marras, en el que pululan todo tipo de engendros andantes con unos “vestuarios” (si pudieran tener ese calificativo) infames. Si el de Fuendetodos (Zaragoza) viera el manoseo grotesco que se hace de Él, les iba a dar de hostias hasta en el carné de identidad. Eso sí, todos son muy rojos y muy pedigüeños “por el bien de la cultura”. TANTO SE PREOCUPAN POR LA CULTURA QUE HAN CONSEGUIDO CONVERTIRLA EN UNA CIÉNAGA.
No faltan al evento de marras los políticos rojos de turno (a los peperos les pasan la mano por el lomo de vez en cuando). Todos ellos son tan defensores de la cultura, tan filántropos, tan generosos que, para que les besen las botas, los tienen hiperdopaos con dinero público, vía espurias subvenciones, en un despilfarro sangrante. Pero no contentos con esa felonía, les quitan el IVA a sus mastuerzas y ruinosas producciones, mientras que al populacho, vil e inculto, nos crujen con todo tipo de impuestos, especialmente sobre los alimentos y los consumos más básicos.
Pero es que el paisanaje del cine actual se lo merece todo, son divinos de la muerte, tan cultos, con un conocimiento tan profundo de nuestra historia, tan antifranquistas todos ellos, en fin …
Nunca he visto una gala de entrega de los Premios Nacionales de Cinematografía, que se realizaban en tiempos de Franco, y que concibo como la antesala noble de los Goyas actuales. Pero me atrevo a aventurar que el saber estar de los intervinientes y, dentro del glamour, la austeridad de dichos eventos eran sinónimo de distinción y buen gusto. Por otro lado también estaba la calidad de actores, directores, guionistas, etc., que dotaba a esos premios de un valor notable y que difícilmente puede tener un parangón, con estos tiempos aciagos y de tribulaciones.
Me voy a ir despidiendo con una referencia que sale al principio de la película: se muestra el aula, donde imparte clase la protagonista, y, en ella, hay un crucifijo presidiéndola. Aun recuerdo, de niño, en el pueblo turolense donde nací, como el aula estaba, también, presidida por un crucifijo, acompañado por una imagen del Caudillo. Era una edificación con dos aulas grandes, una para las chicas y otra para los chicos, aunque dentro de ellas estábamos de todas la edades, pero con una única natura: todos eramos hijos del pueblo. Hijos de labradores, ganaderos, pastores, peones para las labores del campo, zapatero, herrero, que formábamos un espléndido núcleo vital de esa España profunda e intemporal. Da tristeza observar como esos pueblos languidecen hoy, reconvertidos en “cementerios” de pensionistas y melancólica sombra de un pasado feraz y lleno de dinamismo.
España es un Estado (de desecho) aconfesional que ha proscrito el crucifijo de las aulas (de la imagen del Generalísimo, ni les cuento). Sin embargo tenemos que observar, con profundo asco, como se corrompe a los niños con pornografía y todas las aberraciones sexuales imaginables; como se toleran, en los comedores escolares, menús especiales para no herir la sensibilidad religiosa de los sarracenos; como se enseña el Islam sin el más mínimo recato; como se realiza un feroz adoctrinamiento histórico y social (por parte de los hijos de perra sociatas, peperos y separratas) para hacer pasar por virtuoso el régimen cleptómano del 78 y las siniestras y esquilmadoras Autonomias; como, en definitiva, se defenestran los contenidos formativos importantes (Historia, Matemáticas, Lengua, etc.), para abotargarles con siniestros contenidos que los aleccionan sobre las virtudes del multiculturalismo; lo espléndida que es una sexología perversa y malintencionada; y de que para luchar contra el “cambio climático” lo mejor es la extinción de la especie humana .
Por desgracia, LA INEXISTENCIA DE UNA ADECUADA FORMACIÓN A LOS NIÑOS Y JÓVENES DE ESPAÑA, SUSTITUIDA POR UNA INFERNAL ASTRACANADA DE IDEOLOGIA PROGRE, LOS MUTILA PARA DESARROLLAR UN PROYECTO PROFESIONAL Y VITAL DIGNO.
En definitiva, la Educación está echada a perder desde hace medio siglo ¿Qué generaciones saldrán con este pútrido sistema actual? ¿Acaso servirá para formar legiones del “perfecto nuevo hombre” que nos redima de nuestros yugos y servidumbres, mientras hace el caldo gordo a las elites globalistas que nos malgobiernan?
Las chorradas que se han evacuado sobre Franco, su régimen y la sociedad de aquellos primorosos años, son materia prima, cuasi inextinguible, para infinidad de comentarios y revisiones sobre la mendacidad e hipocresía de las mismas y de quienes las evacuan.
En estos pútridos diez lustros de “democracia y libertad”, la estupidez inoculada, meticulosamente, en un vulgo emasculado y adocenado ha implantado el dogma de lo libres que somos, de lo bien que vivimos, de cuánto hemos progresado; de que somos la envidia del orbe, etc., etc., etc., ¡para qué seguir!, si ustedes se saben, de sobra, la cantinela.
Sin embargo la realidad es bien distinta, porque si visionamos las películas de los 40, 50, 60 y primeros 70, observaremos en ellas exquisitas actitudes, formas de comportarse, formas de hablar y de vivir que hoy están estigmatizadas, cuando no perseguidas policial y judicialmente. ¡TANTA LIBERTAD, TANTA LIBERTAD! PARA ACABAR VIVIENDO EN UNA ERGÁSTULA BAJO LA BOTA DE UNA TIRANÍA EXPOLIADORA, LIBERTICIDA Y MALCARADA.
En fin, voy a traer a este magnífico blog de don César Bakken perlas del cine franquista, que sin ser políticamente incorrectas (tal vez alguna si) en su momento, o haber tratado asuntos de tanto calado como el glorioso Alzamiento Nacional o la Guerra Civil, hoy ni se podrían realizar, porque hay tanto majadero con capacidad censora por doquier, que dichas obras son, a día de hoy, profundamente transgresoras.
Antes de entrar en materia, quiero realizar un emotivo y justificado recuerdo hacia nuestros Padres y Abuelos, artífices, con su dedicación y sacrificio, de que pudiéramos vivir mejor que Ellos y tener unas expectativas vitales impensables en sus generaciones. Desgraciadamente, sus cuerpos ya reposan en el camposanto y su alma en el cielo (o en otra Dimensión como dice don César) ¡y casi mejor así!, porque si vieran el infame resultado de sus desvelos se volverían apesadumbrados al cajón.
Bueno, volviendo al lio: ¡qué mejor manera de iniciar esta serie de películas neo transgresoras, que con mi paisano Paco Martínez Soria! Les voy a presentar “Don erre que erre”, divertidísima comedia que, analizada con la perspectiva actual y una mirada crítica, ofrece más ásperas reflexiones de las que uno quisiera.
Como siempre que se pregunta: que noticias prefieres ¿las buenas o las malas? Yo soy (creo que como la mayoría) de los que dice las malas. Así que empezaré con la parte menos amable de mi artículo, comentando amargas realidades subyacentes de esta película que resultan hoy lacerantes.
Esta cinta es del año 1970, y la he elegido en color para anticiparme a los gilipollas que dicen aquello de “esa España en blanco y negro” (dicho con el desprecio que destilan esas piaras de miserables del rojerío). En fin, continuo. Año 1970, resulta que, en España, no te saqueaban bajo el concepto del siniestro I.R.P.F. (Impuesto Rendimientos Personas Físicas), ni los autónomos tenían que realizar esas sangrantes declaraciones trimestrales (Modelo 130), ni toda la jungla documental autonómica (Modelo 425, Modelo 415, etc., etc., etc.). NO, no existían ninguno de esos luciferinos impuestos, ni la miriada de declaraciones tributarias de todo pelaje. No me digan que, ya solo por eso, aquella España no se asemeja bastante al paraíso. Imagínense no estar expoliados, como llevamos desde que murió Franco, ni tener que soportar el sufrimiento de observar el criminal y degenerado destino del dinero, que nos roban con repugnante profusión.
Indudablemente la película no trata esta cuestión porque, seguramente, ni en sus más tortuosas y febriles ensoñaciones, pensarían lo que iba a venir después. Haber asimilado, y tolerado, el expolio fiscal, con una pusilanimidad vergorzante, es algo que figurará, ‘ad eternum‘, en el DEBE de nuestras generaciones.
Si mañana Dios me concediese un único deseo sobre el devenir de la patria, LE PEDIRÍA QUE FULMINASE EL EXPOLIO FISCAL QUE LLEVAMOS SUFRIENDO DESDE HACE MEDIO SIGLO (si los contribuyentes recuperásemos, asimismo, el dinero que nos han robado, el éxtasis que tendríamos se sentiría en todos los confines del universo). Porque el 99,99 % de los problemas de España se derivan del dinero robado, vía impositiva, que ha sido el germen de 1.001 corrupciones y crímenes. Como decía aquella añeja canción “sin dinero, no hay rock and roll”. Esa sencilla frase resume una gran verdad, porque todos estos crápulas esquilmadores sociatas y peperos no nos habrían perjudicado tanto, si no hubiese sido por los descomunales recursos económicos malobtenidos con su voracidad tributaria.
Quiero continuar con mi relato incluyendo detalles más concretos, y explícitos, que sí aparecen en la película. Resulta que nuestro protagonista, en esa delirante primera escena, entra en una gasolinera a repostar (que el gasolinero se este fumando un puro al lado del surtidor es ya de nota) y quiere pagar con un billete de mil pesetas; sí, aquellos emblemáticos billetes de 1.000 pesetas de color verde, que tenían en el reverso la imagen del Banco de España y en el anverso la de José Echegaray, y que descontaminizaban la polución de la ciudad, con el flujo de aire que generaban al sacarlos de la billetera. Esos billetes tenían la cualidad de que mil de ellos pesaban un kilo justo (¿alguien se acuerda?); así que a un millón de pesetas se le denominaba coloquialmente “un kilo”.
Hoy con el equivalente a 1.000 pesetas, que son 6 €, vas a la gasolinera y lo único que das es risa y, por supuesto, no llenas el depósito a no ser que tenga la capacidad de un dedal. La cuestión es que nuestro protagonista se ve comprometido porque el precio del carburante es tan económico, que el gasolinero no dispone de cambio para un billete de tanta envergadura; tampoco lo tienen en el bar aledaño; ni los parroquianos que hay en él pueden, entre todos, juntar ese dinero –acaso tenemos aspecto de haber matao a alguien– llega a decir uno de ellos, mientras fuma saludablemente dentro del bar. Así que empieza una disputa sobre la obligatoriedad legal de disponer de cambio, según el tipo de establecimiento en la que se verán inmersos hasta la Guardia Civil (la pongo en mayúscula porque era la de entonces: por parejas, con tricornio y capa, como Dios manda). En fin, hoy en día, que somos muy pocos los que pagamos los repostajes en efectivo, resulta enternecedora esta secuencia.
¡Cuántas cosas se podían hacer entonces, y comprar, con un billete de mil pesetas!, anda, sal de casa, ahora, con 6 € ¡a ver que haces!, y no me digan que actualice el valor del dinero. Háganse trampas al solitario ustedes solos, que yo estoy muy mayor para aguantar chorradas y soy demasiado gruñón para ser indulgente con mentecatos.
Yo fui uno de los majaderos que se creyó la mandanga de que íbamos a tocar el cielo, con la manos, cuando entró el euro, ¡qué estúpido! El caso es que mi querida Esposa ya me lo advirtió, indicándome que el cambio nos iba a perjudicar porque España perdería autonomía económica al carecer de su capacidad en la regulación monetaria; también que subirían los precios (lo que costaba 100 pesetas pasó a costar un euro) con lo que perderíamos poder adquisitivo. ¿Creen que reblé ante argumentos tan sólidos y lúcidos?. Los maños somos tozudos por natura, pero si lo complementas con ser un gruñón mediosordo, el resultado es deplorable. Ni siquiera tuve la inteligencia de tener presente la experiencia; porque cuando nos casamos, a finales de los 80, hicimos el viaje de novios a Francia, país al que repetiríamos tres años después, y no tuvimos ningún tipo de problema con las, ahora, añoradas pesetas. Como un papagayo repetía la argumentación que evacuaba la televisión mañana, tarde y noche: que el euro es una moneda fuerte; que puedes viajar por Europa sin la molestia de cambiar de moneda; etc., etc. Desde el 2002, en que entró el euro, ni viajes al extranjero (en península los imprescindibles), ni estancia en hoteles, ni cenas en restaurantes, ni copas en los bares y, más que nunca, hemos tenido que mirar la cesta de la compra. En definitiva, pocas veces, para lo que se merece mi cabezonería, mi compasiva Esposa me recuerda aquellas disputas. Ver que el cambio de marras sólo nos ha traído empobrecimiento y miseria es algo que me escuece todavía (y por edad creo que mientras viva).
Y no crean que me olvido de los impuestos indirectos (sí, ésos que se cobran por lo que consumimos: energía, alimentación, ropa, agua, teléfono, etc.), porque si pudiéramos tener el privilegio de la fiscalidad franquista nos reiríamos del I.V.A., si tuviera alguna gracia (que no la tiene). La realidad es que los impuestos de aquellos espléndidos años tenían que ver más con la filantropía que con la palabra ‘impuesto’ (que ya ella misma se califica).
Y que decir de las oficinas bancarias, con aquellos casilleros que contenían los diversos modelos, con las operaciones a realizar (ingresos, pagos, depósitos, etc.). Me resulta imposible no evocar, en este punto, una película emblemática para mi, que ya presenté en este magnífico blog del señor Bakken; es, por supuesto, “Atraco a las tres”, con sus operarios bancarios armados con poderosos sellos de caucho. En fin, si no la han visto se la recomiendo entusiástamente (les adjunto un enlace donde visionarla al final del artículo), y si la han visto seguro que recordarán tan entrañable película.
Ahora vas al banco y ni casilleros, ni modelos, ni sellos de caucho golpeando “amablemente” los formularios, ni nadie fumando (y mucho menos el “puro de la paz” en la oficina del director), ni ná de ná. Eso sí, desde que entras, te zahieren con ‘protolocos‘ a cada cual más ridículo: para pagar los recibos sólo atienden de 10 a 11; para sacar dinero tienes que hacerlo con una tarjeta de crédito en el cajero automático; para que te atiendan personalmente tienes que pedir cita -no digo cita previa, porque todas las citas lo son- (las secuelas por no haber hecho una buena E.G.B. son generalizadas y vergonzantes) y, en fin, vayas a lo que vayas, todo son restricciones que asemejan la oficina bancaria más a una nave espacial hiperdigitalizada y deshumanizada, que a lo que debería ser. Y, ¡mucho ojo!, porque como te descuides te dicen que te descargues una aplicación para móvil (estos indoctos, aún no se han enterado que deberían decir para un esmarfon, porque lo que yo tengo sí es un móvil de los veros, que solo vale para hacer llamadas y no permite estos ponzoñosos usos digitales modernos), esas omnipresentes app, con las que martirizan nuestras neuronas en todos los comercios, instituciones y servicios. Si consigues salir medio vivo del carrusel de despropósitos, te rematan con la imposición de un codigo qr, con el que la entidad bancaria busca mejorar la trazabilidad con el cliente (será la del puyazo que te han metido).
Lo de echar las quinielas, ya es sólo apto para nostálgicos irredentos, y lo dejo para otro día (que ya me estoy extendiendo mucho), a no ser que algún osado lector comente algo al respecto, en la muy confiable opción que ofrece este blog.
Hay muchos más detalles, fíjense bien y traten de trasladar, a día de hoy, lo que sucede en la cinta, lo que se dice y como eran, y son, los lugares y el paisanaje que allí salen. Seguro que se sorprenderán ¡verán cuánto hemos “progresado”!. Y si algún hijo de Satanás les comenta algo sobre “ese cine casposo”, sencillamente mándenlo a hacer puñetas.
Dirige esta agradable película el estupendo José Luis Sáenz de Heredia ¡palabras mayores!, a quien tuve el placer de dedicarle una pentalogía hace poco. Comparten protagonismo con don Paco, ilustres del primoroso fondo de armario patrio de aquellos años: el solvente Tomás Blanco, Guillermo Marín, tan habitual en las filmografías del gran Rafael Gil y del director de esta película; Valeriano Andrés ese entrañable comisario soviético en “Embajadores en el infierno”, Alfonso del Real, Manuel Alexandre, Jesús Guzmán, Félix Dafauce, Santiago Rivero, Rafael de Penagos, José María Escuer, Xan das Bolas, Rafael Hernández, etc., como pueden ver un elenco de primerísimo nivel. También sale un rojo, de ésos que se pusieron las botas de hacer películas, ganar dinero y vivir privilegiadamente con Franco; sí, me refiero a esa inmundicia antropomorfa de josé sacristán, ése franquista hasta el 75 y después “homérico luchador por la libertad y la democracia”.
Mari Carmen Prendes ejerce de paciente cónyuge de don Paco y Joséle Román de hija de ambos, con la particularidad de que ha heredado la misma tozudez que su padre.
En fin, no les enredo mas, abro el telón y les invito a disfrutar de una estimulante película franquista. A buen seguro que, durante hora y media, echarán más de una sonrisa y olvidarán los tenebrosos análisis de mi artículo.
Mi dilecto narigudo nos ofrece una balada in crescendo que debería ser referente para todos los contestatarios irredentos disidentes de este país dominado por satánicos psicóticos.
Hace algo más de 1 año, en medio de una charla/chapa autocomplaciente comunista en el parque Pradoluengo (Cercedilla) oímos un glorioso: «¡Viva Franco!» exhortado desde fuera del parque; ante el cual el único ponente de la chapa soltó un infantiloide: «Viva Franco, sí, Battiato». No pongo signos de admiración porque lo dijo sucintamente, como son todos estos neocomunistas podemonguers: gente con horchata en las venas y con odio irracional por neuronas, pero que no trasciende, puesto que «en la calle» son más inofensivos que un cachorro de caniche. Como anécdota os digo que el único ponente era mi antiguo catedrático de la UAM, en CCPP, Carlos Taibo. Cuando me daba clase (1999) era anticomunista y ahora se ha hecho comunista… qué cosas. Tuvimos un vigoroso, y divertido, duelo dialéctico al ser yo el primer «espectador» en hablar con él, micrófono en mano, rodeado por cientos de analfabetos que creen ser rojos y son unos jodidos pijos, pero desarrapados y con necesidad urgente de más de una ducha a la semana…
Os dejo con el tema, que da nombre a un espectacular disco del espolón de galera: «Povera patria» Os recomiendo oír el disco entero y las versiones tanto en espaguetti original como en espenol. Os pongo la espenola y, faltando a mi rigor habitual, no os enlazo las otras, porque – de vez en cuando – es conveniente mandar deberes. Pues eso, moved el culo y buscad la V.O. Y no olvidéis que Battiato no se refería a nuestra patria española, pero este temazo es inherente a cualquier patriota de cualquier país del mundo; pues todos estamos sojuzgados por los mismos satánicos globalistas.
El inicio del celebérrimo discurso televisivo del presidente del Gobierno Arias Navarro lo deja bien claro, pese a que lo diga afligido y no alto: “Españoles, Franco ha muerto”. Noticia en rigurosa primicia mundial. Os recuerdo, queridos niños, que en esa época los únicos medios de comunicación, para todo el orbe, eran la puta tele y la puta radio –casi a tiempo real – y la prensa escrita, al día siguiente de producirse los hechos noticiados. No es baladí este asunto, ojo. La transmisión de la comunicación es clave en toda sociedad letrada e informada. En nuestra actual sociedad mundial iletrada y desinformada, es la descomunicación lo que impera. Han hecho del NODO las noticias de ultimísima hora. Ojo, queridos niños, no me refiero sólo a la carga ideológica y propagandística que soportaba el NODO (Noticiario – Documental) sino a su NULA inmediatez. En 2020 tenemos medios tecnológicos para transmitir noticias a tiempo real, y medios ideológicos-propagandísticos para transmitir noticias hasta antes de que se produzcan y, lo que es peor, para comunicar mentiras. Y, rizando el rizo, seguimos transmitiendo a tiempo real, las mismas mentiras de hace 90 años (sí, desde Berenguer ya han pasado 90 añazos).
¡Actualmente el nodo ha mutado en la NADA! que, por supuesto, no es acrónimo de nada, sino acólito de sí misma: la realidad manipulada, la muerte de la razón, el imperio de la barbarie.
Los ácratas españoles (los únicos habitantes de Espena que seguimos conservando el viejo gentilicio patrio) nos descojonamos mirando a diestra y, sobre todo, a siniestra. Podría escribir “sobretodo”, pues esta prenda de vestir que se pone sobre el traje ordinario es una maravillosa metáfora del embuste y la perfidia en la que nos mantienen ahora los mass-mierda y las instituciones gubernamentales. El rojerío no me interesa, siempre he defendido que los guarros han de estar en las cochiqueras y no ser animales de compañía y, ni mucho menos, amos ni garantes de nada. Ojo, digo que no me interesa como público, como contertulio, como amigo, como ser humano…; pero sí como enemigo sempiterno y demente al que jamás hay que minusvalorar y al que jamás hay que dejar de combatir. Aclaro esto porque este artículo no va dirigido a esta purria de psicópatas analfabetos, sino a la inmensa minoría que sigue dando la matraca, de parabienes, con Francisco Franco. ¿Con quién os dio la matraca constante, el Caudillo, durante 1936-39? ¡Pues con el ENEMIGO! Si se hubiera obcecado en hablaros sólo del Dios cristiano, de Don Pelayo, del 2 de mayo y etc. ¡no habría ni salido de las Islas Canarias, coño! Hubiéramos sino un satélite más de la puta URSS, no lo que fuimos hasta 1975.
No debería hacer falta este artículo, pero veo que hace más falta que nunca. “Manda huevos”, como exclamó en analfabeto pepero que gritó: “¡Viva Honduras!” en El Salvador y ante los máximos organismos políticos y militares del país. ¿Eso no era motivo de fusilamiento? No sois salvadores de nada, salvadoreños. No debería hacer falta porque cualquier estatista sabe que vivir en el pasado es darle carta blanca al enemigo del Estado. Precisamente un enemigo que se ha hecho fuerte, muy fuerte, OBVIANDO SU PASADO. A ver, qué parecéis niños tontos, queridos niños. El comunismo espenol que asola Espena no habla de sí mismo, ni para bien, porque sabe que lo que importa es el presente. Y cuando se remueve el pasado es para que afecte al presente, no para que queramos volver a ese pasado. De ahí que nos expolien y sometan gracias a la Ley de Memoria Histórica (y vamos a flipar, más que vuestro Rey Flipe VI, cuando aprueben la de Memoria Democrática).
Los franquista actuales le están haciendo un flaco favor a la patria, pues aunque los cimientos de un país sean su glorioso pasado, cualquier estructura puede ser destrozada dejando impolutos sus cimientos. Lo mejor que tuvo el Alzamiento fue que removió los putos cimientos de España, que habían sido tan carcomidos que amenazaban ruina inmediata. Francisco Franco, como el mejor y mayor estadista de la historia de España, estará ahora avergonzado de ver lo que hacen sus bienintencionados defensores. Jamás la historiografía puede ser actualidad política, JAMÁS. Salvo en lo que os he explicado que hacen, perfectamente, los rojos: manipular y vilipendiar ese pasado glorioso, ocultar la realidad de su pasado criminal y hacer de ello capa y sayo, y santo y seña para todos los descerebrados iletrados que quieran tener su minuto de gloria terrenal aferrada a la oclocracia que es Espena.
La primera crítica empieza por el hombre del espejo. Por eso, como articulista de ECDE, escribo alto y claro: ¡Basta ya de que Francisco Franco cope este medio! ¡Si ni la COPE lo hace ya (si es que alguna vez lo hizo)! Espena se ha comido hasta la virgulilla de España… ¡y encima el sufijo de la tilde de nuestra Ñ es el del puto ministro PesadIlla, el que está destrozando hasta a Espena! ¿Cómo se puede destrozar algo que está ya destruido? Pues lo hacen… y, mientras tanto, nosotros dando la matraca con Franco, que sólo debería ser un espejo y no un marco. Hay que diferenciar esos conceptos. Franco sería el primero que hubiera desterrado el congojavirus de España, no solo por ser un complot judeomasónico, sino por sentido común, el menos común de los sentidos pero del que siempre hacía gala él. Por eso repito y completo mi sinestesia: ¡hay que escribir alto y claro: Españoles, Franco ha muerto! No significa: “¡Hay que matar a Franco!” o ya que eso es imposible porque fue invicto en vida: “¡Hay que olvidar a Franco!”. No. Simplemente hay que hacer lo que hizo él: defender a España por encima de sus ancestros. Y él, ahora, es nuestro ancestro.
¡Por fin lo he dicho! Qué a gusto me he quedado, ¡coño! Todos deberíais probar a decir lo mismo, si puede ser gritando por el balcón y/o –los que todavía lo tengan –, en mitad del lugar de trabajo. A parte de la satisfacción personal y el alivio mental que supone asumir esta verdad sobre el Caudillo, tu vida puede dar el giro de 180 grados que merece, hacia la felicidad moral y la bonanza laboral; y, por supuesto, el reconocimiento general de tu humanidad, atacando al general. Sí, por fin he dicho lo que todos mis gobernantes, funcionarios y la mayoría del paisanaje espenol sabe y proclama. ¿Cómo he podido estar tan ciego estos 45 años que llevo vivo, en esta dimensión, y creyendo ver la realidad sociopolítica? Ahora entiendo muchas cosas y asumo mis errores y horrores pasados. Pido perdón a todas las víctimas de este dictador cruel y genocida, es decir: pido perdón a todos los que dominan Espena.
Bien, pues una vez asumido eso de Franco, os planteo con franqueza: ¿y ahora qué? A ver, ¿qué cargo público me toca, o qué puesto privado me otorgan? ¿O qué paguita, subvención y similares me corresponden? Por lo menos espero, en el aspecto laboral, recuperar alguno de los trabajos que perdí, uno tras otro, por no haber sabido esta obviedad de la perversidad del Generalísimo. He de recuperar el tiempo perdido, desde reclamar una matrícula de honor en mi licenciatura de Ciencias Políticas, a que me subvencionen varios proyectos de largometraje (precisamente uno inaudito sobre el FRAP que iba a producir el sátrapa comunistas multimillonario de Pedro Costa, que por suerte ya murió y al que llevé a juicio), otros tantos de documental y me editen muchos libros censurados ya en imprenta –amén de 1.001 cuitas más hasta hace 10 años –, todo ello vetado “in extremis” al correr la voz de que yo no admitía lo de la maldad universal de Franco y, encima, soy anticomunista y anti etarra. Luego ya no hizo falta vetarme nada, pues lo que no existe no se puede vetar. Y otra cosa no, pero matar sí que lo hacen de lujo los comunistas. Ahora prefieren matan socialmente, no porque no puedan físicamente como hacían antes, sino porque les da más placer tener víctimas sometidas que pueden ser vejadas constantemente… ¡y esclavizadas para mantener sus vidas y status!
Eso sí… como Franco falleció 7 meses después de mi alumbramiento… uso “fue” y no “es”. ¡Uy, uy, uy…! qué me parece que mi bravuconería me va a dejar todavía peor de lo que estaba. ¿Cómo he podido cometer el fallo de pensar que el Franquismo es algo del pasado? ¡Pero si mi discurso debería haber sido que está más presente que nunca, que es lo que hacen todos, y de lo que viven todos los expoliadores y parásitos de Espena!. ¡Maldita sea! Ahora no sólo sigo teniendo los mismos enemigos que antes, sino que les sumo al resto, a los españoles de verdad que sí ensalzan la etapa franquista como lo que fue: la mejor época de nuestra historia contemporánea, el freno al comunismo en España y a su división fraticida, y el acelerador a nuestra prosperidad socioeconómica y cultural en general.
Bueno… lo estoy arreglando, joder.. ahora que iba a escribir una “fe de erratas” diciendo que el título del artículo es: “Franco es el mayor criminal de la historia universal”. Ya sí que no tiene remedio. Bueno, pues nada. Dejo a todos los gobernantes y funcionarios de Espena que sigan hablando de Franco en presente, que sigan mancillando su memoria, que sigan destrozando la historiografía, que continúen destruyendo España y construyendo Espena; que no cesen en su psicopatía comunista de masacrar todo lo español, que no paren de hacer más fuertes a ETA y al fascismo qatarlán, que los españoles estemos sometidos a la cultura de los inmigrantes y subyugados a su delincuencia, que el feminismo y los lobbys no heterosexuales nos sigan castrando y dando bien por el culo… y, sobre todo, que esta nomenclatura básica de su perversidad y enfermedad mental la sigamos financiando los españoles, los otrora habitantes de un gran país, una de las cunas de la civilización universal, ahora tornados en putas que pagan la cama, reciben palizas y, por no tener, ya no tienen ni libertad de movimientos ni de quejarse.
No me quiero imaginar qué sería de nosotros si esa falacia sobre Franco fuera verdad. ¿Seríamos el Beirut occidental? ¿Y si el Franquismo fue lo que dicen… por qué todo el poder lo tienen los antifranquistas –la mayoría de los cuales tienen mi edad o menos –, y desde hace 45 años… y durante el Régimen vivieron de puta madre en el exilio o en la clandestinidad? ¿Tan imbécil fue Franco que, siendo Satanás, dejó que todos estos construyeran sus “templos cristianos”? ¿Tan idiota lo pintan que ni se dan cuenta de que si él no perdió una sola batalla y estando en clara desventaja militar les ganó fácilmente la última guerra civil… ellos son retrasados mentales severos al haber perdido ante alguien así, como describen? ¿No será que Franco cometió el mayor error histórico de nuestra historia contemporánea, al no exterminar a los comunistas y sus adláteres? No hay mayor síndrome de “Príncipe destronado” que el de los comunistas españoles. ¡Estamos gobernados por adultos infantilizados! ¿Por qué cuando ultrajaron su tumba no llevaron el féretro a un lugar de adoración comunista… del tipo al que tienen Lenin y Mao, pues es Franco, a través de su memoria mancillada quien les mantiene en el lujo y el poder?
Mejor no plantearse nada y esperar a que empiece el jurgol, que eso sí que mola. El árbitro será el cabrón y toda Espena se centrará en eso. Por cierto, fue el Franquismo postrero quien instauró que a los trencillas del jurgol se les llamara por sus 2 apellidos, ya que había uno llamado Ángel Franco e insultarlo podía ser usado para insultar al Caudillo (amén de que, en este primer caso de coincidencia de primer apellido, el asunto estaba caliente por culpa de los etarras y un derbi entre los 2 principales equipos etarras).