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RAFAEL LÓPEZ: El beso de Judas.

Posted in © RAFAEL LÓPEZ opina on octubre 23, 2024 by César Bakken Tristán

Les traigo una recomendación cinematográfica, la cual ya he mentado en alguna ocasión, en este blog, pero, ahora, para convertirla en protagonista de un artículo. Es la película de don Rafael Gil “El beso de Judas”, del año 1954 con Rafael Rivelles como actor protagonista.

La historia, como podrán intuir la mayoría, es sobre Judas Iscariote y los días desde que se encuentra con Jesús. Resulta un enfoque atípico porque habitualmente, como es lógico, viene centrado en la figura del Nazareno. Desde luego nos ofrece una perspectiva fresca, interesante y lúcida.

No viene a cuento pero ¿conocen ustedes a alguien que se llame Judas?, yo no. Había otro apóstol que se llamaba, también, Judas (Judas Tadeo), sin embargo mi protagonista ha fagocitado cualquier posibilidad de llamar a alguien con su nombre (salvo extravagantes).

La película la pueden ver en el enlace adjunto. No se dejen llevar por la primera impresión y desconfíen al ver todo en caracteres cirílicos (es rusa a mi entender). Les aseguro que es confiable, ustedes denle al botón de puesta en marcha y olvídense de lo demás.

https://m.ok.ru/video/373471644250

Me gusta mucho la interpretación de mi tocayo Rafael Rivelles, y más bien poco Francisco Rabal, sobre todo en su parte final, cuando está encadenado, que es totalmente prescindible en todo.

Y como prefiero que utilicen su tiempo en visionar ésta muy recomendable cinta, me despido reseñando la escena más emotiva para mí: hay un ladronzuelo que sale en un par de ocasiones durante la película. Hacia el final de la cinta, roba a Judas la bolsa con las 30 monedas que le habían pagado por delatar a Jesús. La cuestión es que camino del Calvario, Jesús, caído por el peso de la cruz, mira a ese joven. Después el ladronzuelo va a ver a Judas para devolverle la bolsa con las monedas, reconociendo ser el autor del robo y en un acto de redención absoluta le dice “me miró de una manera” (disculpen sí, como es habitual, no soy literal). Sencillamente genial y de una emotividad de muy difícil parangón.

Disfruten con esta perla del primoroso cine franquista.

RAFAEL LÓPEZ: «La tentación»

Posted in © RAFAEL LÓPEZ opina on octubre 20, 2024 by César Bakken Tristán

Vuelvo a mi muy querido blog de don César para elucubrar sobre la tentación, aunque debería haber escrito la TENTACIÓN.

En la literatura y en el cine (con mucho más bagaje de conocimiento personal en lo segundo, que en lo primero) se ha tratado, con relativa frecuencia, la influencia de la tentación en la voluntad de la persona. Sí nos atenemos a la cita del gran Oscar Wilde “la mejor forma de resistir una tentación es caer en ella”, poco podría escribir más, porque el genial irlandés dejo el asunto zanjado.

Sin embargo, las cosas no son así y todos lo sabemos. La cuestión es el nivel de resistencia a la tentación y quien ofrece más a la misma. Desde siempre se ha considerado que los eremitas, ésos misántropos dedicados a la filosofía, serían – por su condición de renuncia a todo lo mundano – los individuos más resistentes a la tentación. Personalmente difiero de dicha premisa y les explicaré el motivo: recientemente he visto un pequeño trozo de una prometedora película del gran Rafael Gil titulada “Mare Nostrum” del año 1948 con la imponente María Félix. El mismo director trabajaría de nuevo con la actriz, al año siguiente, en la muy recomendable “Una mujer cualquiera”.

En una escena de la primera película mentada (que trato de adjuntar y dejo a la sapiencia del señor Bakken en estas lides cibernéticas la posibilidad de su visualización)

el enamorado, interpretado por Fernando Rey (un actor que pese a su prestigioso bagaje cinematográfico nunca he conseguido verlo como galán, creo que el estupendo actor valenciano Jorge Mistral hubiese sido más resultón), mantiene un dialogo con María Félix que más o menos viene a ser así:

  • FR: – Yo estaría dispuesto a sacrificarme por usted
  • MF: – Morir no es una prueba de amor
  • FR: – ¿Qué más se puede ofrecer que la vida?
  • MF: – Hay un sacrificio mayor, el honor vale más que la vida, la responsabilidad del lugar que se ocupa.
  • MF: – Sólo me convencería alguien que me ofreciese honra y posición, que descendiera a lo más bajo sin perder la voluntad en mi

(disculpen sí las citas no son literales, vean la escena, es a partir de los 2’40», y cerciórense ustedes mismos).

Realmente la cuestión está muy bien planteada porque dar la vida en un acto supremo de sacrificio, de amor, de orgullo, etc., es algo que siempre se valora. Mientras que perder el prestigio, la autoestima, las más profundas convicciones personales, etc., por una tentación implica una repulsa generalizada, no se considera un acto gallardía, sino de cobardía y ausencia de carácter.

Se le atribuye, normalmente, a la tentación forma de mujer (personalmente, creo que existe por igual para ambos sexos) y dejemos que sea así como hilo argumental para el resto de mi artículo. Para empezar no debemos atender al sujeto tentado que resulta cuasi irrelevante en la ecuación, toda vez que es la potencia tentadora de la fémina en cuestión el factor perturbador de la conciencia de un hombre. Aunque la cabeza coadyuve, no seamos tan necios en pensar que sin una anatomía poderosa las tentaciones iban a ser igual. He pensado en un cuarteto de mujeres que creo dan el perfil, todas ellas hispanas (de un lado u otro del charco) que al fin y al cabo cuando hablan se las entiende perfectamente. Son las exhuberantes María Félix, Rita Hayworth, Elsa Aguirre y Charo López (como para gustos los colores, que cada cual elija a otras, si las considera más atractivas).

En fin ya tenemos el factor esencial de la ecuación un súcubo con la embriagadora forma de una mujer de rompe y rasga. Visto desde la barrera estoy convencido que muchos dirán “ésa, conmigo no podría”, cuestión bien distinta es cuando uno es sujeto activo (en este caso quizás tendría más sentido hablar de sujeto pasivo) y tenemos la tentación delante nuestro. Considero que ese místico eremita que, en el fondo, casi nada tiene que perder, sucumbiría mucho antes que un atribulado padre de familia cuyos vínculos conyugales y familiares le impedirían ceder a la tentación, porque sería incapaz de abandonarse de tal manera que perdiese su condición de pater familias; que, al fin y al cabo, es el vínculo que liga al hombre con la eternidad.

Creo que el tema es interesante y demasiado amplio para que este maño gruñón y holgazán siga divagando. Por supuesto existen muchos otros tipos de tentaciones: dinero, posición, reconocimiento, pero convendrán conmigo que resultan mucho menos atractivos (al menos a mí, no me tientan para escribir sobre ellos)

Seguramente muchos pensarán de otra manera (es lo más natural), pero no estoy aquí para mantener una controversia al respecto: doy mi opinión y el que no esté de acuerdo que utilice los comentarios que generosamente ofrece el cómitre que dirige este libérrimo blog.

RAFAEL LÓPEZ: Censura sí, por favor (pero de la buena).

Posted in © RAFAEL LÓPEZ opina on septiembre 3, 2024 by César Bakken Tristán

Realizaba mi primera y, hasta el momento, única incursión en el blog de don Luys Coleto cuando haciendo caso omiso, como es habitual en Él, cambiaba el título que le había propuesto a mi artículo por otro en el que mencionaba la necesidad del (buen) cine. No me causo mayor contrariedad dicha modificación, toda vez que estoy plenamente conforme con el sentido de la misma.

Realizo esta personal remembranza porque, recientemente, ha habido en los basurientos medios generalistas una estéril controversia entre un juez brasileño y el dueño de tuiter. Ya saben “yo no te permito operar en mi cortijo, yo sacaré tus trapos sucios, etc., etc., etc., etc.). En fin, dos seres perfectamente prescindibles sirviendo al mismo amo y cuyo objetivo es tener lobotomizado al vulgo.

En fin, yo lo que quería contarles es sobre la utilidad de la censura (pero de la buena). Les pondré un ejemplo que va como ni pintao: resulta que el cineasta calandino Luis Buñuel, recién aterrizado por tierras mejicanas, andaba buscándose la vida y encontró un Mecenas para el desarrollo de su potencial creativo. El tipo en cuestión no es que fuera un crápula exprimidor de talentos (aunque coadyuvó a colocar a su parienta en buena parte de la filmografía del maño), pero le dijo (más o menos, no se me pongan exquisitos): “Hazme esta película y te financiaré -Los olvidados- ¡ahí es nada! premios de postín y película declarada Patrimonio de la Humanidad.

La película de marras fue “El gran calavera” y las condiciones impuestas es que fuese “comercial”. Desde luego don Luis cumplió el compromiso, lo que le permitió realizar la película que ansiaba. Hago esta reseña porque he visto ambas y la “súper película” con una vez basta, excepto para anatomías resistentes. Sin embargo, “El gran calavera” es una delicia de película que incluyendo muchos detalles “marca de la casa” permite visionados sucesivos, encontrando matices y detalles delicadísimos.

Realizo todo este preámbulo porque han sido innumerables los casos en que la “censura económica” y/o ética/política ha supuesto una notable mejora del producto original. Desde luego no ocurre así con la burda y sectaria incapaz de mejorar nada, pero sí de estropearlo.

Y traigo a colación esta cuestión porque sí alguna vez fuese un megamillonario, de ésos que ha conocido don César, y le fuese a financiar un proyecto artístico le propondría una censura a lo bestia “que lo que hiciese lo pudiesen ver y entender (dentro de lo razonable) mis Hijos”. Sé que es demasiado imaginar para un juntaletras que ha gozado de la generosidad del señor Bakken, siempre indulgente con mis aportaciones al blog y mis “estados emocionales”; pero ¡Redios! que se lo propondría. Cuestión bien distinta es que Él aceptase porque es un ácrata, libérrimo incorregible, pero el NO ya lo tengo ¿verdad?

Como colofón considero que la buena censura es útil para las creaciones artísticas (siempre hay excepciones a toda regla) y los creadores artísticos, limita sus extravagancias, especialmente de aquellos autores que están por encima del bien y del mal, cuyos bodrios no los aguanta ni Dios, pero que tienen a una caterva de serviles (con menos talento que ellos) para hacerles el caldo gordo.

En fin, para un artículo escrito en quince minutos creo ya vale, ¡ahora censúrenme, por favor!

RAFAEL LÓPEZ: Personajes cinematográficos entrañables.

Posted in © RAFAEL LÓPEZ opina on julio 26, 2024 by César Bakken Tristán

Compensaré mi pálida aportación articulista a este magnífico blog con uno nuevo que, naciendo como un comentario a mi querido cómitre, la infamia de la herramienta cibernética en la que se sustenta este magnífico blog, envió al ostracismo con incuria virtual inmerecida.

Durante las últimas semanas, he ido rumiando una idea: a qué personaje cinematográfico me gustaría conocer, tener a mi lado, parecerme, etc. La cuestión no es baladí ni fácil de acotar, porque empieza uno a hacer una lista y comprueba que lo prolija de la misma la convierte en poco recomendable y diríase que hasta estéril. Así que a base de borrar personajes he ido adelgazando mi lista hasta dejarla en dieciséis. Algunos de los egregios integrantes tienen papeles pequeños pero plenos de matices o diálogos estupendos, mientras otros fagocitan la acción de la película como un tirano.

Empiezo con ese entrañable mayordomo llamado Godfrey en la divertidísima “Al servicio de las damas”, un primor de distinción, humanidad y saber estar. El segundo de la lista es un ilustre, conocido gracias a don César, me refiero al señor Bellvedere en la película “Niñera moderna”, un genio con la humildad de alguien útil que ha vivido con honestidad (en sus propias palabras “nunca he sido ni un parásito, ni un vago”). Cambio de registro y me voy al rudo oeste para depositar mi preferencia en un personaje acorde al ambiente donde se desarrolla la acción de la película, me refiero a Buck Wyatt ese áspero y avezado jefe de caravanas que hallará su reto más exigente al tener que llevar a un grupo de mujeres a través de los más inhóspitos parajes estadounidenses. Esas mujeres, que no podían mirar atrás y que le mostrarán su integridad, calidad y valentía, cambiarán, diametralmente, su percepción respecto de ellas. Por supuesto me refiero a la cinta “Caravana de mujeres». Y para cerrar este bloque retomo a una historia urbanita, de nuevo con la estimulante presencia del actor Clifton Webb y su recreación del gran Waldo Lydecker, ese ácido escritor enamorado de “Laura”.

En estos tiempos aciagos cualquier sujeto dedicado al séptimo arte, y con un mínimo de sensibilidad y talento, podría dar parte de su alma por disponer de los diálogos de estos personajes (y de los que vienen a continuación).

Me centraré, a continuación, en el solar patrio que bien podría haber ocupado el primer lugar de mi comentario. Para empezar hay dos personajes de la estupenda “Atraco a las 3” que merecen estar incluidos en esta lista de elegidos, uno es el señor Galindo, magistralmente interpretado por José Luis López Vázquez y el otro don Felipe, ese tierno director de la oficina bancaria. El castizo humor y forma de ser del primero y la sencillez y humanidad del segundo los convierten en merecedores de esta lista de insignes personajes. También Matías, ese sargento gruñoncete de “Calabuig”. Y, cómo no, mentar a ese noble y dedicado maestro, don Anselmo Oñate “Pichirri”, en la emotiva “Historias de la radio”.

Me despido con una película de Buñuel que, aunque mejicana, emparenta perfectamente con el cine patrio, me refiero a la entrañable “El gran calavera” que aporta dos personajes: Ladislao ese alegre vividor y holgazán, a tiempo completo, que se redime a través de la carpintería; y Juan, el mayordomo fiel, al que le gusta desatender sus quehaceres haciendo solitarios con las cartas mientras se fuma los puros y se bebe el coñac de su amo.

Vienen ahora un par de “Cupidos”: el inolvidable y sediento Michaeleen Flynn de “El hombre tranquilo” y el doctor forense del juzgado Mathew Beemish, interpretado por Ray Collins, en la divertida “El solterón y la menor”. ¡Menudo peligro estar soltero al lado de esta pareja!

Me voy despidiendo con los últimos cuatro de mi lista: Stumpy ese entrañable ayudante del sheriff, interpretado por Walter Brenan, en la emblemática película de don Luys Coleto “Rio Bravo”; Carlo Calucci el director de hotel más versátil y solvente que pueda imaginarse en “¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre?”; Schlemmer el subordinado de James Cagney que da taconazos hasta cuando habla por teléfono y que se ve expuesto a todo tipo de extravagancias, atendiendo las ordenes de su jefe, en la hilarante “Uno, dos, tres”.Y, por último, Sir Wilfrid Robarts el orondo abogado de “Testigo de cargo”, interpretado por Charles Laughton, quien, pícaramente, camufla el coñac en el termo del cacao y cuyo acerados diálogos son una delicia.

Tengo que mandar al ostracismo a mi querido capitán Renault de “Casablanca” porque sus sobresalientes virtudes quedan opacadas por ser un mujeriego empedernido. De otro modo hubiese sido parte de un elenco tan sublime.

En fin, todos esos personajes conforman un universo de sensibilidad, gallardía, inteligencia, dignidad, fino humor, elegancia y respeto. Y, sobre todo, no hay en esta pléyade de personajes ni un solo diálogo que pueda ofender a una persona limpia de mente, ni una imagen, en sus actuaciones, que llegue a perturbar la inocencia de un niño.

Rafael López: † En un lugar de España, a 24 de junio del 2024

Posted in © RAFAEL LÓPEZ opina on junio 23, 2024 by César Bakken Tristán

Las profesiones modernas solo generan una desoladora dependencia

Querido don César:

Confío que, al recibo de ésta, usted y los suyos se encuentren bien de salud. Nosotros estamos bien, gracias a Dios (en una carta que, tal vez, vea la luz no puedo ser más explícito, aunque el hecho de estar junticos justifique, más que ampliamente, tal catalogación).

Me dirijo, de nuevo, a usted para realizarle algunas reflexiones, hoy que hace diecinueve años que “aterricé” por estos lares. Ya no soy el recien y enérgico cuarentón de entonces, ni en lo fisico, ni en lo emocional, ni en casi nada. Estoy más viejo, más cansado, más ilustrado (en algunas cosas) y, por supuesto, muchísimo más gruñón.

Pero no quiero hablarle sobre cuitas personales sino sobre sociales, porque si en vez de una carta personal hubiese escrito un artículo para su magnífico blog lo hubiese titulado “La arrogancia de las otoñales generaciones”. Tendemos a observar con mirada severa el devenir de las nuevas generaciones (con la excepciones que toda regla impone), y aunque creo que no faltan motivos para ello, una buena parte de esa degradación social es responsabilidad nuestra, ¡sí la de los cuasi cincuentones, cincuentones veros y recién sesentones, como yo!

Trataré de explicarme más ampliamente para intentar que se me entienda mejor. Nuestros Padres y Abuelos eran o son (para los afortunados que aún puedan contar, físicamente, con Éllos) personas recias y austeras que, sin aspavientos, sacaron adelante a sus familias en unas condiciones de gran necesidad. Bajo los ojos de la “modernidad” seguramente este hito les parezca tan insignificante que no sea ni digno de mención, ni mucho menos de alabanza, pero ¡qué equivocados están!

Porque sacar adelante a la familia, en tiempos en los que se carecía de casi todo, fue una labor TITÁNICA, al alcance sólo de personas de una grandísima calidad. En aquellas economías de cuasi subsistencia eran capaces de, con sus manos, “criar” el pan que se llevaban a la boca. Lo he puesto entre comillas, siendo incluso un verbo inapropiado para el sentido literal de la frase, porque el término engloba las infinitas actividades agrícolas, domésticas y ganaderas capaces de proveer el sustento para la prole, en definitiva criar a los hijos. ¿A ver, quién de sus descendientes seriamos capaces de tanto con los medios que tuvieron Éllos?

Nosotros que, gracias a su esfuerzo y sacrificio, pudimos estudiar, obtener relajados y bien remunerados trabajos; nosotros que en nuestras mesas hemos podido tener manjares, ni siquiera soñados por nuestros ancestros; nosotros que nos moriríamos de hambre, en una coyuntura como las que les toco vivir a Éllos; nosotros somos, en definitiva, unos inútiles engreídos.

Sin embargo nuestros Padres y Abuelos (¡bendito amor paternofilial!) nos vieron como la quintaesencia de todo lo bueno, archivos vivos del conocimiento y la sabiduría. Aún recuerdo, y se me se saltan las lágrimas al hacerlo, a una persona muy querida, ya con cierta edad, hacer operaciones matemáticas básicas (sumas y restas para que nos entendamos) con el objeto de no perder la agilidad matemática; o hacer caligrafía para entregarme después el cuaderno y que lo repasase, porque le preocupaba hacer correctamente las operaciones y escribir bien las palabras, especialmente las que tenían “b” y “v”. Cuando esa persona, y por extensión nuestras Madres y Abuelas, sabía de economía doméstica (y, por ende, de la economía en general) más que los iletrados que ufanamente se arrogan, en estos tiempos aciagos, ser la quintaesencia en esa materia. Y eso, por no hablar de tener EDUCACIÓN, SABER ESTAR y RESPETO (que usted ya me entiende al ponerlo en mayúsculas y no le tengo que dar más explicaciones).

Pero no sólo era ese conocimiento sobre el manejo de un hogar mirando las pesetas; era un sinfín de tareas que realizaban con naturalidad y que para nosotros son ya inexpugnables cimas: cultivar el huerto, hacer el matapuerco, sembrar trigo, saber cómo matar y arreglar un conejo o un pollo, etc., etc., etc., etc.. Justo es el castigo por la vanidad con la que hemos vivido durante tantos lustros, porque hoy comprobamos la feroz mueca del destino al observar, nítidamente, que nuestros Hijos vivirán peor y tendrán menos oportunidades que nosotros. Además ésos vigorosos ángeles de la guarda, que nos dieron todo, ya no están para sacarnos las castañas del fuego. Somos esa nefanda generación incapaz de haber mantenido la llama de ésas inmarcesibles sabidurías, ancestrales y eternas, para aprenderlas, utilizarlas y, finalmente, transmitirlas a nuestros seres más queridos.

Actualmente vivimos la era de la superespecialización, intrínsecamente contraria a la de la autonomía y la versatilidad que tenían nuestros mayores. La primera genera esclavitud y servidumbre, las segundas libertad y dignidad. Les pondré un ejemplo: un matarife hoy, con esa feroz y moderna maquinaria industrial, llega a sacrificar cientos de reses durante su jornada laboral; sin embargo antaño, en todas las casas, nuestros mayores disponían de esos conocimientos y con sencillos utensilios y herramientas eran solventes para proveerse su sustento; no estaban profesionalizados ni maldita la falta que les hacía. Las profesiones modernas solo generan una desoladora dependencia.

Tendemos a observar con justificada mirada crítica a los malnacidos de nuestros malgobernantes y a toda su prole de sicarios y demás alimañas paniaguadas; sin embargo, solemos ser indulgentes con nuestra propia soberbia. Porque sí, existe un halo de fatuidad en nuestras generaciones, el cual nos ha llevado a despreciar los primorosos conocimientos y habilidades de nuestros mayores. En el colmo de los despropósitos nuestros hijos sufrirán por nuestros propios engreimientos al llevar el estigma de la inseguridad, la vulnerabilidad y el abandono de la cultura del esfuerzo.

¿Qué cosas, dignas de mención, somos – o sabemos hacer – los de las generaciones otoñales?

La sociedad de nuestros Padres y Abuelos, en su sobriedad, era tremendamente vigorosa, dinámica, limpia y sana. En las actuales sólo hay decadencia, degeneración y ruina (moral, cultural y económica), ¡que luctuoso último medio siglo!

¡Y cómo pagamos la generosidad que nos brindaron nuestros ancestros! Pues con la más áspera ingratitud: aparcándolos en residencias de ancianos (si, ya sé que es por su bien) u ofreciéndoles la profilaxis de la eutanasia.

Me despido con un fuerte abrazo y, como siempre, mis mejores augurios para Usted y los suyos.

RAFAEL LÓPEZ: Carta a don César, 11 de abril del 2024RAFAEL LÓPEZ:

Posted in © RAFAEL LÓPEZ opina on abril 13, 2024 by César Bakken Tristán
Estela Castillo Ramírez y César Bakken Tristán. En uno de sus 2 viajes de «tirados» a Eivissa y Formentera. Este fue en bici, el otro andando y autostop. Ambos en tienda de campaña. Foto hecha por mí con cámara analógica con cable de autofoto. Año 2005. Joder sí ha llovido, y qué siga lloviendo y que nadie para la lluvia pero que derriben a los aviones de las estelas químicas.

En un lugar de España, a 11 de abril del 2024

Querido don César:

Cojo, después de un semestre, lápiz y papel para escribirle unas letras.

Confío que usted y los suyos se encuentren bien de salud, o lo mejor que se pueda, teniendo en cuenta que, por usted, conozco la gran distancia entre el poder y el querer en esta materia (en general, en casi todas).

De todas maneras la naturaleza humana dispone de una elasticidad cuasi milagrosa, adaptándose a las mermas físicas y emocionales con notable solvencia. Creo que esa flexibilidad es un tormento para los hijos de perra que, con siniestra profusión, tratan de exterminar a la humanidad (o al menos a la parte de ella que, supuestamente, somos el origen de todos los males).

Pero no quiero apartarme de lo esencial con cuitas públicas, sociales o políticas (un auténtico festín en materias primas), para centrarme en lo privado, por algún momento en lo íntimo.

Hay algo en la naturaleza humana que hace que nos preocupemos de cosas mundanas cuanto “todo va bien en casa”, pero que quedan empequeñecidas cuando ese factor no se da. El peor infierno de todos es el doméstico, muy especialmente cuando los vínculos han sido formados durante lustros.

Entrada a la casa actual, de alquiler, que tiene César. Él vive entre meadas de perr@s. Tras medio lustro… no ha podido evitar esto. Y tras muchas peleas y denuncias, encima… por defender su dignidad antes los cerdos.

El desasosiego que generan ésas desavenencias no es comparable a nada. También está el contrapeso que supone la grandeza de superarlas, casi siempre por el amor, que amalgama lo más noble del individuo, y algunas veces por la costumbre (que, en estos casos, lejos de actuar como un factor negativo lo realiza en positivo).

Le informo que he recurrido a un experimento, medir la gravedad de esas desavenencias en centímetos (algún día se lo explicaré en persona, porque no es asunto para dejar constancia por estos lares). Seguramente no es el mejor sistema, pero es que uno no sabe a donde asirse en momentos de tanta tribulación.

Y, en fin, me voy despidiendo sin haber dicho nada, habiéndolo dicho todo (ésas contradicciones que a usted tanto le gustan), con dos temas de primerisimo nivel. Uno, por supuesto, en español, la estupenda Rocio Durcal con su “Costumbres”, del gran compositor mejicano Juan Gabriel y el otro más acorde a sus filias, de las cuales me estoy convirtiendo en devoto, del grupo Ratt con su guitarrista Warren DeMartini. Es un guitarrista quinto mio y lo he elegido en homenaje a los nacidos en los años de gloria ¡Redios! Es el tema “The morning after”

Querido Amigo, hasta no se cuando, pero con la certerza de que lo tengo muy presente en mi día a día y en mis oraciones (sí no a buenas horas estaría escribiendo ésto, jajaja).

RAFAEL LÓPEZ: Octubre

Posted in © RAFAEL LÓPEZ opina on octubre 21, 2023 by César Bakken Tristán

Abordo, en el día de mi sexagésimo cumpleaños (hace 60 años que nací, para los que no hicieron la E.G.B., y es mi 60 restaños, para que me entienda el Tirano), una cuestión que creo muy apropiada: la vejez y la muerte.

Este artículo me ha servido para rememorar el quinto (hoy estoy enfebrecido con los números ordinales), que escribí para el señor Bakken, a mediados de noviembre del 2020, ¡hay que ver como pasa el tiempo!

Por cierto, hablando de como pasa el tiempo, ¿alguien se acuerda de cuando se estudiaban los números cardinales y los ordinales?, no sé sí se seguirán dando, porque, ahora, las horas lectivas se centran en corromper y embrutecer a los niños con porquerías, degeneraciones y majaderías.

Les dejo el enlace del artículo mentado, para los que sientan curiosidad y sean unos holgazanes, como yo:

Sin embargo, modificaré la línea expositiva de mis dos últimos artículos (la Familia y los Hijos), en los que “sentaba cátedra”, eso sí, con la cautela de que mis reflexiones son mías.

Realizo este necesario cambio de registro porque debiendo gozar, todos ellos, de la necesaria amplitud para ofrecer un tratamiento medio digno, en el caso de la vejez y la muerte la casuística individual hace imposible la síntesis en un simple artículo.

Sí les anticipo que existe una cuestión que, siempre, me ha dado que pensar: ¿los años nos hacen mejores, o peores, personas?. Todavía no he encontrado una respuesta, de ahí que el intento por acrisolar una realidad tan compleja, como es la vejez, me haya hecho desistir de toda pretensión. Cada persona es un mundo y tiene una evolución (o involución) vital, por lo que generalizar es errar. Hay quien nace siendo un vinagre, sigue siendo vinagre y muere siendo un vinagre; otros, como los buenos vinos, mejoran con los años (sé que es una analogía algo prosaica – no poética, jajaja – pero, para un vinater como yo, me resulta acogedora); otros con todo a su favor en su infancia y juventud llegan a un punto en el que se malean y se echan a perder; en fin, un sin Dios.

Si nos atenemos a la cita del gran Oscar Wilde “Experiencia es el nombre que damos a nuestras equivocaciones”, el curso vital, en el que perfeccionarse como persona, debería ser un constructivo número de errores. Se podrá, o no, estar de acuerdo con la sentencia de marras, pero lo que nadie puede negar es que se aprende mucho más de ellos, que de las cosas que nos salen de cara.

Para mí, y salvando las diferencias, el trascurrir por las distintas etapas vitales se me asemejan a los cambios de residencia. No me refiero a un mero cambio de casa dentro de la misma ciudad, o pueblo, sino a un cambio de residencia drástico (de un pueblo a una gran ciudad, de la península a una isla, o de un país a otro). Te das cuenta, desde el primer instante, que has de “coger el paso”, que tienes que adaptarte al lugar en cuestión y eso no se hace en un día. En la vida pasa algo parecido, también tienes que coger el paso a los años, pero de una manera natural, sin forzar las cosas, porque devienen grotescos los sujetos que llevan el paso cambiado, moceando cuando peinan canas o esos imberbes que presumen de ser mayores.

Cada ciclo vital tiene sus cosas buenas y otras que no lo son. Hay que valorar y disfrutar de las positivas y llevar con dignidad las negativas. Indudablemente, el paso de los años deja huellas físicas, emocionales, de pensamiento, etc. que nos van cincelando como personas y que, desde mi punto de vista, deben servirnos para enreciar nuestro espíritu y servir de fulminante en la búsqueda de la verdad y la sabiduría.

Pensando en ciertas personas, podría hablar maravillas de la vejez, porque han sido ejemplos vivos de superación personal y de una calidad humana excepcional en dicha etapa vital (en realidad durante toda su vida), pero hay viejos a los que les ocurre todo lo contrario: son seres resentidos y sin amor por nada, ni por nadie (a excepción de ellos mismos).

En fin, sólo puedo decir que mientras hay vida hay esperanza, y que debemos aprovechar todos los años de este tránsito terrenal. Una persona mayor tiene las capacidades, el bagaje vital y una buena parte de sus potencias físicas para hacer muchas cosas buenas en la vida y ése es mi concepto de cómo afrontar esta etapa.

Indisolublemente hilvanado con el asunto de la vejez, está el de la muerte. Poco tengo que añadir a mi artículo de hace tres años (la verdad, es de los que mejor aguanta el paso del tiempo y uno en los que menos correcciones realizaría), simplemente reafirmarme en la dignidad con que debemos enfrentarnos a Ella, reparando – en lo posible – agravios mientras limpiamos nuestra alma de indignidades y pecados.

Cuando era joven veía a los treintenos como personas muy mayores, cuasi como si estuvieran a un paso de la fosa, jejeje. Ahora, ocho lustros más viejo, me remitiré a un párrafo escrito por mi: “Y en esta hora en la que adquieren sentido tantos anhelos sofocados bajo el peso de interminables jornadas de desasosiego, aspereza y desolación”, que ningún lector conseguirá desentrañar, pero que yo entiendo a la perfección (que para eso lo he parido).

Sinceramente me explayaría más, porque los asuntos mencionados lo permiten, pero descartando 2 o 3 seguidores de este blog, que son como manda Dios, el resto sois unos pasmarotes, incluidos el centenar que reciben las andanzas del buen “Sancho” Bakken por telegram, y que también tienen la posibilidad de acceder a los artículos que aquí se presentan. Todos vosotros no merecéis más que mi animadversión, tanto por no comentar los míos, como los muy esforzados y feraces materiales del cómitre, que dirige esta balsa de náufragos. Si hay algo que me enerva es la callada por respuesta y este silencio de muertos, ante contenidos que pueden ser cualquier cosa menos proclives a la indiferencia.

Intuyo que, tal vez, alguien llegue a pensar ¿Quién se ha creído Este?, sí escribe es porque quiere, que luego no se queje y nos eche la bulla. Crítica que acepto gustosa porque es infundada (los maños gruñones sólo nos enfurruñamos cuando nos hacen críticas fundadas, jajaja).

He sido privilegiado con una intensa comunicación con don César. Puedo prescindir, perfectamente, de ver publicados mis materiales en el blog, pero no de ése, cuasi íntimo, carteo con el señor Bakken. Principalmente, porque me ha aportado un mayor conocimiento personal suyo, tan alejado de la imagen que suele proyectar, en la mayoría de sus artículos, a través de ése rocoso lenguaje tan personal. Además, a pesar de “escribir para mí”, me produce un severo hastío la indiferencia de los lectores, que no solo minusvaloran, con su inacción, mis textos, sino, también, el trabajo que se toma César en complementar mis artículos, con imágenes apropiadas y muy apropiadas. Por si no fuesen suficientes las razones mentadas, está el hecho de que a un holgazán como yo, le supone un sacrificio repasar mis frecuentes errores ortográficos, de acentuación y de puntuación, y eso es algo que tampoco merecen los vacuos visitantes de este insigne blog.

Cuando he dicho que “escribo para mi” es porque he mostrado, en buena parte de mis artículos y en los mil y uno comentarios del blog, vivencias, creencias y opiniones personales. No se escribir sin trasladar un posicionamiento propio sobre las cosas, sea en base a mis experiencias vitales como de mis convicciones personales. Debido a ese criterio me resultan, insufriblemente, tediosos los artículos que no enseñan nada, ni se esfuerzan en una crítica fundada y autónoma, generados facilonamente a partir de los 1.001 titulares de todo tipo, que se evacuan hoy en día, con los que seguir idiotizando, aún más, al vulgo. Por eso, ya ni leo prensa, ni veo la televisión y de internet lo justico y de cuatro elegidos (nunca mejor dicho).

Alguien que se tome la molestia de atender los materiales que he creado para este blog, le aseguro que dispone de elementos, más que suficientes, para que si me ve por la calle me diga: ”Rafael, yo te conozco” (y no me refiero al simbólico reconocimiento facial a través de la foto, que la gentileza de César tuvo a bien incorporar al carrusel de imágenes de portada de su blog), porque mis escritos muestran muchas de las facies de mi personalidad, preferencias, convicciones y de mi transitar por la vida.

Cierro, después de tres años, un ciclo, con una destacada deuda hacia don César **Bakken **Tristán, que me ha permitido saborear las mieles de mi actividad juntaletril, alcanzando cotas impensables. También me ha brindado la oportunidad de aprender muchas cosas, comprobar la mendacidad y las miserias que reinan por doquier y conocer interesantes verdades, que habían permanecido ignotas para mí.

La exégesis de este periplo trienal podría ser ésta: Este dipsomaníaco, de discursos anacolutos, ha alcanzado tal nivel de ataraxia que le permite afrontar, sin titubeos, el reto del negro sobre blanco y que la esclavitud de escribir para un Maldito ha tenido unos considerables efectos apotropaicos y sofronizantes, JAJAJA.

Ahora, más en serio, y dado que en la postdata realizaré una recomendación cinematográfica y otra musical, les transcribo unos inspirados versos de la gran Santa Teresa de Jesús:

“Nada te turbe, nada te espante;

todo se pasa, Dios no se muda;

la paciencia todo lo alcanza.

Quien a Dios tiene nada le falta.”

Y me despido definitivamente, porque estafermos con horchata, en vez de sangre en las venas (¡para qué esperar siquiera tinta!), no merecen ni un segundo más de mi tiempo.

Gracias, como siempre, a mi Amigo, ése indómito Cicerone cuya hospitalidad, fidelidad y nobleza le permitirá seguir siendo merecedor de mis atenciones.

Adiós.

P.D.: Para César y ésos 2 o 3 seres con alma les dejo el enlace de una película entrañable (en España se tituló “El asunto del día”), está en versión original y sin subtítulos ¡a lo puro macho!

Re-P.D.: Como no podía ser de otra manera y asumiendo el atrevimiento, al ser el que suscribe un maño medio sordo, les adjunto el enlace donde escuchar el concierto número 4 en fa menor de Antonio Vivaldi, Op. 8, RV 297, titulado “El invierno”, perteneciente a “Las cuatro estaciones”. Para los que tengan prisas por seguir perdiendo el tiempo con memeces, nada; para el resto deléitense, durante 9 minutos y 24 segundos, con los tres movimientos del mismo.

Requete-P.D.: como buen aficionado a los toros, tal vez, mi despedida sea taurina, no descartando volver a los ruedos si la ocasión lo merece, o sí la nostalgia me vence.

RAFAEL LÓPEZ: Septiembre.

Posted in © RAFAEL LÓPEZ opina on septiembre 1, 2023 by César Bakken Tristán

Continuando con el hilo conductor de mi anterior artículo, me referiré, en esta ocasión, al ataque contra la parte más vulnerable de la familia: los hijos.

Aunque no se sea madre o padre (y realizo esta puntualización, de carácter sexual, porque, en este asunto, existe un vínculo maternal, natural y poderoso, insoslayable), cualquier persona con un mínimo de intelecto, humanidad y sentido común, habrá observado las criminales acciones que se vienen cometiendo, desde hace lustros, contra la infancia.

La primera de ellas se produce desde la propia concepción, a través de su asesinato legal, llamado eufemísticamente “interrupción del embarazo”. Esa calificación queda muy aséptica, muy limpia y muy filantrópica pero no lo suficiente como para ocultar que la interrupción de marras es un asesinato en toda regla. Las catervas de cagadas de Satanás (no soy tan indulgente como para concederles el grado de hijos a esta purria antropomorfa “progresista”) regurgitan sus histéricos lemas como el de que la mujer es dueña de su cuerpo y otras memeces por el estilo, tratan de naturalizar dos aberraciones: la primera la deslegitimación de la responsabilidad paterna en la nueva vida y, la segunda y principal, que el asesinato de un inocente nunca debe de ser un método anticonceptivo (que no resulta ser una apreciación correcta, porque la concepción ya se ha materializado). La concepción de un ser humano es algo muy serio y no se puede interrumpir, como cuando das la luz de una estancia -ahora la doy, ahora la quito-, porque supone la destrucción de una vida humana de forma irreversible y sin reemplazo.

Vivimos tiempos oscuros donde las inmaduras y hormonadas relaciones sexuales, sin medidas anticonceptivas, se han generalizado. Esa falta de responsabilidad muestra su más sanguinaria faz cuando se produce el embarazo y se acude a la “inicua” interrupción del mismo (el 60 % de las jóvenes embarazadas, menores de 20 años, aborta y ese porcentaje alcanza el 80 % entre las adolescentes menores de 16 años). Esta actitud pone de manifiesto el respeto que sienten esos fornicadores, sin sesera ni moral, hacia ellos mismos y, muy especialmente, hacia un ser humano inocente de cuya vida son responsables y custodios. Si lo hacen con lo que debería ser su bien más preciado, ¡qué cosas no harán con todo lo demás!

Hay sujetas que llevan múltiples abortos en su falta de conciencia. ¿En qué tipo de repugnante comunidad se educaron para mostrar tan nulo instinto maternal y tal desprecio por la vida de un inocente, que además llevan en su seno? (es una pregunta que no necesita respuesta).

Por otra parte, me producen náuseas que limitadísimas propuestas encaminadas a ofrecer la posibilidad de que las madres escuchen el latido de sus hijos, o verlos en una ecografía de estas modernas, para que puedan repensar la decisión, o no, de abortar, hayan sido extirpadas, cual tumor maligno, por las chusmas roja, tibia, clerical y femihistérica (unos por cobardía mayúscula y los otros por su galopante sectarismo).

Uno de los aspectos más hirientes sobre el aborto es que se ha llegado al paroxismo de que matar, o maltratar, a un animal (seres sintientes según los denomina la estúpida nueva ley de Bienestar Animal, aprobada en marzo del presente año por la caterva de psicópatas que nos expolian y zahieren), tiene más gravamen penal que el asesinato de un ser humano, coadyuvado, para más inri, por quien, por ley natural, debería ser su mayor protectora.

Las cifras de abortos en España son sobrecogedoras. Todos los años, en España, se asesinan a más 100.000 criaturas en el vientre de sus “madrastras”. Siendo esto lo más grave, no hay que menospreciar el infernal y siniestro entramado pro-abortista (clínicas y “matarifes” con título de médico que han convertido el juramento hipocrático en un legajo inmundo de tanto prostituirlo. Centros de atención sanitaria y psicológica para la mujer, asistentes sociales siempre tan vigilantes en el cumplimiento de la criminal agenda de la muerte, etc.), que, nutrido con los impuestos confiscatorios a los que estamos sometidos no tienen reparos, ni escrúpulos, en llevar una vida de opulencia a costa de la vida de los más inocentes (usted puede estar, o no, de acuerdo con el aborto, pero tenga la seguridad de que lo sufraga, al igual que las operaciones de cambio de sexo y una retahíla de más degenerados actos médicos).

Desde que se aprobó la ley del aborto, se han realizado más de dos millones y medio de abortos (2.665.000 según cifras oficiales). En el transcurso de tiempo que usted utilice para leer este artículo se habrá practicado un aborto en España, ¿le parece un dato intrascendente?, el artículo posiblemente lo sea, pero el hecho de matar a un inocente, jamás lo es ni lo será.

Sí despiadado y contra natura es el crimen del aborto, a los niños que nacen les esperan no pocos infiernos en vida. Hace ya unas cuantas semanas (don César se hizo eco en su telegram), vi un repugnante video de una relación pederastica entre un hijo de perra, para quien el averno me parece poco castigo, y una niña. Creo que era ficción, pero en estos casos suelo pensar que la realidad supera, ampliamente, a lo que nos muestran en las vomitivas películas y series televisivas. No eran imágenes aptas para nadie, porque resultan hirientes hasta para un curtido adulto con un mínimo de humanidad, aunque imagino que existen alimañas y degenerados que se lubrifican con semejantes imágenes.

Considero a la pederastia como uno de los mayores crímenes que se pueden cometer y la normalización que se viene llevando a cabo, principalmente a través de toda la escoria mediática, es, si cabe, aún más repugnante.

Observar cómo niños inermes son sodomizados por unos carnuzos que los tratan como meros juguetes sexuales al servicio de sus obscenos deseos, es algo que me produce una repulsión mayúscula. Creo que en la Biblia se menta a Jesús diciendo: “mejor sería que quien haga daño a un niño se ate una piedra de molino al cuello y se tire al mar” (disculpen si no es literal), ¡Poco castigo me parece!

Porque en esta cuestión (y en general, con todo), se trata, en primer lugar, de proteger a nuestros hijos de estos engendros inmundos, para que no tengan ni la ocasión, y en el caso de que ocurran, o intenten, estas aberraciones, pues tratarlos como se merecen, lo mismo que si fueran bombillas (y don César ya me entiende).

Desconozco las causas por las que existen depravados de esta catadura, es algo que, relativamente, me trae sin cuidado. A mí las monsergas de los trastornos psicológicos, las infancias difíciles, etc., en cuestiones de esta naturaleza, me resultan especialmente grotescas y ponzoñosas. Observar, además, los laxos castigos que se aplican a quienes cometen estos crímenes, dice mucho de lo pervertido de la propia legislación penal. Ya anticipo que la prisión permanente revisable me parece una pena excesivamente leve. Creo que la implantación del garrote vil encuentra una de sus mejores justificaciones con alimañas de esta catadura (tanto los que cometen estas aberraciones como aquellos que las alientan y blanquean), porque corromper la inocencia de un niño es algo que no hay especie del reino animal que lo haga.

De cualquier manera, existe un caldo de cultivo que favorece toda la podredumbre moral que padecemos. La universalización de contenidos pornográficos, llevada a cabo por las furcias mediáticas, y la ausencia de toda ética/moral individual y/o social son factores determinantes. Pero el más ignominioso de todos es el adoctrinamiento que se viene realizando, de un tiempo a esta parte, en los colegios, hacia este tipo de prácticas sexuales y otras igual de viciosas.

Mal andábamos en esto de la educación escolar, en primer lugar porque lo que es educar siempre se ha hecho en casa, los chicos deben ir al colegio a instruirse. Lejos de ello, se llevan lustros de un adoctrinamiento taimado en cuestiones ecolojetas y de normalización de un sistema político corrompido, que promueve una locatización de la enseñanza, acorde a las directrices del mentecato de turno que gobierna la Taifa en cuestión. Así, los contenidos en Historia, Geografía, Lengua, etc., quedan mutilados al gusto del sátrapa regional. Sin embargo, lejos de corregir semejantes disparates se ha dado un paso de tuerca más (yo creo que habrán sido una docena, por lo menos), pasando de estos burdos adoctrinamientos a la corrupción de las mentes de los niños para que acepten como algo natural toda clase de degeneraciones sexuales.

Ya, desde aquí, abogo porque los padres puedan disponer de la posibilidad de educar a sus hijos por sus propios medios, sin la obligatoriedad de tener que acudir a esos antros de corrupción, camuflados como centros docentes, donde ni los forman y además les enseñan porquerías.

El intento de normalización del transexualismo, la hipersexualización de las criaturas desde edades tempranísimas y una amplia condescendencia mediática (cine, televisión, etc.), hacia estos comportamientos criminales, han formado un cóctel nauseabundo, cuyo único fin es destruir la inocencia de la infancia.

El resultado final de todo este proceso lo podría resumir, perfectamente, un instructivo video que Don César publicó en su telegram. Es un video de poco más de un minuto, donde inicialmente sale una joven grabándose en grotescos bailes moviendo el culo (perreo, o algo así, creo que lo llaman). La joven debió divulgar en las redes sociales videos suyos de este tipo y por una de aquellas su Padre se enteró. Lejos de mirar para otro lado o tratar, estúpidamente, de “comprender” a su hija, emitió un video sin desperdicio, en el cual la hija pedía perdón por esa falta de respeto hacia ella misma y hacia su Familia. El Padre decía lo buena estudiante que era y, además, que era una buena hija que no necesitaba hacer ésas cosas, porque tal como enfatizaba, al final del video, “las nalgas sólo las enseñan las putas”. ¿Creen que el granítico comportamiento de este Padre resultaba inadecuado o excesivo? Les diré mi opinión: creo que hay pocas maneras de mostrar mejor un cariño tan fraterno, porque en estos aciagos tiempos de miserias y degeneraciones la recia filiación y devoción por la Familia se ha convertido en el último clavo ardiendo al que asirse.

Son patentes las criminales estrategias para desestructurar a la sociedad, siendo especialmente incisivas en el aislamiento del individuo de todo vínculo afectivo y de ahí el empeño en esguazar el más poderoso de todos ellos: la familia. Los ancianos se quedan solos o son un número más de los que, tristemente, comparte soledad en esos centros para morir llamados residencias de ancianos. A los jóvenes y niños se les desorienta, de tal manera, para que no sientan el vigor de los poderosos lazos familiares y así con todo y con todos. Todo ello conforma el núcleo principal del lascivo sueño de estos psicópatas globalistas que, perfectamente programado y ejecutado, impone su sucia y desquiciada ideología: la destrucción del hombre.

De todos modos, afirmo que no sé cuántas Familias, como Dios manda, quedarán después de este envite, pero ésas nunca podrán ser domeñadas por estos hijos de Satanás.

Por no extenderme más, dejo para mejor ocasión una exposición más prolija sobre el secuestro de niños por parte del Estado, llevado a cabo por una piara de súcubos con mando administrativo, para cometer todo tipo de crímenes y felonías. Esta patulea de malnacidos son, nauseabundamente, apoyados por represivos policías de todo pelaje, que arrancan de los brazos de sus padres a los inermes infantes. Desde ese mismo instante esas criaturas se ven sometidas a un infierno burocrático y judicial mucho peor del que conocían y que, en muchas ocasiones, los introduce sin pestañear en el mundo de las drogas y la prostitución. Por supuesto toda esta degradación es aprovechada, con lucrativos resultados, por unas mafias pseudoinstitucionales que han convertido el destrozo de la infancia, de los niños que caen en sus garras, en su modus vivendi.

Y, por no volverme a extender, sólo miento el desasosiego que me produce el terrible aumento en los suicidios de niños y jóvenes, fruto de un entorno social profundamente desquiciado y desnaturalizado, carente de recios referentes vitales y de la alegría de vivir.

Espena, abonada a una decadencia sin parangón y tan puntera en todo lo malo, ha complementado el crimen del aborto con la institucionalización de la corrupción de menores en las aulas. La misma ha sido criminalmente auspiciada por el poder político, siniestramente coadyuvada por los malnacidos responsables de los centros docentes; repugnantemente materializada por agresivos colectivos transexuales e hirientemente tolerada por unos padres emasculados cuya cobarde pasividad les garantiza tener abiertas, de par en par, las puertas del reino de Lucifer.

Todo este magma criminal de corrupción y depravación supone el fúnebre atrio de la destrucción de la familia, la prima ratio de una sociedad sana.

Hasta el mes que viene, sí Dios quiere.

RAFAEL LÓPEZ: Agosto.

Posted in © RAFAEL LÓPEZ opina on agosto 5, 2023 by César Bakken Tristán

Este mes voy a lanzar una diatriba hacia la hipocresía respecto del matrimonio y, por ello, prefiero poner el vendaje antes de la herida indicando que son, exclusivamente, reflexiones personales. Porque, aunque vaya a expresarme con vehemencia y rotundidad, sobre la cuestión, en modo alguno anida en ello una falta de respeto hacia las decisiones y formas de vida, individuales, conyugales y de pareja, de nadie. Quien lo interprete así, allá él.

En éstos atribulados tiempos de degeneración moral, se ha convertido en práctica generalizada la desnaturalización de toda estructura social. Una vez laminados los referentes menos vigorosos, se vienen centrando, en los últimos lustros, en tratar de zaherir el último e inexpugnable baluarte que queda: la familia. Ésos ataques son de muy diversa naturaleza pero, por no extenderme hoy en demasía, me centraré en el socavamiento de la institución del matrimonio, porque, al fin y al cabo, es el casamiento el manantial que hace brotar el nacimiento de una familia, con independencia de que, después, se tengan hijos o no.

La agresión sistemática y voraz que sufre el matrimonio, principalmente a través de la ley del divorcio y la tolerancia hacia pseudo uniones de todo pelaje, a las que se les otorga rango de paridad, resulta ignominiosa.

Como aperitivo indicar la profunda degradación en la propia celebración de las nupcias. Desde hace tiempo, tenemos que observar, atónitos, como se celebran burdas ceremonias homosexuales en las que la ostentación, amplias dosis de parafernalia y una impostura manifiesta suponen el lúgubre contrapunto de lo que es y supone un matrimonio. No menos rechazo me producen esos arrejuntamientos sin celebración alguna, que argumentando sandeces como que el amor va mucho más allá de un mero contrato (ésos indigentes morales degradan el matrimonio al asociarlo a un gris documento de derecho civil), santifican unos temporales amancebamientos hormonales intrascendentes.

No estoy en contra de los matrimonios civiles, porque es una formula muy válida para quienes, sin ser creyentes, desean asumir la responsabilidad de crear un vínculo conyugal. Los que sí me producen una gran repulsión son esos católicos sólo en el día de la boda, ésos que realizan una ceremonia religiosa, exclusivamente, por la apariencia y el esplendor que otorga, no asumiendo las gravísimas responsabilidades morales y personales que lleva implícitas. Y no hace falta que les mencione mi opinión sobre esos segundos casamientos católicos que, tras haber obtenido la muy conveniente disolución matrimonial por parte del tribunal de la Rota, alegan que las primeras nupcias fueron no consumadas (teniendo hijos y llevando, en la mayoría de los casos, un tiempo notable de cohabitación).

Abomino de las uniones civiles o religiosas que prostituyen el significado del matrimonio, no porque se arrejunten y quienes se arrejuntan (que me trae sin cuidado), sino por vampirizar el nombre, los rangos y el sentido de algo noble como es el matrimonio. La profunda decadencia de España se observa, entre otros infinitos aspectos, en cómo se ha admitido un lenguaje profundamente pervertido que califica de matrimonio algo que no lo es y asigna conceptos conyugales, como llamar a dos maricones marido y marido y a dos lesbianas mujer y mujer, profundamente degenerados (que lleguen a autocalificarse estos sujetos como esposos supone, en sí, un caustico escarnio verbal al vinculo conyugal). Son unos auténticos desquiciados quienes usurpan tales categorías, aunque – como siempre – lo son aún más los que han permitido esta perversión legal y lingüística.

Centrándome ahora en los matrimonios, digamos fetén, me resulta tragicómico cuando en alguna película, o en un medio de desinformación, oigo hablar de crisis matrimoniales, porque, en la mayoría de los casos, citan unos periodos de convivencia conyugal que deberían sonrojarles, por lo intrascendente de los mismos. No es que no se pueda vivir con intensidad el matrimonio, estoy convencido de que habrá cónyuges que se conozcan y hayan compartido muchas más vivencias que otros que lleven el doble de tiempo casados, porque no es la antigüedad en la celebración de las nupcias sino la intensidad de lo que acontece después lo realmente importante. Y realizo esta advertencia porque hay matrimonios que duran mucho, pero nunca han dejado de ser dos distantes individualidades.

El argumento de la incompatibilidad de caracteres me parece inmaduro y simplista. En primer lugar, porque un noviazgo debe permitir conocer los aspectos más personales de alguien con quien vas a compartir la vida. No puedo ser condescendiente con los papanatistas argumentos de que lo volcánico de sus caracteres, y/o el descubrimiento de que su cónyuge no ha resultado ser como esperaba, llegue a justificar la separación a los cuatro días. ¿Acaso quienes llevan muchos años casados son amebas que no han experimentado también, en algunos momentos, parecidas cuitas y probablemente a un nivel agravado?, no me respondan, porque era una pregunta retórica.

Rompiendo, ligeramente, el hilo argumental indicar que me resultan ridículos (y soy amable con el calificativo) ésos separados o divorciados, más o menos seniles (mas más que menos) que después de una vida marital bastante amplia dejan a la esposa para liarse con una jovenzana veinte o treinta años menor, balbuceando “que, por primera vez, han encontrado el amor”. Esa vejación hacia la esposa que estuvo lavándole los calzoncillos muchos lustros (posiblemente, también, dándole unos hijos), me resulta especialmente lacerante; porque hay que ser muy miserable para despreciar, de esa manera, a quién tanto se le debe y no concibo otro calificativo para esos mentecatos que el de ser unos perfectos capullos.

Porque, a mi modo de ver, son unos auténticos majaderos quienes pretenden mocear llevando canas (aunque se las tiñan) para “ponerse en el mercado”. Ésa extemporánea “búsqueda del amor” fuera del vínculo conyugal, hilvanada con una renovación completa de vestuario (por supuesto juvenil y ceñido) y de infinitos tratamientos estéticos para disponer de una imagen divina de la muerte, resulta grotesco y de una fatuidad insoportable.

La filiación de los padres hacia los hijos es natural pues son sangre de su sangre, heredando muchos aspectos físicos y del carácter de sus padres, pero esa circunstancia no se da con los esposos. Considero imposible una comunión de caracteres en el matrimonio y me generan no pocas cautelas cuando oigo semejante afirmación en unos cónyuges. Porque fiar la perfección del matrimonio a una coincidencia en aficiones, gustos, carácter, etc., me resulta superficial y hasta inmadura. Indudablemente años de convivencia van cincelando, en la mayor parte de los casos, el carácter y las afinidades de los contrayentes, pero ese es un proceso natural que se da (aunque con menor intensidad) en cualquier relación humana duradera en el tiempo.

Quiero realizar ahora una matización sobre los matrimonios laicos y católicos: sí en uno laico, el cónyuge se debe, a la persona con la que he decido compartir su vida, para entregarse más allá de uno mismo, en el católico ese vínculo es además con Dios. Les aseguro que no es ésta una cuestión baladí, porque el compromiso jurado ­­­­– o prometido –  delante del sacerdote supone una exigencia adicional de entrega y responsabilidad.­

Existen otros sacramentos como el bautismo, la confirmación o la primera comunión que al realizarse, habitualmente cuando uno es pequeño, no se tiene tanta consciencia del acto en sí, pero en el matrimonio no cabe esa discrecionalidad. En mi caso, el matrimonio me ha dotado de una fortaleza interior que no hubiese alcanzado jamás, eliminando miedos e inseguridades que me resultaban inabordables cuando era joven. Sin embargo, como todo en la vida, hay una excepción a ese formidable bagaje de enriquecimiento personal y ésa es, precisamente, el temible infierno que supone enfrentar las severas desavenencias conyugales. Para quienes se toman el matrimonio a la ligera, tal vez, esa posibilidad no les resulte tan hiriente, pero si se ha casado uno con la seriedad que impone tal decisión, ése escenario deviene esguazador.

Considero que el perfeccionamiento del matrimonio permite a los esposos sublimarse como personas. En contra del feroz individualismo y la falta de compromiso actuales, afirmo que el matrimonio no está hecho para pusilánimes, ni para incapaces en asumir una entrega y responsabilidad de primerísimo nivel. Igualmente afirmo que es ésa primorosa conjunción, del respeto y de la virtud teologal de la paciencia, la que permite ir dando los pasos necesarios para que el matrimonio madure de una manera sana y natural. De cualquier manera, como todo lo importante de la vida, se obtienen a cambio de esas férreas determinaciones y sus sacrificios inherentes, hitos vivenciales y emocionales excepcionales.

Podría haber escrito este artículo contra el matrimonio en el mes de septiembre, cuando celebraré, si Dios quiere, mi trigesimocuarto aniversario, pero considero que, al igual que ocurre con el oficio de padre, el de marido es de por vida y, por ello, todos los días son dignos para celebrar las jornadas conyugales de miel y también ¿por qué no? las de hiel.

A mi querida Esposa y a mi Madre.

Hasta el mes que viene, sí Dios quiere

RAFAEL LÓPEZ: Junio.

Posted in © RAFAEL LÓPEZ opina on junio 21, 2023 by César Bakken Tristán

Cuando en abril retomé mi actividad juntaletril percibí, como en tantas ocasiones anteriores, la febril emoción de ver publicados mis artículos en este primoroso rincón cibernético de cultura y libertad. Cinco han sido los relatos míos que han aparecido desde entonces, abordando distintas cuestiones, todas hilvanadas por el invisible hilo de mis vivencias y las consideraciones sobre una sociedad tediosa, asfixiante y depravada.

Como es habitual en mí y aunque sé de sobra que no sirven para nada estas conjunciones astrales, de tipo numérico, caí en la cuenta de que, siguiendo mi reciente pauta creativa, dejaría escritos 6 artículos durante los 6 primeros meses del año. Así que, ni corto ni perezoso, fijé el criterio de que, en lo que quedaba de año, escribiría un artículo por mes, hasta completar la docena. Y para adornar el circulo iré titulando los artículos, empezando por el actual, con el mes de marras. Seguro que cosas parecidas se habrán realizado con anterioridad, pero como no las conozco afirmo mi autonomía en esta decisión.

Para este nuevo empezar voy a recuperar el espíritu de mis antiguas recomendaciones musicales y cinematográficas, machihembrando de alguna manera aquella entrañable etapa de hace dos años (cuando mi antigualla tecnológica de por entonces decidió irse a su casa -el infierno-) con la actual. Creo que unir música con cine aliñado con la lectura del artículo, forman un cóctel artístico-creativo de lo más completo. Además supone una excusa perfecta para que revisione mis pretéritos textos y recomendaciones. Les aseguro que esto último me hace sonrojar y emocionar a partes iguales, pero, en ambos casos, estoy orgulloso, porque lo que no me producen es indiferencia: ése terrible estigma de los tiempos de tribulación que nos ha tocado vivir.

Resulta tan aburrido sumergirse en la monótona nadería de los medios que me reafirmo en mostrar, en la medida de mis posibilidades, relatos que huyan de ese infame escenario. Y sí no tengo nada de interés que contarles, antes dejaré ese mes en blanco y continuaré con la revisión de la biografía de don Raimuno Ráfales Daimiel (tengo que estar preparado, motivo por el cual debo pulirlo en lo más que pueda, aunque sólo sea para liberarlo de mis habituales errores de puntuación y ortográficos), porque prefiero el silencio a zaherirles con un texto indigno.

Seguramente este artículo se publicará para el solsticio de verano. En nuestro hemisferio, tiempo luminoso y de calor, así que la selección será acorde a las fechas.

En el tema musical me he decantado, finalmente, por dos canciones, ambas salidas de la factoría de Emilio Estefan, con composición a cargo de Kike Santander: la primera es del año 1994 titulada “El amor” interpretada por el poderoso dúo patrio Azúcar Moreno. Este tema formó parte de la megaproduccion cinematográfica estadounidense “El especialista” cuyo mejor activo (para mí el único) es precisamente la inclusión de este tema musical y cuyo director es de ésos que no saben que contar y … ◇◇. La segunda, de un lustro después, “Obsesión” interpretada por la estupenda cantante mejicana Ana Gabriel.

Ambos temas evocan amores de intensa emoción, de ésos que incendian la pasión. Musicalmente son de los que hacen mover los pies hasta los muertos y, en fin, que me gustan.

Me ha resultado más complicado elegir una película para la ocasión pero, como un compromiso te obliga a decidir, me he decantado por “En el calor de la noche” del año 1967 con Sidney Poitier y Rod Steiger como actores principales y la dirección de Norman Jewison.

La película también es de mi agrado. Creo que la lucha de caracteres entre personajes con cierto antagonismo, siempre es un argumento que da juego en el ámbito creativo (sí se hace con elegancia y bien hacer). Es más, analizando esta cinta y su traslación a la vida real, considero que, fuera de nuestro ámbito familiar, son precisamente las personas con una afinidad menor las más útiles para evolucionar al brindarnos un aprendizaje sobre las cosas y el mundo que nunca hubiésemos alcanzado. Por otro lado, también, nos permiten nuevos hitos en nuestra capacidad de análisis crítico al tener que contrastar nuestros valores y opiniones con quien no los comparte (entiéndase en su integridad). Por supuesto estoy hablando de personas de calidad, porque los miserables son incapaces de aportar nada de provecho a nadie.

Como no he encontrado la manera de adjuntar un enlace donde visionar la película, les diré que la acción se desarrolla en Sparta una localidad del estado de Missisipi. Es verano, hacer calor, en los campos los negros están recogiendo el algodón y en una sureña y cálida noche sucede un asesinato. El rudo jefe de policía local, poco amigo de los negros, tratará de resolver el crimen para lo que contará, a regañadientes, con la muy estimable colaboración de un inspector de policía que trabaja en el norte y es negro. No es la cuestión racial la que justifica la animadversión entre los personajes (aunque también exista), el verdadero choque de trenes es por los estilos tan distintos de cómo entender y realizar su trabajo. Personalmente me gusta más el personaje que interpreta Rod Steiger, porque se observa una evolución a través del contacto y relación con ese frio, orgulloso y analítico inspector de Filadelfia.

Les diré la escena que más me gusta, es justo al final de la película: Steiger lleva en su coche a Poitier para que coja el tren y consiga, por fin, ir a ver a su madre. Cuando llegan a la estación, antes de que el negro pueda coger su maleta, que va en el asiento de atrás, es Steiger el que se apremia para cogerla Él y llevársela hasta el andén. Ese gesto, esa imposible cortesía noventa minutos antes, del gruñón policía local hacia el negro, acrisola la esencia de lo que había supuesto el conflicto surgido por el encuentro de dos antagonistas. Me gusta mucho esa escena, la calificaría, sin reservas, de primerísimo nivel, de no ser porque el director la degradó con un dialogo final simplista e insulso ¡Redios!, ¡que hubiese dado la posibilidad a los actores de mostrarnos, sin palabras, la intensidad emocional de esa despedida!

Hasta el mes que viene, sí Dios quiere.