
Pensaba titular mi artículo “El silencio”, pero ya Don César, publicó uno mío homónimo, el 4 de diciembre del 2021, así que he decidido cambiarlo, no sé si mejorando el frontispicio de mi artículo, si al menos para distinguirlos.
Comentaba, recientemente, con el señor Bakken Tristán, que me suelo refugiar en este magno Blog suyo, dado el romo panorama mediático y artístico. De todos modos la cabra tira al monte y, en ocasiones, me dejo llevar por cierta flojera mental y trato de ver películas en busca de calidad, o leer algo en los reducidísimos sitios cibernéticos que visito.
Estériles esfuerzos que ahondan en mi tristeza, ya casi endémica, por lo aciagos de estos tiempos de tribulaciones y mediocridad.
Considero que en la actividad intelectual humana debe haber sobre todo: Verdad. Luego, depende del talento del creador, puede generar un resultado glorioso o fallido (con sus lógicos estados intermedios), pero debe existir esta materia matriz para que lo contado/creado sea, al menos, merecedor de nuestro tiempo y dedicación. A diario podemos observar 1.001 ejemplos de la corrupción mediática y creativa, sometida a espurios intereses ideológicos y políticos. Pero estos males vienen de antiguo, con la terrible característica de haberse producido una degeneración geométrica con el paso del tiempo.
En el cine he leído, en varias ocasiones y por actores y directores, el término “obras alimenticias”. Tal parece que las habían hecho, exclusivamente, por cobrar la soldada, aunque imagino que pondrían algo de empeño para no emborronar, en demasía, el prestigio obtenido. ¡Qué tristeza y pobreza de espíritu! Acaso no podían ajustar sus gastos y caprichos, en vez de por mantener su estilo de vida, zaherirnos con bodrios infumables. Porque ninguno que yo conozca que haya utilizado esa expresión eran unos “muertos de hambre”, ¡todo lo contrario! Sin embargo, se enfangaron en trabajos innobles porque no tuvieron la dignidad de estarse quietecicos.
En las sociedad actuales pasa igual: jamás se piensa en dejar de atender lo innecesario/superfluo. Al fin y al cabo siempre existe la posibilidad de incorporar el enésimo impuesto con el que jodernos la vida, para atender el pecunio de unas inútiles garrapatas incapaces de crear algo meritorio.
Hay un aspecto del carácter personal que valoro muchísimo: la economía de medios. Hay dos Personas muy queridas que son ejemplos de ese raro don. Salvando las distancias, porque a Don César no lo conozco tan a fondo, considero que también Él dispone de tan sobresaliente atributo. Porque con unos recursos económicos y medios técnicos muy limitados ha conseguido, con su talento y febril actividad, crear esta arcadia de intelectualidad y creatividad que es el Blog ¡Todo un extraordinario logro!
Porque sus materiales nacen de esa Verdad de la que hablaba al principio. Y si esa llama verdadera y de inspiración no late en su cabeza privilegiada se está quietecico (que es lo que hay que hacer ¡redios!). Pero su ejemplo no es seguido por nadie. Todo es un infernal ruido chapoteando en una inmunda ciénaga de miserables.














